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4 décadas de guerrilas

Este es un extracto del libro México armado 1943-1981, escrito por Laura Castellanos en coautoría con Alejandro Jiménez. El libro, publicado por Ediciones Era, documenta la línea de continuidad de los movimientos armados en el país, desde el levantamiento de Rubén Jaramillo en 1943, pasando por la actuación de una treintena de guerrillas rurales y urbanas de fines de los 60 y durante los 70, hasta el fin de la Liga Comunista 23 de Septiembre en 1981
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LAURA CASTELLANOS Y ALEJANDRO JIMÉNEZ
El Universal
Domingo 25 de noviembre de 2007

El 16 de marzo de 1971, tres meses después de la toma de posesión de Luis Echeverría, México despertó con una noticia que en EL UNIVERSAL mereció las ocho columnas: “GUERRILLEROS”, decían los titulares.

Las fotografías de los detenidos —entre éstos, tres mujeres— mostraban rostros de desaliento y temor. Habían sido torturados y tenían un mes incomunicados. Se trataba de parte de la dirigencia del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) que había sido capturada tras realizar su primer asalto al Banco de Comercio de Morelia el 18 de diciembre de 1970. La noticia de su entrenamiento militar en Corea del Norte sacudió a la clase política y económica en el poder.

Este grupo se gestó al calor del movimiento estudiantil michoacano, fue alimentado por la Primera Conferencia Tricontinental en Cuba en 1966 y vio la luz en Moscú. Desde mediados de los 60, más de un centenar de jóvenes comunistas habían pisado el Instituto de Intercambio Cultural Mexicano-Ruso, en la colonia Roma de la ciudad de México, para pedir una beca y asistir a la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, con sede en Moscú, llamada así en honor del primer ministro de la República Democrática del Congo asesinado en 1961. Otros llegaron por intermediación del Partido Comunista Mexicano (PCM). Fieles a la línea del partido, seguidores de los clásicos marxista-leninistas, cruzaban el océano para estudiar en el país que encabezó la primera revolución proletaria, el primero que, bajo la dirección de Vladimir Ilich Lenin, había emprendido la construcción de un régimen socialista.

Estudiaban economía, química, cine, letras, filosofía, y seguían con interés los acontecimientos de la imperante guerra fría, discutían con vehemencia acerca de la escisión entre China y la Unión Soviética, de la Revolución Cubana, la guerra de Corea, la invasión estadounidense a Vietnam. No se metían en el espinoso asunto de criticar las actitudes totalitarias y burocráticas de sus anfitriones —razón por la cual habían sido aplacados o expulsados estudiantes de Indonesia y Honduras—, porque, pensaban, el Estado soviético, con todo y sus errores, era la contraparte del capitalismo decadente.

Un grupo becario en particular —integrado por Fabricio Gómez Souza, Camilo Estrada, Alejandro López Murillo, Martha Maldonado y Salvador Castañeda— fue más allá y debatió sus propios planteamientos. Daban por hecho que se vivía la debacle del capitalismo y del Estado mexicano, abrazaban los pensamientos revolucionarios marxista-leninistas, compartían la experiencia inspiradora de los cubanos, argelinos y de los tupamaros de Uruguay, y la posibilidad de que focos guerrilleros en el campo y ciudades mexicanas generaran una alianza campesina y obrera que integrara un ejército popular capaz de derrocar al capitalismo.

Pero estaban en el lugar equivocado. El Estado soviético no ponía énfasis en la vía revolucionaria. Asumía la tesis estalinista que argumentaba que la caída del capitalismo en algún momento crearía condiciones para que el proletariado provocara el tránsito pacífico al socialismo. La gran parte de jóvenes con beca eran incondicionales a la línea del PCM que se apegaba a la soviética. Pero el inquieto grupo, cuidándose de sus paisanos y del Estado soviético, sin poder moverse sin visa más allá de 50 kilómetros a la redonda, decidió solicitar apoyo a otro país del bloque socialista para fundar su grupo guerrillero.

