Con la agudeza que le da su formación ilustrada y como buen florentino, Giovanni Sartori inunda con su sonrisa irónica todo su entorno y con perspectiva crítica aborda todos los temas políticos que le son de interés.
De ese modo asumió la entrevista que le concedió a EL UNIVERSAL, con motivo de su estancia en México para recibir el doctorado honoris causa que le otorgará la UNAM. No deja de sorprenderme la prodigiosa combinación de lucidez y sentido del humor con la que respondió a todas las preguntas que le planteamos.
Sartori bien podría merecer una biografía como la que Mauricio Viroli le dedica a Maquiavelo con el título enigmático La sonrisa de Maquiavelo. Detrás de esa sonrisa se apertrechaba el observador más atento y cáustico de los asuntos públicos del mundo del Renacimiento. En nuestro tiempo, Sartori con todos los merecimientos, puede asumirse como el más legítimo continuador de la fecunda tradición de la teoría política italiana, inaugurada con la publicación del libro El Príncipe.
Con esa carga simbólica y con la autoridad que le otorga el hecho de que sus libros pueden leerse en más de 30 idiomas, es posible leer las opiniones de Sartori sobre la democracia mexicana y sus avatares.
Un primer dardo cargado de crítica se encuentra en la expresión de Sartori, en la que afirma que cree en las instituciones y en los procedimientos democráticos, pero en lo que tiene dudas es en la calidad de los políticos. Las referencias que podrían encontrarse en la realidad política mexicana son múltiples. Los lectores podrían hacer sus propias conjeturas.
Un segundo dardo puede desentrañarse en su opinión sobre las pretensiones de los legisladores mexicanos de realizar en el plazo fatal de un año, las reformas de Estado, tan largamente pretendidas y postergadas por la falta de cooperación entre poderes y fuerzas políticas. Si los legisladores consiguen ese "récord olímpico", merecerán el reconocimiento de Sartori. Me parece que es muy difícil encontrar una referencia más irónica y crítica como la que le espetó a las pretensiones de los legisladores. Todo está dicho en un solo dardo.
Pero Sartori con humor no deja de advertirnos sobre los problemas de la democracia mexicana, dada su excesiva focalización en los asuntos electorales. Sugiere ampliar la perspectiva y establecer prioridades, como ya lo había propuesto en el posfacio de su libro Ingeniería constitucional comparada.
Para el maestro italiano, la democracia mexicana debe evitar la fragmentación política. Para eso es necesario revisar y actualizar el sistema electoral mixto. Y en la perspectiva de las lecciones que dejó la competencia política reciente, sugiere la creación de una ley antimonopolios para evitar la intervención insuficientemente regulada de los medios audiovisuales.
Una provechosa lección de teoría de la democracia puede obtenerse de la lectura reposada de la entrevista a Giovanni Sartori.