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Cuando los cabildeos de rutina no fueron suficientes para descarrilar la reforma electoral, en el rubro de los spots de radio y televisión, la víspera del 11 de septiembre pasado, en la misma torre Caballito se desató una reacción de la industria de la radiodifusión, que durante 48 horas incluyó presiones y amenazas a senadores y una andanada mediática, que fue calificada en Xicoténcatl como linchamiento de los medios electrónicos.
Fueron las horas de un choque de poderes no visto antes en el país, que quedaron señaladas por la tensión que rodeó las reuniones de comisiones y del pleno del Senado, según testimonios de legisladores de distintos partidos.
A un mes de la aprobación de la reforma electoral, que no permite a los partidos comprar espacios en radio y televisión, dan cuenta de las 48 horas previas a la sesión del pleno.
La tensión se filtró a los momentos de descanso de los legisladores que votarían la reforma. Mientras avanzaba el proceso legislativo, escuchaban voces, recibían mensajes.
Las presiones subterráneas se escucharon en los pasillos; de legisladores que estaban en contra hacia senadores de PRI y PAN.
Otra forma de combate fue el envío de textos anónimos a teléfonos celulares, particularmente de la bancada panista. Se recordaba a los personajes que sus aspiraciones políticas se acabarían si votaban a favor.
Una ofensiva, al teléfono y en corto, se ocupó de los coordinadores parlamentarios del PAN, Santiago Creel; PRI, Manlio Fabio Beltrones, y PRD, Carlos Navarrete.
Sin embargo, otros senadores, pese a su papel destacado en el asunto, no fueron objeto de llamado, petición o invitación sobre la reforma electoral.
Carlos Sotelo (PRD), presidente de la Comisión (senatorial) de Radio y Televisión, dice que durante ocho meses un grupo de legisladores trabajó en el tema y evitó la filtración de sus contenidos. Al no saber, bien a bien, lo que les esperaba, los empresarios del ramo intentaron parar la reforma con críticas a la salida del presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde.
Al abrir el dictamen, la noche del 10 de septiembre, el Senado tenía todas las ventajas sobre los concesionarios.
Javier Orozco (PVEM), ex funcionario de Televisa y la CIRT, quien en 2006, como diputado presentó la iniciativa de la Ley de Medios, expresa: “Nos tomaron por sorpresa”.
En la presentación del predictamen señalamos nuestro desacuerdo con la distribución de spots (no contra reducir los gastos). Expresó entonces a sus colegas que “todos tienen una aspiración pública”, una carrera qué forjar, pero si votan la reforma “no van a poder contratar tiempo de televisión o radio”. Y les pedía: “Véanlo con calma, unos días, sobre todo el reparto de horarios”. Persuadía: “¿Ya vieron quién es el ganador? ¡El PAN!”.
Rubén Caramillo Ortega (PAN) señala que en los medios de comunicación electrónica se desató la reacción contra la reforma. En ese ambiente de tensión recibió un mensaje en su teléfono celular, en el que alguien le prevenía: “Acuérdate que quieres ser senador”. El panista de Aguascalientes, por otra parte, recibió dos cartas de organismos empresariales que le pedían no aceptar los cambios. Pulsó el nerviosismo público, en telefonemas de personas desinformadas, dice.
Adolfo Toledo Infanzón (PRI) confirma el transcurso de las horas con “sugerencias” y rumores. Recuerda el cabildeo fuerte del PVEM, en contra. Dice que las versiones en circulación volvían más tensa la atmósfera. Por ejemplo, se escuchó que Elba Esther Gordillo operaría con los gobernadores y que Emilio Azcárraga entraría en contacto con ellos.
Pablo Gómez (PRD) precisa que en ninguna ocasión se reunió con representantes de la CIRT; ni antes, ni después de los debates. “Nadie me comentó nada”, dice. “Sólo supe que ya nos habían amenazado”.
Explica que lo ocurrido, “la línea de resistencia de los medios, cohesionó a los legisladores".