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Académico con perfil negociador

Militante del PRI, ha sido voz central de la autoridad en conflictos estudiantiles. Llega al máximo cargo tras aspirar cinco veces
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TEXTONURIT MARTÍNEZ
El Universal
Miércoles 14 de noviembre de 2007

nurit.martinez@eluniversal.com.mx

Nunca hay quinto malo y para José Narro Robles, el cinco es el número que lo acompaña: se ha presentado en cinco ocasiones ante la Junta de Gobierno para ser designado a algún cargo universitario; será el quinto médico elegido rector de la UNAM desde 1945, y son cinco también los kilómetros que corre a diario para mantener su salud y enfrentar las maratónicas jornadas de trabajo.

A sus 59 años, Narro Robles, nacido en Saltillo, Coahuila, y quien desde anoche fue designado rector por la Junta de Gobierno para el periodo 2007-2011 que inicia el próximo 20 de noviembre, es reconocido por su capacidad política.

Su militancia en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), del que llegó a presidir la Fundación Mexicana Cambio Siglo XXI, le valió que en el proceso de consulta de los aspirantes a rectoría, uno de sus adversarios dijera que su “campaña” tomaba “tonos priístas”.

Dentro de la Universidad ha sido protagonista de los dos últimos conflictos estudiantiles (1986 y 1999), como voz central de las autoridades para coordinar soluciones y salidas a las reformas universitarias. “Dialoga con todos los sectores de la Universidad”, le reconocen sus seguidores.

Y aún recuerdan la imagen de Narro Robles en aquel Congreso Universitario de 1990, en la mesa de discusión de reforma a la Ley Orgánica de la Universidad, cuando el pleno desechó diseñar una propuesta que cambiara la actual estructura universitaria. Las fotografías muestran una gran sonrisa y una gran señal de júbilo.

Sin embargo, para los expertos en estudios de la Universidad, en la máxima casa de estudios hay temas pendientes como las evaluaciones a la calidad académica, el ingreso de estudiantes y su permanencia, mejor conocido como “pase automático”, crear un sistema de renovación de profesores e investigadores y todo ello relacionado con la modificación a las formas de gobierno y elección de autoridades.

En su vida como académico, el contacto constante con los jóvenes en sus clases de salud pública lo mantienen jovial, siempre con la sonrisa, la broma y la anécdota a flor de piel.

Esa amplia sonrisa que anoche se transformó en una más discreta, casi acompañada por el llanto, al alcanzar el triunfo en una lucha de casi 20 años por llegar a la rectoría de la UNAM. En ese tiempo se presentó tres veces ante la Junta de Gobierno para presentar su programa de trabajo.

Luego de la designación por la Junta de Gobierno, llovieron las felicitaciones y los abrazos; uno de los primeros que recibió fue el de su hijo Joaquín, el menor, quien estudió Derecho en la UNAM y lo acompañó en el conflicto universitario en 1999.

“Lo primero que hice fue felicitar al rector. La felicitación a mi padre la dejo para después”, dice en un rincón del auditorio Fernando Ocaranza de la Facultad de Medicina, mientras el nuevo rector pronuncia su primer mensaje ante funcionarios, investigadores, estudiantes, trabajadores y medios de comunicación que aguardaron casi dos décadas para escuchar un mensaje guardado: “Una ocasión muy especial, un momento especial, en el que tengo el honor de recibir el encargo de la honorable Junta de Gobierno...”.

Sus amigos y adversarios dicen que es ante todo un “hombre de palabra” que respeta cualquier acuerdo. Pero a la vez, la exigencia, disciplina y demandas personales lo llevan a ser inflexible en sus decisiones, “autoritario”, consideran algunos.

A principios de los años 70, en las aulas de la Facultad de Medicina, José Narro Robles conoció a su maestro, Ramón de la Fuente, y más tarde al hijo, Juan Ramón de la Fuente, que se convirtió en su amigo, compañero de batallas, y por quien tuvo que “sacrificar” en una ocasión su aspiración de llegar a la meta de Rectoría.

Desde aquellos años se tejió una historia de amistad que culminó anoche con la llamada de felicitación del amigo y en medio el recuerdo al maestro.

En 1973 se tituló como médico cirujano con mención honorífica. Luego realizó estudios de posgrado en medicina comunitaria en la Universidad de Birmigham, en Inglaterra.

En la Universidad ha ocupado diversos cargos en la administración, que lo hacen “tener siempre los pelos en la mano”: director de Extensión Académica, de Planeación, y coordinador general de la reforma universitaria, entre otros.

En la administración pública, director de salud pública en el Distrito Federal, secretario general del IMSS, subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación y subsecretario de la Secretaría de Salud.

Desde 2003 es director de la Facultad de Medicina, donde se le criticó por haber impulsado primero un programa de bicicletas para transportarse en lugar de renovar las computadoras o la biblioteca de ese espacio, lo cual logró dos años más tarde, cuando en sus propias manos, en un primer experimento con los robots para las prácticas de diagnósticos de partos, “se le murieron la mujer y su bebé”.

Obsesivo en el trabajo, en las últimas horas Narro Robles aún trabajaba en las modificaciones al texto que publicará la Real Academia Nacional de Medicina de España, a la que ingresó hace un par de semanas. Escrito que ahora presentará en su nuevo cargo, el de rector.



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