El camino a Pyongyang

Sus planes fueron elaborados con sigilo en suelo moscovita. Solicitaron entrenamiento militar a las embajadas de Vietnam, Argelia, China y Cuba, vivos ejemplos de la lucha guerrillera. La respuesta fue un no categórico (1). Pero en la embajada de Corea del Norte hallaron eco. El pueblo coreano dividido por la guerra fría había padecido una guerra brutal en la que hubo casi 2 millones de bajas a principios de los 50. Para fines de los 60 Corea del Norte estaba en considerable recuperación, vivía fuertemente militarizada, con un arraigado nacionalismo y seguía realizando algunas acciones defensivas y ofensivas contra Corea del Sur.

Finalmente, 60 jóvenes fueron reclutados en México y trasladados en tres contingentes hacia una base militar norcoreana cerca de Pyongyang. Algunos gastos corrieron a cargo del gobierno norcoreano, otros muchachos solventaron los propios. Cada grupo fue entrenado un promedio de seis meses durante enero de 1969 y octubre de 1970. Algunos pertenecían a la Liga Leninista Espartaco, escisión radical del PCM, y la gran mayoría había militado en el movimiento estudiantil de la Universidad Nicolaíta en Michoacán.

A mediados de los 60, escribió Aurelio Cuevas, la Universidad Michoacana fue “el foco de irradiación” de la inconformidad estudiantil en el país. En 1962 el movimiento estudiantil trató de impedir la destitución del prestigiado filósofo Eli de Gortari como rector, con el saldo de un estudiante muerto. Un año más tarde rompía el control corporativo priísta sobre las escuelas para crear la CNED, en donde confluyó la juventud comunista que demandó libertad política y un sistema educativo autónomo y con recursos suficientes. En 1966 salió a la calle para exigir que no subiera de precio el transporte público en Morelia, con el saldo de otro estudiante muerto y la toma militar de la ciudad y del antiguo Colegio de San Nicolás.

El espíritu de la Revolución Cubana prendió en tierras de Cárdenas, pero la gota que derramó el vaso, recuerda Rogelio Raya, fue el 68:

“Nosotros empezamos a hacer críticas al partido, había compañeros que se habían metido grueso al movimiento estudiantil. Aquí en Morelia vinieron varias veces compañeros de la dirección nacional, yo creo que eso hicieron en todo el país, tratando de convencernos de que la línea del partido había sido la correcta y que no nos aceleráramos. Aquí vino Arturo Martínez Nateras, Arnoldo Martínez Verdugo, Leonel Posadas, Antulio Ramírez, vinieron los meros gallazos del PCM (2)”.

No los convencieron. En 1969 Michoacán ponía su cuota de militantes para la creación del MAR.

El campamento

Otros hombres y mujeres fueron reclutados en la ciudad de México, Oaxaca, Chihuahua, Monterrey y Veracruz. El campamento, ubicado en plena sierra norcoreana, era un conjunto de cabañas con capacidad para 10 personas. Aprendieron cuestiones básicas de defensa personal, uso de armas, prácticas de tiro con mortero, bazuca, uso de explosivos y radiotelefonía. El trajín empezaba temprano en el campamento. Recuerda Rogelio Raya:

“A las 5:45 de la mañana sonaba el timbre y en 10 minutos debíamos estar con uniforme, botas, mochila, para la formación de pelotones. Empezábamos el ejercicio matutino a las 6:00 de la mañana. Consistía en ir a correr 30 o 40 minutos y después hacíamos ejercicio en la cancha de futbol, a las 7:30 nos bañábamos y alistábamos para la revisión, todo debía estar en regla. Desayunábamos y nos íbamos a las aulas donde enseñaban clases de historia, generalmente de Corea.

