Nació ayer, a las 19:25 horas. De su llegada al mundo, la encargada del anuncio fue la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, perredista. En algún otro lugar de la ciudad de México, el verdadero padre estaba al pendiente. En el salón de sesiones, el papá adoptivo recibía felicitaciones que ni él ni quienes se las manifestaban creían. Los padrinos aplaudieron. Quienes supuestamente impedirían el nacimiento, provocarían el aborto, parecían resignados.Nació. Y le bautizaron con el rimbombante nombre de Proyecto de decreto de reformas, adiciones y derogaciones a la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. Los apellidos son aún más largos. Sin embargo, unos y otros, todos le dijeron sencillamente Aumento al Precio de la Gasolina.
Poco antes del parto, hubo una toma de la tribuna. Héctor Larios, acompañado por el priísta Emilio Gamboa, subió al estrado, llegó hasta el lugar de la presidenta. Tocó el hombro de Ruth Zavaleta y, cuando ella volteó, él se inclinó y besó su mejilla. Le dijo: “Gracias”.
La otra toma, el que se supondría sería un espectacular asalto al proscenio, el que Andrés Manuel López Obrador pidió a los legisladores del Frente Amplio Progresista, fue una acción simbólica, sin violencia, como para cumplir con unos y con otros, con su líder y con quienes pactaron la aprobación de otra reforma.
Así, la presencia de diputados del PRD, PT y Convergencia en la tribuna no impidió que continuara el debate. Y cuando Ruth Zavaleta dio a conocer el resultado de la votación de la iniciativa, sólo quedaban mantas, cartulinas y la aguerrida Layda Sansores, quien había acusado a sus compañeros de tibieza.
Una jornada para la expectación, para el morbo, pero cuando se abrió la sesión había indicios de que todo transcurriría sin incidentes de gravedad. O dicho en el argot de San Lázaro, con todo planchado. En ese sentido, la asamblea aprobó la propuesta de la cúpula de los diputados, de que el orden del día fuese cambiado para que se adelantara la discusión y aprobación del paquete de iniciativas que componen la reforma fiscal.
A las 14:14 horas, Manuel Cárdenas, de Nueva Alianza, abandonó momentáneamente el salón de sesiones. Dijo a otro legislador: “Ya todo está negociado. Ya hay liebre y al terminar el día habrá sopa de liebre”.
Aprobada estaba ya en esos momentos la reforma para fijar nuevas reglas y dar más transparencia al ejercicio del gasto público. Un proyecto, el primero de los de la reforma fiscal, por el que votaron en favor los legisladores del frente lopezobradorista.
Negociaciones que, confesarían varios legisladores, se resolvieron fuera del Palacio Legislativo, en hacendarios rumbos.
Al pendiente del cumplimiento de los acuerdos, en oficinas de la Cámara estuvieron representantes del gobierno federal.
Y llegó el momento. Se puso a discusión la iniciativa que en días anteriores nadie quería adoptar. Cuando habla Juan Guerra en la tribuna, sus compañeros subieron los escalones, ocuparon el estrado. Pero el trabajo de parto siguió. Y a las 19:25 horas, por fin, la indeseada creatura había nacido. No hubo bolo, cuando menos en el salón de plenos...