WASHINGTON.-En mayo del 2006 media docena de soldados hispanos de la Guardia Nacional de Nuevo México fueron desnudados frente a sus superiores en Kuwait, luego que un soldado anglosajón los acusó de tener tatuajes pandilleros. Eran miembros de la unidad élite Task Force Cobra, que sirvió en Irak. El incidente se calificó como una exageración con tinte racista.Hay preocupación e histeria en Estados Unidos por las pandillas juveniles, que agrupan a más de 800 mil miembros, casi la mitad de ellos inmigrantes hispanos o hijos de indocumentados, según la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).
Desde que hace cinco años se determinó que las pandillas juveniles -especialmente las maras- eran un problema grave de seguridad para Estados Unidos, México y Centroamerica, ninguno de los tres países tiene políticas claras para enfrentar el problema. "La única estrategia que se emplea constantemente dentro y fuera de las fronteras, es la policiaca", critican especialistas.
"Es lo más fácil y lo mas rápido", comenta Candace Kattar, directora de un centro de asistencia juvenil en Maryland, a las afueras de Washington, donde la presencia de las maras se ha reflejado en asesinatos, ataques en unidades habitacionales y presencia en las escuelas publicas.
"Los costos de una política sólo represiva son mucho más altos que los de la prevención e incorporación de los jóvenes a la sociedad. Pero a los políticos les gusta algo impactante que haga ver que actúan y para muchos departamentos de policía local, la existencia de pandillas representa también la posibilidad de subsidios federales", dice.
Las pandillas están esparcidas en México, arando rutas entre Honduras y El Salvador hacia Estados Unidos. Sus habilidades para cruzar fronteras los ha convertido en soldados para los cárteles de la droga, polleros y otros grupos del crimen organizado.
"Siempre han existido pandillas en Estados Unidos, pero hace cien años no tenían AK-47 ni Uzis", dice Randall Sheldon, catedrático de la Universidad de Nevada-Las Vegas y experto en pandillas.
El tema pandillero entra y sale de las agendas bilaterales de Estados Unidos y la región. En Centroamérica, Estados Unidos ha impulsado políticas de "mano dura" pese a sonados fracasos como en El Salvador, donde 10 mil de 14 mil maras detenidos en el 2005 tuvieron que ser liberados por falta de evidencia y debilidades en el sistema judicial del país.
Listos para morir
En Guatemala, Mynor -miembro de la Mara Salvatrucha- sabe que la muerte le espera, por eso, siempre tiene sus "armas" listas para enfrentar a los que identifica como enemigos: la Mara 18 (pandilla rival), el crimen organizado, o la policía.
"Si no matamos, nos matan", explica este joven de 25 años, con tres hijos de diferentes mujeres, quien dice que la policía guatemalteca les cobra por protección.
Como "Mynor" existen 35 mil maras dedicados al narcomenudeo, y las extorsiones, llamadas "impuesto mara", o cobros de renta a los sectores productivos, calculan autoridades del país centroamericano.
En los barrios guatemaltecos hay miedo, indica Iduvina Hernandez, directora ejecutiva de la Asociación para el Estudio y la Promoción de la Seguridad en Democracia: "Cada día hay un muerto en la esquina o en la salida de la colonia, y es alguien que no pagó el impuesto y lo mataron".