TORONTO.— Bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Canadá perdió el dominio de sus recursos energéticos. Ahora, con el TLCAN-Plus, también podría quedarse sin el control de su agua, denuncian expertos.
El agua de Canadá está en la mesa de negociaciones comerciales pese a la oposición pública, dijo Adele Hurley, directora del Programa sobre Asuntos del Agua en el Centro Munk para los Estudios Internacionales de la Universidad de Toronto.
Un informe presentado el 11 de este mes por el programa, revela que las transferencias de agua desde Canadá a Estados Unidos surgen como un tema polémico bajo los auspicios de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad (SSP, por sus siglas en inglés), también llamada TLCAN-Plus, establecida en 2005 por EU, Canadá y México.
“La integración promovida por la poco conocida SSP está cambiando lentamente las vidas de los canadienses”, aseguró Andrew Nikiforuk, autor del informe Sobre la mesa: energía hídrica e integración norteamericana.
En la SPP participan líderes empresariales y funcionarios responsables de los cambios en la seguridad fronteriza. Entre ellos definen normas sobre uso de pesticidas, regulaciones sobre ductos y reparto de agua, escribe Nikiforuk.
“La SPP está dirigida por líderes corporativos, allí los gobiernos son irrelevantes”, sostuvo Ralph Pentland, presidente en funciones del Consejo Canadiense de Asuntos Hídricos.
Pentland avizora un futuro en el que, en respuesta a las sequías en Estados Unidos, la SPP terminará repartiendo millones de dólares de fondos públicos para que empresas privadas construyan ductos para transportar agua desde Canadá.
Además, la mayor parte del agua canadiense está en el extremo norte, lejos de la frontera con Estados Unidos e, incluso, los transfronterizos Grandes Lagos se encuentran en el nivel más bajos de los últimos 100 años debido al cambio climático, destacó Nikiforuk.
William Nitze, miembro de la SPP y presidente de GridPoint Inc., una compañía de sistemas de administración de energía, se opone a las exportaciones masivas de agua. Canadá, por ejemplo, favorece ciertos criterios por sobre las normas obligatorias para mantener los contaminantes lejos del agua, y México tiene rezagos en desarrollo de infraestructura hídrica, indicó.
Nikiforuk también cree que Canadá maneja mal sus recursos, y enfatizó que ese país exporta enormes volúmenes de agua a Estados Unidos bajo la forma de granos, ganado, porcinos, aluminio, automóviles y petróleo.
Un millón de barriles de petróleo fluyen hacia el sur cada día, convirtiendo a Canadá en el mayor proveedor de petróleo a Estados Unidos.
Sin embargo, para producir un barril de petróleo en las arenas alquitranadas se gastan tres barriles de agua, expuso Nikiforuk.
El proyecto en la provincia de Alberta ya consume 359 millones de metros cúbicos de agua, suficientes para una ciudad canadiense de dos millones de habitantes. Además, 90% de ese recurso se contamina en la producción petrolera.
Miembros del Grupo de Trabajo Norteamericano sobre Energía de la SPP, reunidos en 2006 en Houston, Texas, para hablar sobre el “desafío de los acueductos”, propusieron quintuplicar la producción petrolera en las arenas alquitranadas, indicó Nikiforuk. “No se mencionó el agua, pero casi no hay suficiente para esa expansión”, dijo.
Gordon Laxer, director del Instituto Parkland en la Universidad de Alberta, lamentó que Canadá no parece estar dispuesto a reducir sus exportaciones de energía a Estados Unidos, país al que describe como un “adicto al petróleo”.
“El respetado analista en materia de energía Matthew Simmons me dijo que Canadá debería dejar de impulsar la adicción de Estados Unidos a los combustibles líquidos y hacer ilegal el uso de agua en arenas alquitranadas”, refirió Nikiforuk.
Hay evidencia de que los estándares ambientales en Canadá y México se desplomaron desde que el TLCAN entró en vigor en 1994, y la situación podría empeorar con el TLCAN-Plus, sostuvo.
*Colaborador de Tierramérica.