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“Vimos la lumbre y agarramos camino”

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Juan José Arreola
El Universal
Miércoles 11 de julio de 2007

CORREGIDORA, Qro.— Un estruendo sacudió la humilde vivienda despertando a Cecilia Navarrete Hernández y a sus tres hijos, habitantes de la comunidad La Cueva, a tres kilómetros de la explosión.

“Pensé que había caído un rayo; luego pensamos que estaba lloviendo muy duro, pero cuando nos asomamos vimos la lumbre y decidimos empezar a caminar para Querétaro”, comentó.

La decisión la tomó la madrugada de ayer y antes de agarrar camino fue a buscar a su hermana, que vive a unas cuantas casas de la suya, para al menos irse acompañadas con todos los niños.

Sin embargo, María Guadalupe la convenció de que se esperaran a que saliera el sol para irse a La Poza, una comunidad que está a dos kilómetros de La Cueva.

Cecilia no deja de persignarse cada vez que se le pregunta sobre lo sucedido; permaneció todo el día, junto con otros vecinos de La Cueva, en uno de los retenes que los elementos de la policía de Corregidora colocaron sobre la carretera que lleva a Coroneo, en el vecino estado de Guanajuato.

“Fue un tronidote, aunque pensé que iba a llover, pero no me imaginé lo que estaba pasando”, dice. Cuando le platican qué fue lo que sucedió, pregunta si fue algo parecido a lo de Guanajuato.

“Dicen que allá estuvo muy fuerte”, murmura.

Cecilia fue una de las más de 700 personas que dejó su comunidad después de iniciado el incendio. Con ella también se “autoevacuaron” habitantes de Charco Blanco, Jaral, Bravo y Presa de Bravo, para quienes las autoridades prepararon refugios en Jerécuaro, en Guanajuato, además de otro en la Casa de la Cultura de Corregidora.

Pocos llegaron a ellos; la mayoría de la gente esperó en los retenes a que les dieran informes, cuando supieron que no había peligro, poco a poco fueron regresando a sus hogares.

José Santos esperó por lo menos unas cuatro horas para que le permitieran pasar el retén; lo único que quería saber era si sus tres animales estaban vivos.

Desde la noche anterior y a unos 200 metros de distancia de donde estalló el ducto, Santos dejó amarrados a sus tres animales.



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