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“El destino no nos ha alcanzado”

“El destino no nos ha alcanzado”“El destino no nos ha alcanzado”
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Fidel Samaniego R.
El Universal
Domingo 30 de septiembre de 2007

fidel.samaniego@eluniversal.com.mx

Es una voz fuerte, y no por el volumen mismo. Es la fortaleza de la autoridad moral del premio Nobel de Química 1995, Mario Molina Henríquez, la que manifiesta: “No, el destino no nos ha alcanzado. Pero ya no tenemos mucho tiempo...”.

Es él, un luchador de y por la salvación de nuestro planeta, y su llamado, su alerta. Pero, al mismo tiempo, y a pesar de todo, es evidente su optimismo: “Claro que sí se puede, estoy convencido de que sí se puede hacer algo, y no algo, mucho”.

Está en una sala del nuevo edificio de la Cancillería. Poco antes saludó afectuoso a su amigo Juan Francisco Ealy Ortiz. Charlaron con el ex embajador ante la ONU, Enrique Berruga, y con Arie Hoekman, coordinador interino del Sistema de Naciones Unidas en México. Hablaron y esperaron el momento.

Mientras tanto, el magno salón José María Morelos se llena de expresiones diversas, de entusiasmo, de vida joven. Casi 500 personas, ellas, ellos, estudiantes de instituciones públicas, privadas, universitarios, preparatorianos, y durante dos días, integrantes de 162 delegaciones, representantes de 192 países participantes en una asamblea general, similar a las que se realizan en el seno de la Organización de las Naciones Unidas y, en este caso, para tratar el tema del calentamiento global de la Tierra.

El Mundo en EL UNIVERSAL: evento sin precedentes. Y ahí están los jóvenes. Ahí, el serio y la inquieta, y la observadora y el ensimismado. Y quien se vistió con la ropa típica de Afganistán, y el que platica grandilocuente que quería participar en las representaciones de Cuba o de Venezuela, pero ya no encontró lugar. Y la chiquilla que quiere ser científica y está nerviosa, emocionada ante la posibilidad de saludar al maestro Mario Molina Henríquez, y pedirle un autógrafo, una foto, un consejo.

Ellas, ellos, como si estuvieran en la mole de cristal y concreto, en Manhattan, junto al río Hudson. Fresca, dinámica congregación frente a la Alameda capitalina.

Y ahí, ayer, temprano, ocurrió el encuentro. Dos generaciones, una coincidencia: la preocupación, la determinación de manifestarse, de unir sus voces contra el calentamiento global, contra el suicidio colectivo y la sinrazón, voces por la salvación de la Tierra.

Un encuentro en el que se escuchó a nuestro Presidente y Director General, Juan Francisco Ealy Ortiz: las inusitadas olas de calor, los frentes fríos, el deshielo en los polos, los fuertes huracanes ya no son sólo parte de historias de ciencia ficción. Y la advertencia de Arie Hoekman: no tenemos tiempo, el momento de actuar es ahora. Y el reconocimiento de Enrique Berruga: sin duda, EL UNIVERSAL ha sido el medio mexicano que más énfasis y atención ha puesto al problema del calentamiento global.

Y ellas, ellos, los que más tarde se expresarían primero de acuerdo con las posturas de los países que representaban, luego con sus inquietudes, a su manera, ya en las mesas de trabajo, ya en las sesiones plenarias, recibieron con atención una a una las palabras de Mario Molina.

Una a una: mucho más que un diagnóstico o una explicación. Una voz de alerta: por una razón ética, sería injusto dejar a las nuevas generaciones un entorno deteriorado.

Ellas, ellos: vida joven en el magno salón, encuentro de generaciones, coincidencia en una preocupación. Y poco antes, él, el premio Nobel, el luchador por y para el planeta, y su fuerza, su autoridad moral, y esa sencillez que abruma, esa voz que insiste: “El destino no nos ha alcanzado, pero urge hacer algo. ¡Y claro que sí se puede, sí se puede!



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