jorge.ochoa@eluniversal.com.mxDebilitado, a los apoyos que le brindan solamente los gobiernos de Chiapas y del Distrito Federal el auto proclamado ‘gobierno legítimo’ de Andrés Manuel López Obrador cumple su primer año en medio de la incertidumbre.
Entre una especie de cruzada bíblica por más de mil municipios, su líder ha recorrido el territorio nacional sin un real apoyo de los partidos y dirigentes que hicieron su profesión de fe hace un año.
En mayo pasado, al cumplirse medio año de creada la Convención Nacional Democrática, que corona los esfuerzos de AMLO como ‘legitimo’ triunfador de los comicios del 2 de julio del 2006, Mario Saucedo, líder de la corriente Movimiento Cívico del PRD, resumió la situación:
Es lamentable que esta “importante y excelente iniciativa”, la CND, no se haya podido concretar en los estados. “La Convención se redujo a lo del 16 de septiembre y a algunos esfuerzos locales, a luchas de resistencia aisladas, con poco efecto”.
Reprochó que los principales líderes del PRD en el país, estuvieran más preocupados por las coyunturas electorales, que por la lucha de resistencia ante el fraude electoral perpetrado en la elección presidencial.
En los hechos, en menos de un año la figura de AMLO se debilitó aceleradamente y llegó a un punto crítico luego de su confrontación con la diputada Ruth Zavaleta, que lo llevó a extremos de misoginia.
Otro de los grandes fracasos del lopezobradorismo, fue tratar de imponer una candidatura, la de Ana Rosa Payán, y luego criticar a su partido por esa incongruencia, hasta que el propio secretario general del PRD lo descobijó:
Guadalupe Acosta declaró en febrero: “…quien nos dijo que deberíamos ir con Ana Rosa si no iba el Panal se llama Andrés Manuel López Obrador, y lo digo aquí y no lo ando escondiendo. Y quien nos mandó decir que siempre no, se llama igual: Andrés Manuel López Obrador”.
Quizá el único gran logro del lopezobradorismo es la remoción de todos los consejeros del IFE e impulsar reformas constitucionales y al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe).
Sin embargo, paradójicamente todas esas reformas fueron logradas principalmente por esa corriente del Partido de la Revolución Democrática a los que sus seguidores tildan de “colaboracionista” con el régimen de Felipe Calderón, Nueva Izquierda.
Hasta los recursos destinados a su gobierno legítimo han disminuido: depende de los diezmos de diputados y senadores, de la buena voluntad de algunos gobernadores y del cada vez más raquítico apoyo de la sociedad.
En la segunda Asamblea de la Convención Nacional Democrática se destinaron 4 millones de pesos, 3 de los cuales fueron para spots de radio y televisión. En la tercera serán 3 millones y sólo 1.5 millones para difusión del evento.
Se proponía crear una estructura nacional con 2 mil 445 comisiones municipales; 32 comisiones estatales y una comisión operativa nacional de la Convención Nacional Democrática. Hoy dicha estructura es inexistente.
En cuestión de transparencia, López Obrador también ha fracasado. Octavio Romero, Alberto Pérez Mendoza y Francisco Yee no han respondido cuál fue el destino de casi 400 millones de pesos que se les entregaron para integrar la estructura electoral y promover el voto en todo el país en favor de Andrés Manuel López Obrador.
Hasta los objetivos han cambiado: en la segunda asamblea se solidarizaron con las movilizaciones contra la ley de medios, la Ley del ISSSTE y el acelerado deterioro de la economía popular.
Ahora las consignas son contra el alza de precios y los intentos de privatización del sector energético. El movimiento no ha logrado consistencia ni respaldo social. Andrés Manuel López Obrador ha tenido fricciones hasta con los líderes de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT).
El balance es negativo y bastante incierto para López Obrador, pues los mismos miembros de la CND ya no lo ven como candidato para el 2012 y ahora surgen las figuras de Marcelo Ebrard, Leonel Godoy, Lázaro Cárdenas, entre otros.
Su posición de rupturista fue también cuestionada por politólogos como Luis Villoro, José Fernández Santillán, José Woldenberg y Agustín Basave, quienes se pronunciaron por mantener en México la vía institucional como forma de lucha de los partidos de izquierda para acceder al poder.
Ahora el Frente Amplio Progresista (FAP) pretende reaglutinarse en torno a su figura, pero bajo la advertencia de que la candidatura para el 2012 no está resuelta.