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Gorilas de montaña, entre amigos y exterminadores

Un constante estado de guerra civil en la República Democrática del Congo, la lucha de las facciones por los recursos naturales y la destrucción de grandes áreas de selva amenazan a estos ejemplares, que voluntarios conservacionistas tratan de proteger
Gorilas de montaña, entre amigos y exterminadoresGorilas de montaña, entre amigos y exterminadores
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TÉMORIS GRECKO
El Universal
Domingo 19 de agosto de 2007

A fines de febrero, recibí un e-mail lleno de entusiasmo de parte de los voluntarios de Wildlife Direct (WLD), una organización de conservacionistas que trabaja en una de las zonas más peligrosas del mundo, el parque Virunga, en el este de la República Democrática del Congo, para proteger a los gorilas de montaña. Están en peligro de extinción: sólo hay 680 ejemplares y de ellos, 380 están en Virunga. Gracias al esfuerzo de sus defensores, se han recuperado lentamente desde los años 70, cuando eran 240. Por eso, el nacimiento de Ndeze, una gorilita preciosa (sus fotos amamantándose están en wildlifedirect.org/blogAdmin/gorilla/2007/03/01/first-photos-of-newborn-mountain-gorilla-in-congo/) representó un motivo de celebración. La hijita de Safari hizo crecer a 12 miembros a la familia Rugendo, un grupo de “habituados”: con el fin de que la atención a los gorilas pueda sostenerse con medios locales (y dejar de depender de donaciones extranjeras), se acostumbra a los primates a la presencia humana para que los turistas puedan verlos y generar ingresos para las comunidades. Los Rugendo tenían todavía más buenas noticias: otra hembra, Mburanumwe, se había embarazado. Cuando su hijito naciera, él o ella, y su media hermana, la pequeña Ndeze, debían formar parte de una nueva generación amigable que confiara en sus primos humanos, raros pero simpáticos.

La amenaza contra la supervivencia de los gorilas de montaña es inmensa. Su hábitat está en una región turbulenta, conocida sobre todo por la matanza de 800 mil tutsis por extremistas hutus en Ruanda, en 1994. Cuando los genocidas fueron derrotados, sus milicias huyeron al Congo y se refugiaron en Virunga. El Ejército ruandés hace incursiones en el parque para perseguirlos. Ocurre lo mismo con los militares de Uganda y sus propios rebeldes del Ejército de Liberación del Señor, que creen que su líder es Cristo reencarnado. ¿Parece suficiente caos? Pues éstos sólo son los elementos foráneos. En el Congo hay un estado de guerra civil que se enciende y se apaga. Abundan los grupos guerrilleros, los generales renegados, como Laurent Nkunda, y las tribus insurrectas, como la de los mai-mai, varios de los cuales usan Virunga como base.

Además se trata de un área rica en oro, coltan, zinc, madera. Las distintas facciones luchan por apoderarse de ellos, y como es necesario alimentar a los miles de hombres que trabajan en los campos de explotación, compran toda la carne que les puedan llevar. A principios de año, los mai-mai llegaron a una laguna donde decenas de hipopótamos se refrescaban tranquilamente: entre bostezo y bostezo, sus grandes cuerpos fueron el blanco más fácil para los rifles automáticos.

Como allí no hay petróleo, el principal combustible es el carbón vegetal, que se produce al quemar madera bajo altas temperaturas. La destrucción de grandes áreas de selva en Ruanda obligó al gobierno a prohibir el negocio, por lo que la mafia del carbón vegetal se trasladó a Virunga y ahora está acabando con los bosques de los gorilas de montaña.

De ese tamaño son los retos que enfrentan los voluntarios de WLD y otras organizaciones, cuya valentía es admirable. Por ejemplo, en marzo, soldados de Laurent Nkunda mataron a un gorila y lo descuartizaron. Los conservacionistas encontraron su cabeza, sus manos y pies en una letrina. Como los guardaparques son sólo 600 y los hombres de Nkunda 8 mil, la única forma de arreglar el asunto era por las buenas. Con una ayudadita: primero, WLD envió información sobre la responsabilidad de Nkunda, que fue publicada por importantes diarios de Europa y Estados Unidos. Después, Emmanuelle de Merode y Samantha Newport, de WLD, fueron a darle una visita de cortesía al general. Debe ser estremecedor pasar junto a los rebeldes para meterse al cuartel de un general africano que está furioso contigo. Pero cuando Samantha me lo contó en un email, lo pintó como una aventura muy divertida. Más porque lograron obtener un compromiso de respeto.

De parte de Nkunda, no de los mai-mai, que el 20 de mayo atacaron un puesto de vigilancia, mataron a un guardaparque (ya son 120 los que han muerto desde 1996) e hirieron a tres. La situación de inseguridad forzó una evacuación de los voluntarios extranjeros, que sólo pudieron regresar en junio.

Por la mañana del 23 de julio, tres hembras de la familia Rugendo fueron encontradas muertas a balazos: Neeza, madre de un bebé de dos años que desapareció; Mburanumwe, que estaba embarazada, fue asesinada y además le prendieron fuego a su pelaje; también Safari, que apenas cinco meses antes había sido mamá... ¿y la pequeña Ndeze? ¿Qué pasó con la bebita?

Al día siguiente, hallaron el cadáver de Senkekwe, el macho lomo plateado que era padre de todos los gorilitas. Estaba en posición de ejecutado; 200 campesinos cargaron los cuatro cuerpos hasta la aldea de Bukima en una auténtica procesión funeraria. Las fotografías están en wildlifedirect.org/blogAdmin/gorilla/2007/07/28/the-day-the-rugendo-family-was-massacred/.

¿Quién hizo eso? ¿Por qué? A falta de evidencias, WLD no hace acusaciones. Llama la atención que los cadáveres estaban completos: no los mataron por su carne, su piel ni sus órganos internos. Con Mburanumwe, a pesar de su estado de embarazo, o tal vez a causa de eso, actuaron con saña. Lo de Senkekwe fue como un ajusticiamiento. Todo esto pareció un mensaje con la intención de expulsar a los conservacionistas de Virunga. En meses anteriores, los aldeanos han sido intimidados por gente de la mafia del carbón vegetal, una industria que genera 30 millones de dólares al año. Paulin Ngobobo, un guardaparque de 43 años, ha recibido golpizas por oponerse a ella, y a raíz de la matanza fue arrestado bajo la acusación de negligencia, porque los gorilas estaban a su cargo. Esto parece muy conveniente para los mafiosos.

El trabajo de WLD y los guardaparques (que no reciben el salario del gobierno congolés, que carece de recursos, sino de WLD) es vital para garantizar que los seres humanos no exterminemos a los gorilas. A través de su página web informa día a día lo que ocurre y recibe donaciones (www.wildlifedirect.org; uno puede elegir lo que se va a pagar con ellas: comida, botas, sueldos).

Los gorilas “habituados” son los más fáciles de matar. Precisamente porque confían en los hombres y no huyen cuando nos aproximamos



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