andrea.merlos@eluniversal.com.mx ricardo.gomez@eluniversal.com.mxUn fantasma recorre San Lázaro. Es el fantasma del 1 de diciembre de 2006, el recuerdo de un capítulo en la vida política nacional con heridas, sentimientos encontrados, pactos políticos no concretados y una imagen del Congreso entre golpes e insultos, unos por impedir la toma de protesta de Felipe Calderón, y los otros por lograrla a toda costa.
Ruth Zavaleta (PRD), presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara Baja, se dice convencida de que debieron evitar que el presidente Calderón no entrara al salón de plenos para tomar protesta, “pero eso se iba a lograr negociando, con acuerdo, y pues no”.
Recuerda que su coordinador, Javier González Garza, le dijo que se bajara de la tribuna “que no era niña héroe” semi tomada por PAN y PRD, cuando ya era inevitable el ungimiento de Calderón.
Ella siempre esperó un acuerdo, dice. Sin embargo, también tuvo dudas de hacia dónde iba el movimiento de resistencia, lo único seguro es que no querían que la toma de protesta fuera en el salón de plenos. No supe, dice, si de verdad íbamos a negociar o íbamos a una lucha que terminó como terminó: perdiendo.
Considera injusto que la critiquen porque se bajó de la tribuna tomada en el último momento, “porque para algunos yo tenía que darle una cachetada a Jorge Zermeño (panista, ex presidente de la Mesa Directiva) y arrebatarle el bando presidencial a Felipe Calderón”.
Esos días aciagos son recordados por diferentes actores. Entonces, el diputado del PAN, Manuel Minjares, fue el enlace vía telefónica con Los Pinos, a través de Juan Camilo Mouriño, secretario particular del presidente Calderón.
Con Margarita Zavala, esposa del presidente Calderón, las diputadas panistas se mandaban mensajes de apoyo por teléfono celular durante la refriega por la tribuna.
A pesar de que se negoció no meter armas ni objetos que dañaran la integridad de los legisladores, varios recuerdan que el diputado del PAN Óscar Mohamar Dainitin fue quien roció con gas lacrimógeno a varios perredistas en plena pelea campal.
Violeta Lagunes, diputada del PAN por Puebla, es recordada por la imagen en que aventó una lata de refresco y cinco botellas de agua para evitar que el perredista Víctor Varela subiera a la tribuna.
“No me arrepiento”, dice. Rememora que convivió tres días con las perredistas, una incluso le agredió en un seno.
Valentina Batres, del PRD, fue una de las diputadas más aguerridas de esa fracción cuando inició el enfrentamiento a golpes, y a un año reprocha que los senadores del PRD no cumplieron su encomienda de bloquear la entrada del salón ubicado atrás de la Mesa Directiva, por donde ingresó Calderón al recinto parlamentario para tomar protesta.