juan.arvizu@eluniversal.com.mxLos voceros presidenciales van a todas partes con el jefe de Estado y en su cargo se enteran de historias y negociaciones conocidas sólo por sus protagonistas, sin que en México haya una línea que delimite el ámbito de la secrecía obligada y señale el manejo que puede dar un ex funcionario a información privilegiada.
Sin embargo, el hecho de que el ex portavoz Rubén Aguilar Valenzuela, junto con el ex canciller Jorge G. Castañeda hayan publicado La diferencia, un libro testimonial sobre temas del sexenio de Vicente Fox, es considerado por seis voceros de dos presidentes de la República, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, como una novedad propia de estos tiempos.
Se les ha descrito, en sentido figurado, como la caja negra de una navegación en el tiempo, ya que son quienes tienen más contacto con el Presidente de la República.
Entrevistados por EL UNIVERSAL, los ex voceros subrayan diversos ángulos de lo que puede ser nueva veta de información para la opinión pública, a través de relatos de hechos que no caigan en la infidencia, en la carencia de rigor expositivo, lleven autocrítica y respeten las disposiciones legales.
Desde fines de los 80
Otto Granados Roldán, quien colaboró con Salinas desde la campaña presidencial, señala que revelar secretos de Los Pinos “es una novedad dentro de la cultura y la práctica política habituales en México, pero no por eso la debemos descalificar. La iniciativa es interesante”. Quizá preocupe cómo pueda utilizar lo que sabe del Estado un director del Cisen; hay un vacío legal.
José Carreño Carlón, también salinista, habla: “Esta es una expresión de los tiempos, que puede romper tabúes que enmarcaban en el silencio un ejercicio de gobierno”. Los libros de ex voceros son comunes en sociedades democráticas, en las que la discreción es una regla, como también lo es que la información pública debe darse a la sociedad con calidad y cantidad.
A mediados de los 90
Carlos Salomón, primero de cuatro voceros que tuvo el presidente Zedillo: “Bien, cuando se trata de un libro bien escrito, con responsabilidad, que cuida ciertos niveles de confidencialidad, sin desnudar al Estado; es mejor ‘desencriptar’ documentos que beneficiarse en lo personal con chismes en un best seller”. Con La diferencia el grupo de Fox interfiere en el tiempo de Felipe Calderón y pone el riesgo la estabilidad del país.
El también zedillista, Carlos Almada, dice: “Mucho ha cambiado en México, y creo que todos ejercemos el derecho de expresarnos, con el deber de valorar el impacto de sus expresiones. El país es plural, y todas las voces caben dentro de la ley”.
Fernando Lerdo de Tejada comenta: “Como diría Daniel Cosío Villegas: ‘Cada quien su estilo personal de hacer las cosas’. Así que, cuando un funcionario es tan cercano al Presidente y, por ello, conoce aspectos íntimos y confidenciales (proceden las revelaciones no solicitadas) si, y sólo si, las autoriza el ex jefe de Estado”. “Quien gozó de toda la confianza y se comprometió con un proyecto de gobierno, no se vale que incurra en la indiscreción”.
Marco Provencio, último vocero de Zedillo: “Es positivo dar a conocer temas de interés público que se vivieron, pero de manera objetiva, autocrítica, no con apologías. Fuera de eso, lo privado nadie tiene derecho a publicarlo. Sería muy delicado que un presidente no pudiera actuar al pensar que cualquiera que esté a su lado, se ocupa en tomar notas para su best seller posterior”.
La diferencia es que ninguno de los seis ex voceros priístas escribirían sus memorias de Los Pinos.