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Chavos: miedo e ignorancia

Jóvenes consideran que los abortos continuarán clandestinamente aunque se legalicen. Dicen necesitar: un novio o amiga, dinero, una buena mentira para llegar tarde a casa y datos sobre una ´clínica´ o abortivos
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CINTHYA SÁNCHEZ
El Universal
Domingo 22 de abril de 2007

Salió del baño pálida. Caminó hasta la sala y se sentó en el sillón, traía su prueba de embarazo en la mano. Sus amigas la miraban mordiéndose las uñas y con sonrisa nerviosa. Enmudeció por un rato, pues hablaba consigo misma: rápido, piensa, piensa, ¿quién ha abortado? La respuesta vino en segundos. Valeria, ella sabe de unas pastillas o Ximena, ella conoce una clínica.

En la mente de Claudia, una de las 400 mil adolescentes que se embarazan anualmente en México, no están los anuncios espectaculares de Chespirito en el Periférico pidiendo no abortar la vida, tampoco las páginas de internet de grupos antiaborto donde se puede mentarle la madre a los legisladores perredistas del Distrito Federal por querer reformar la ley contra el aborto; mucho menos las recomendaciones del Cardenal Norberto Rivera. Los tres años de prisión a los que puede ser sometida por violar el Código Penal del DF, ni siquiera los considera, pues no sabe que es ilegal. Ella sólo quiere abortar.

Para abortar, los jóvenes dicen necesitar cuatro cosas únicamente: un novio o mejor amiga que las acompañe el día elegido, de 500 a 8 mil pesos para pagarlo, una buena mentira para llegar tarde a casa, y un contacto que les dé los datos de una clínica clandestina o el nombre de unas pastillas o inyecciones abortivas.

Claudia tiene cuatro semanas de embarazo. Se truena los dedos y se agarra la cara con fuerza, los labios le tiemblan. Sólo ha juntado 700 pesos. "Me alcanzaría para unas pastillas, pero dicen que puedo infectarme si no logró expulsarlo completo, así que quiero juntar para un legrado", dice.

Teme decirle a su mamá, pues está segura de que ella la obligaría a tener al bebé en contra de su voluntad. Ahora de su novio sólo obtendrá otros 700 pesos y la bendición, así que lo que busca es el apoyo de alguien que le ayude con dinero y la lleve a un lugar seguro donde pueda abortar.

"¿Ilegal?"

El aborto entre los jóvenes no es una práctica de ricos o pobres, de adolescentes o adultos. Es cotidiana y, por lo menos, todos conocen a alguien que ha abortado en algún momento. Lo mismo lo practican adolescentes de preparatorias de la UNAM que las alumnas del Queen Isabel. La diferencia es la rapidez para conseguir el dinero y las condiciones en las que lo practican.

"La primera acción de una adolescente cuando se entera de que está embarazada es llorar, después hablar con el novio, si es que existe, y más tarde llamarle a una amiga para conseguir el nombre de un medicamento o un ginecólogo que se preste al numerito", coinciden estudiantes de la Preparatoria 8 de la UNAM y las estudiantes de preparatoria de la Universidad Latinoamericana (ULA).

La mayoría, no saben que es ilegal. ¿A poco te meten a la cárcel si abortas? Ni sabíamos, dicen sorprendidos. Para los de menores recursos económicos, conseguir mil o 2 mil pesos para realizarse un aborto es difícil, mientras que las chicas de mayores ingresos económicos ven sencillos conseguir 5 ó 15 mil pesos en un solo día. "Sólo tenemos que pedirle a nuestros novios o juntar entre las amigas si el novio no se hace responsable", dice Liliana, estudiante de Preparatoria de la ULA.

El problema para la mayoría de los jóvenes que desean abortar es dónde hacerlo, pues no saben de lugares seguros ni tampoco conocen médicos que pudieran cobrar poco y guardar el secreto ante los papás.

Los padres de familia son los únicos que no se enteran que tienen una embarazada en casa en vías de abortar.

Los jóvenes aseguran que la Iglesia está rezagada y que no puede pedirles nada, mientras no predique con el ejemplo. "No tienen argumentos válidos", dice Benjamín, un estudiante de la UNAM de 20 años.

Algunos más opinan que de legalizarse el aborto, no sería sencillo que las jóvenes acudieran al sector Salud a abortar, pues "el miedo a que los padres se enteren es muy grande, así que seguirán haciéndolo en clínicas clandestinas, eso sí, más baratas y salubres", dice Josan, estudiante de la Preparatoria 8 de la UNAM.

Saben que los abortos existen, "se practican todos los días con ley o sin ley", dicen todos los jóvenes entrevistados por EL UNIVERSAL.

Viven en un mundo alterno al de los padres, profesores, sacerdotes y legisladores. Un mundo en el que conseguir dinero y alguien que conozca a otro; alguien que pueda hacer un legrado por poco dinero es asunto de todos los días.

Al cierre de está edición, Claudia de 17 años no ha conseguido el resto del dinero para practicarse un legrado, pero asegura que no esperará ningún debate. "Recurriré a todo. No quiero tener un bebé ahora", dice.



 

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