“Había instructores y traductores, otros nos daban clases de táctica en mapa, en las prácticas de campo nos organizábamos en emboscadas y en cada escuadra se determinaba quién la diseñara. Para esto participaban los soldados coreanos que fungían como nuestros enemigos a los que teníamos que tender la emboscada.

“Comíamos a las dos de la tarde y nos daban una hora de siesta. En la tarde proseguían las mismas actividades teóricas en el aula y prácticas fuera. Las actividades en la noche terminaban a las 8:00. Los sábados en la tarde era un poco más flojo y el domingo nos dejaban andar por ahí (3)”.

En noviembre de 1970 mujeres y hombres del grupo ya estaban en México. Fueron divididos en cuatro áreas: reclutamiento, educación político-militar, expropiación y exploración, y distribuidos en diferentes partes del país. En Xalapa, Toluca, Salamanca, Guadalajara y Acapulco establecieron escuelas de entrenamiento. El MAR entró en acción el 18 de diciembre de 1970 al “expropiar” más de un millón de dólares del Banco de Comercio de Morelia. Dos meses después recibió su primer golpe al ser detenida la tercera parte del grupo que fue a Corea del Norte a raíz de las sospechas que despertó la escuela de Xalapa entre los vecinos (uno era policía).

El 15 de marzo de 1971, un mes después de la aprehensión de las tres mujeres y los 16 hombres, se hizo pública la noticia. Gómez Souza, maestro veracruzano, sindicalista, fue señalado por la prensa como uno de los principales dirigentes. La estancia en Moscú de la dirección del MAR y su entrenamiento en Corea del Norte provocaron un escándalo diplomático internacional sin precedentes en México. Corea del Sur aprovechó la tormenta y filtró información a la prensa nacional en la cual afirmaba que en el campamento donde fue entrenado el MAR había 7 mil guerrilleros procedentes de diversos países latinoamericanos. Culparon a norcoreanos, chinos y rusos de un complot e hicieron cómplice a la Juventud Comunista Mexicana.

El 17 de marzo, Echeverría declaró indignado a la prensa: “Partamos de este principio: de que México no crea problemas; que viene a ser agredido ahora, cuando ha proclamado que quiere una convivencia recíprocamente respetuosa y pacífica para que el intercambio cultural y los negocios no se entorpezcan”. Un día después, sin mediar explicación alguna, fueron expulsados varios pasmados funcionarios soviéticos: Dimitri A. Diakonov, encargado de negocios entre ambos países; Boris Boskoboinikov y Oleg M. Netchiporenko, segundos secretarios y el también funcionario de la embajada Alesandre Bolchakov.

El gobierno soviético manifestó sorpresa; los dirigentes comunistas chilenos e italianos acusaron a la CIA de una “confabulación antisoviética”, y la revista Selecciones del Reader’s Digest publicó un relato espectacular en el que hablaba de una conspiración de la KGB, la policía secreta soviética, en tierras mexicanas. Los intelectuales mexicanos responsabilizaron a la extrema derecha o a la izquierda internacional y se publicaron cantidad de desplegados de apoyo a Echeverría. No les era creíble, relata Raya, que se había tratado de un plan audaz e ingenuo por parte de un grupo de estudiantes mexicanos.

Cuatro de los procesados obtuvieron la libertad bajo fianza. El resto fue acusado de los delitos de conspiración, incitación a la rebelión, asociación delictuosa, acopio de armas, robo con violencia, homicidio y falsificación de documentos. Había sido aprehendida la sección de educación político-militar. Las otras áreas seguían intactas y continuaron actuando sin reivindicar el nombre de la organización. La policía difundió la foto de siete sospechosos de pertenecer al MAR; entre ellos apareció el rostro de Martha Maldonado, fundadora de la organización e hija del ex gobernador de Baja California, Braulio Maldonado. El 9 de junio de 1971 fueron detenidos otros tres integrantes que habían sido becarios de Moscú: José Candelario Pacheco, J. de Jesús Pérez y Pedro Leyva. El día siguiente era jueves.



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