julian.sanchez@eluniversal.com.mx
Desde que la miel era utilizada para actos religiosos a través de ofrendas, en el embalsamiento de cadáveres o en aplicaciones médicas para la prevención de enfermedades y como antiséptico, la apicultura ha sido considerada una actividad que avanza paralelamente a la evolución de la civilización.
En México, la introducción de la abeja europea (apis mellifera) a varias regiones se dio durante la época colonial.
Sin embargo, a pesar de las ventajas que ofreció la abeja europea, como su docilidad y resistencia a las enfermedades, mantuvieron a la melipona beecheii o abeja nativa como la preferida para producir miel.
De acuerdo con especialistas, durante varios cientos de años se desarrollaron dos tipos de apicultura en México, aquella realizada con la abeja europea y la de la península de Yucatán y, por otro lado, de otras regiones como Puebla y Michoacán, basada en el aprovechamiento de las abejas nativas.
Desde 1950 la apicultura mexicana mostró un importante desarrollo a través de las primeras exportaciones llevadas a cabo en dos regiones distintas, iniciando con ello la etapa de una apicultura moderna y comercial, que la ubicó posteriormente entre las primeras del mundo.
Actualmente, la producción nacional de miel se encuentra en las 57 mil toneladas anuales, según información de la Secretaría de Agricultura, que precisa que México se ubica en este ámbito en el quinto lugar después de China, Argentina, Estados Unidos y Turquía.
De esas 57 mil toneladas exporta aproximadamente 44% captando por este concepto entre 55 y 60 millones de dólares al año.
México ocupa el tercer lugar de exportación mundial de miel después de China y Argentina, registrando en el año 2006 una exportación de 25 mil 511 toneladas con un valor de 48.5 millones de dólares.
El inventario nacional reporta un total de 2 millones de colmenas que son trabajadas por 40 mil apicultores. Con este material se estima que 150 mil se utilizan para la polinización de cultivos frutales y agrícolas, destinando la mayor parte de ellos hacia el mercado de exportación.
Cabe señalar que las abejas proporcionan el beneficio de la agricultura por medio de la polinización de cultivos, ya que numerosos estudios en el mundo han demostrado que gran número de vegetales manifiestan al máximo su potencial de producción de frutos y semillas si han sido polinizados por abejas.
Asimismo, esos insectos mejoran y preservan el ecosistema al polinizar cientos de especies vegetales.