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Desaparecen las nieves perpetuas

Por el deshielo, ciudades de Ecuador sentirán en un futuro muy corto las consecuencias de la pérdida de fuentes de captación de agua
Domingo 14 de octubre de 2007 Jaime Plaza | El Universal

A Bolívar Cáceres no lo congelan los glaciares, más bien le apasionan. Sin embargo, el geólogo ecuatoriano ahora está preocupado porque sabe que estos gigantes de hielo están perdiendo consistencia ante la fuerza del calentamiento global. En su último inventario hecho en 2006, descubrió que éstos se han reducido en 27.8%.

Es fácil darse cuenta de eso cuando se visita al volcán Cotopaxi, 89 kilómetros al sur de Quito. Mientras la excursión se va aproximando al coloso de 5 mil 897 metros de altitud, se descubre que una mancha rojiza está carcomiendo a la nieve perpetua.

Aún más, cuando se empieza el ascenso a pie se descubre que en el camino ya no hay nieve perpetua, sólo está cubierto por arena y piedras volcánicas. La también geóloga Ana Luz Borrero todavía recuerda que, en una de sus visitas al lugar hace 10 años, los extremos de los glaciares se prolongaban hasta el refugio José Ribas, instalado en el costado noroccidental a 4 mil 800 metros de altitud.

En octubre pasado regresó, pero esta vez se vio obligada a ascender más arriba de los 5 mil metros para volver a pisar sobre nieve perpetua. En ese entonces, una misión de especialistas que también visitó el lugar calculó que a esa altitud, el espesor de la nieve apenas era de 20 metros. El resto ya sólo era tierra volcánica.

En 1997, los alemanes Ekkehard Jordan y Stefan Hastenrath establecieron que la cobertura total de los glaciares era de 97.21 kilómetros cuadrados. Mediante fotografías aéreas e imágenes satelitales determinaron que 21.92 kilómetros cuadrados estaban localizados sobre cuatro cumbres de la Cordillera Occidental, y 75.2 kilómetros cuadrados de 13 montañas de la Oriental.

Nueve años después, la superficie de los glaciares ecuatorianos —según concluyó Cáceres— se redujo a 70.17 kilómetros cuadrados. Esta vez el experto ecuatoriano se basó en las mediciones de campo realizadas dentro del Programa de Glaciares Ecuador entre 2002 y 2006. Además, recurrió a fotogramas digitales.

En ese mismo proceso de deshielo están el Chimborazo (89 kilómetros al sur de Quito), el Antisana (50 al sureste), el Cayambe (65 al noreste). Los dos primeros pierden entre 0.5 y 0.7 metros de hielo cada año. A eso apuntan los cálculos de Bernard Francou, representante de la ONG Great Ice.

No obstante, la situación es aún más crítica, pues Francou y Cáceres sentenciaron que la nieve de montañas como el Iliniza Sur, Sarahurco, Carihuairazo y Sangay pudiera desaparecer en los próximos 10 a 15 años.

Incluso Cáceres hace referencia a los casos drásticos del Cotacachi, el Sincholagua y el Guagua Pichincha. “Hay indicios de que estos dos tenían hielo hasta inicios del siglo XIX, pero luego perdieron su condición de glaciares”.

Entre tanto, Cáceres insiste que el retroceso o avance de los glaciares es un proceso que siempre existió. “Pero a partir de 1980 los Andes tropicales empezaron a retroceder de manera acelerada”.

Aduce que el calentamiento global no es el único factor, sino también geológicos, astrológicos y otros. “Por ejemplo, el cambio de manchas en el sol o una erupción volcánica”.

El aceleramiento en el deshielo de los glaciares tiene una serie de repercusiones tanto para el ser humano como para la naturaleza misma. El mayor dolor de cabeza de los ambientalistas y gobernantes es la disminución de las fuentes de captación de agua. Julio Cornejo, coordinador de la Unidad de Cambio Climático del Ministerio del Ambiente, dice que la mayoría de los ríos nace en los glaciares. “Al haber una disminución, las consecuencias se sentirán en un futuro muy corto”.



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