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EU, fuente de inestabilidad: Fukuyama

Es inevitable su retirada de Irak, opina el pensador de origen japonés. Considera que el calentamiento global puede ser enfrentado desde la democracia liberal. "No puede haber fin de la historia sin un fin de la moderna ciencia natural", señala
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GERARDO JIMÉNEZ VALDÉS
El Universal
Domingo 29 de abril de 2007

A Francis Fukuyama, uno de los más controvertidos pensadores de finales del siglo XX por su obra El fin de la Historia y el último hombre (1992), se le puede aplicar el refrán aquél de "errar es de humanos y rectificar es de sabios".

El pensador estadounidense de origen japonés recibió múltiples críticas y comentarios por su libro y antes de eso, por el artículo que publicó en 1988 titulado simplemente El fin de la Historia. Pero Fukuyama no perdió la sencillez ni tampoco la humildad. En una entrevista con EL UNIVERSAL, en su reciente visita a México, no tuvo inconveniente en reconocer que se había equivocado en el caso de Irak.

En 1998 Fukuyama, de 54 años, firmó una carta auspiciada por el Proyecto para el nuevo siglo americano, del que él mismo era uno de los fundadores y en el que estaban personajes que luego habrían de desempeñar papeles muy importantes durante el gobierno del presidente George W. Bush, como Dick Cheney, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld o Lewis Scooter Libby; algunos de ellos caídos en desgracia por distintos motivos.

En esa carta le recomendaba al entonces presidente Bill Clinton que derrocara al líder iraquí Saddam Hussein. Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, le mandó una misiva similar a Bush, pidiéndole quitar a Saddam del poder. Sin embargo, después se convirtió en un crítico severo de la invasión a Irak. Al preguntarle qué le hizo cambiar de opinión, responde sencillamente:

"Entre los ataques del 11 de septiembre (de 2001) y la invasión de Irak (marzo de 2003) pensé mucho sobre la política exterior estadounidense. Pasé mucho tiempo en Europa hablando con gente y escuchando los argumentos que daba la administración Bush para la guerra y mientras más me informé me pareció que no tenían sentido, así que cambié de opinión".

Reconoce que no va a ser fácil salirse de Irak, pero no ve otra solución, pues considera que en este momento "Estados Unidos se ha convertido en una fuente de inestabilidad" en Medio Oriente, por lo que considera inevitable la retirada, aún en el caso de que un republicano ganara las elecciones de 2008.

En El fin de la Historia y el último hombre, Fukuyama hace una reinterpretación de la tesis de Karl Marx de acuerdo con la cual la historia, entendida como una dialéctica de lucha de clases terminaría cuando una de ellas (la obrera) se impusiera a la otra y se instaurara el comunismo, lo que daría lugar a una sociedad justa e igualitaria en la que no existirían la propiedad privada ni el Estado.

Fukuyama vio en la caída de los regímenes socialistas de la Unión Soviética y Europa del Este la encarnación de la tesis (sería más correcto llamarla antítesis) opuesta a la de Marx: el fin de la historia era, según él, la derrota de una de las grandes ideologías (la socialista) y el triunfo de la democracia y la economía de mercado, que daría lugar a una democracia liberal con diversos matices en todo el mundo y en el que la lucha de clases sería cosa del pasado.

Esta teoría, para la que se basó, al igual que Marx, en el filósofo alemán Georg W. F, Hegel, recibió múltiples críticas, entre ellas la del movimiento ambientalista, que argumentaba que el crecimiento implacable de las economías capitalistas chocaría con los ya entonces escasos recursos naturales existentes en la Tierra, por lo que una variación de la situación socioeconómica era inevitable.

En este sentido, a la pregunta de si creía que los mecanismos de la democracia liberal y la economía de mercado serían suficientes para enfrentar el calentamiento global, Fukuyama comentó que no sabía si esos mecanismos eran los adecuados para hacer frente al cambio climático. Pero "tampoco estoy seguro de que un sistema político alternativo lo haría mejor", añadió.

"Si se fija en qué países son los que tienen un mejor historial en el cuidado del medio ambiente, suelen ser los países democráticos, pues son los ciudadanos quienes resultan afectados por la contaminación o el cambio climático".

Y entre los lugares que tienen "muy malas políticas ambientales" están "la antigua Unión Soviética, los países ex comunistas o, actualmente, China".

Es más, China se lleva la palma en problemas de ambiente. "Se están envenenando ellos mismos en muchos aspectos. Precisamente porque no existen esos mecanismos de retroalimentación en su sistema político. Cuando una fábrica contamina los ríos envenenando a los peces y situaciones parecidas, no hay esos mecanismos para discernir responsabilidades".

Entonces, la conclusión es clara: "la democracia liberal no va a resolver necesariamente el problema, pero está mejor situada para resolverlo que otros tipos de gobierno".

Pero la democracia liberal, con ser el mejor sistema al entender de Fukuyama, tampoco es la panacea, según lo reconoce, por lo menos en el caso de su propio país: "Yo creo que se puede juzgar qué tan seria es la política de Estados Unidos cuando no quiere subir los impuestos a la energía, cuando se tuvo la oportunidad de hacerlo después de los ataques del 11 de septiembre de 2001". Fue una de las oportunidades de cambio que se perdieron tras esa fatídica fecha. "Pienso que una de las tragedias, en medio de la gran tragedia, es que la administración Bush no tomó ventaja de esa coyuntura, yo creo que porque tienen una visión ideológica anti impuestos". Sin embargo, es optimista de que las cosas están cambiando "porque hay mucha presión desde abajo para recortar las emisiones de dióxido de carbono".

El problema, no obstante, no es sólo Estados Unidos, sino las grandes potencias emergentes como China e India y la inoperancia del Protocolo de Kioto: "Pienso que es un problema de dimensión internacional. No me parece que el Protocolo de Kioto estuviera bien diseñado y no va a poder con China, India y Estados Unidos, tres países muy grandes que están fuera de dicho tratado. Se necesita un nuevo acuerdo internacional que incluya a estas tres naciones".

Por lo que se refiere a su teoría del fin de la Historia, el propio Fukuyama ha reconocido que estaba incompleta en obras como Our Posthuman Future (Nuestro futuro posthumano), en donde señala que no puede haber un final de la historia sin un fin de la moderna ciencia natural y de la tecnología.

-¿Cree usted que el verdadero fin de la historia ocurrirá cuando la ciencia y la tecnología alteren la naturaleza humana al punto de que la destruyan tal y como la concebimos actualmente?

- Más bien al revés. Ahí es donde la historia volverá a empezar.

Y aclara: "La estabilidad de nuestras instituciones depende de seres humanos que tienen una cierta naturaleza humana y a partir del momento en que se puede manipular esa naturaleza y convertirla en algo diferente, entonces ya nada será igual en relación con el tipo de política que existirá en ese momento".

- ¿Podría ser un nazismo de nuevo cuño?

- Podría ser. Actualmente los privilegiados les pueden transmitir a sus hijos riqueza, educación y estatus social, pero no necesariamente mejores genes y quizá en el futuro sí podrán hacerlo.

Esta es precisamente una de las matizaciones que hace a su teoría de 1992, pues una evolución que llevara a la humanidad al control, a través de la biogenética, de su propia evolución, tendría un efecto devastador en el futuro de la democracia liberal.



 

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