C ANCÚN, QR.- Llevaban 16 días en alta mar y su embarcación estaba a punto del naufragio. Desde el aire fueron ubicados por una nave "Embrear" de la Fuerza Aérea Mexicana, que reportó el hallazgo al buque patrulla de la armada Oceánica .Aquella mañana del miércoles 14 de marzo, un grupo de 15 balseros cubanos, entre los que se encontraban dos mujeres, fueron rescatados a la deriva a 47 kilómetros de la isla de Holbox, un archipiélago localizado a escasas dos horas al norte de este puerto.
Los cubanos habían zarpado el 26 de febrero de las playas de Surgidero de Batabano, provincia de La Habana, y su destino eran las costas de Quintana Roo. Estaban deshidratados, traían la piel quemada por el sol y en el cayuco en que se transportaban había comida y agua como para cinco días. Los marinos los llevaron a las instalaciones de la séptima zona naval militar, en la que personal médico los atendió antes de entregarlos a la delegación del Instituto Nacional de Migración (INM).
Lo primero que llamó la atención de los oficiales que revisaron la lancha en la que viajaron los cubanos fue que había sido acondicionada con motores atados con alambres en la borda y traían botes vacíos a manera de flotadores, y la precariedad se resumía en la forma tan rústica como estaba armada la estructura: madera vieja con metal oxidado.
Las características eran ya conocidas, pues eran semejantes a las de todas las embarcaciones que durante 2006 transportaron a 436 balseros de los 572 indocumentados cubanos detenidos en Quintana Roo. Esta cifra es tres veces superior a los 157 isleños asegurados en 2004 y mayor que los 364 de 2005, de acuerdo con un reporte del INM cuya copia tiene EL UNIVERSAL.
El documento señala que en lo que va de 2007, hasta el lunes 19 de marzo pasado, la cifra estaba en 114, de los cuales 48, incluidos los 15 rescatados al norte de Holbox, están catalogados como balseros por haber sido interceptados en altamar o por encallar en la playa en una lancha "acondicionada".
Detectan red de tráfico
No todos los indocumentados cubanos llegan a las costas del Caribe mexicano en ese tipo de embarcaciones. A finales del año pasado en Isla Mujeres se evidenció otro modus operandi.
El actor principal fue un cubano residente en Miami, Giovanni Valladares Ramírez, a quien interrogaron las autoridades mexicanas sólo por haber tripulado una embarcación rápida de lujo identificada como Daleana.
Ese hombre llevaba varias semanas como turista en Cancún y fue identificado como el "único tripulante" del yate que zarpó mar adentro en el límite de las aguas nacionales para interceptar una lancha en la que viajaban cinco cubanos. De acuerdo con varios testigos, cuyas versiones se recogieron en la prensa local, los cubanos desembarcaron en la marina Hacienda del Mar, un complejo de lujo en Isla Mujeres, y luego fueron llevados a Cancún.
El cubano estadounidense dijo haber estado de paseo y se hizo merecedor a una sanción por tripular una embarcación de bandera mexicana, lo cual prohíbe la ley de navegación y comercio marítimo, mientras la nave fue asegurada desde el 26 de diciembre hasta el 27 de febrero pasado cuando fue devuelta a José Pérez Osorno, originario de Holbox, quien se acreditó como propietario.
Un lugar donde se tiene detectado este tipo de procedimientos para ingresar a indocumentados cubanos por medio de embarcaciones de lujo es Isla Dorada, un exclusivo fraccionamiento localizado en el kilómetro 11.5 de la zona hotelera de Cancún, en el que hay varias marinas privadas.
De acuerdo con un informe de inteligencia militar, al que tuvo acceso EL UNIVERSAL, los traficantes de indocumentados cubanos trabajan de la siguiente manera: desde la ciudad de Miami mandan a una persona que puede ser ciudadano estadounidense o cubano con residencia, quien ingresa como turista a Cancún. Aquí entra en contacto con otros cubanos que se organizan para operar ya sea como lancheros o recepcionistas.
La embarcación que puede ser de las que se usan para bucear o pesca deportiva, zarpa de noche con intención de pasar inadvertida en su dimensión, y lo hace, ya sea desde Cancún, Cozumel o Isla Mujeres. La capacidad del motor hace que arriben a las costas cubanas en la madrugada donde ubican las lanchas en las que los esperan, hacen contacto y suben a la gente para regresar a México. Al aproximarse a aguas nacionales ya los espera otro grupo a bordo de un yate, que puede estar de paseo o de pesca.
En altamar los cambian de ropa para que den la imagen de ser turistas, les dan su juego de bermudas, camisas, gorra y cámara. Con ese atuendo arriban a las marinas. Ya en tierra se les dan papeles (no se especifica de qué nacionalidad), como pasaporte y credenciales.
Al estar en suelo mexicano, añade el informe, existen dos rutas estudiadas de manera previa para salir de Cancún e ingresar a Estados Unidos. La primera es por tierra, se revisan las condiciones de las carreteras, si hay policía y militares con retenes y en qué lugares. Se traza el itinerario, se renta un autobús turístico y se les dice que a toda pregunta respondan que son turistas de paseo con destino a Mérida y Chichén Itzá. En la capital yucateca vuelan a Monterrey o Tijuana, donde conectan con otros exiliados para ser ingresados a Estados Unidos.
La segunda es cuando les consiguen documentación para burlar migración en el aeropuerto de Cancún y aprovechar que los vuelos charter que transportan turistas regresan semivacíos a Estados Unidos. Quienes son llevados de esta manera son cubanos de tez blanca, de apariencia europea y están aleccionados ante cualquier imprevisto.
Existen dos tipos de indocumentados que pasan por suelo mexicano, añade el informe militar; el primero lo representan los deportados, los balseros que arriban todo el año y que por lo regular buscan llegar a Estados Unidos utilizando cualquier recurso. El otro son los que tienen contactos con el exilio en Miami y que son transportados por temporadas a suelo estadounidense. La promotora de este tipo de tráfico presuntamente sería la anticastrista Fundación Nacional Cubano Americana.
Para Fernando Hernández Velásquez, quien lleva ocho meses como delegado del INM en Quintana Roo, no existe red alguna de tráfico de indocumentados que opere en el estado. Lo que existe, asegura, es un arribo de cubanos que "no se puede contener, no se puede parar, pero sí se puede controlar".
Cifra negra
La mañana del 19 de marzo el velador del hotel Media Luna, localizado en Isla Mujeres, encontró abandonada en la playa del lugar una embarcación hechiza en la que sólo había huellas de sus tripulantes. La nave traía dos motores fuera de borda, dentro había cinco bidones con rastros de combustible, ropa de hombre regada por todos lados y un chaleco salvavidas. De acuerdo con la capitanía del puerto, la nave de ocho metros de largo estaba acondicionada para una capacidad de seis a ocho tripulantes.
Los propietarios del hotel solicitaron a la capitanía del puerto les permitiera quedarse con la lancha, pues querían acondicionarla como jardinera. Cuando José Luis Ibarra Rojo escuchó la petición, recordó que el muelle del sitio a su cargo era un aparcadero improvisado de lanchas cubanas, pues durante 2006 llegó a haber hasta 16 balsas y aceptó la petición.
El pasado martes 6 de marzo Isla Mujeres fue escenario de una persecución policiaca de cinco balseros que arribaron a plena luz del día a un predio localizado entre playa Acapulquito y el antiguo basurero. Dos fueron detenidos y tres corrieron; más tarde uno fue capturado cuando se escondía en una obra en construcción y otro en un manglar; el quinto logró escapar sin que se sepa de su paradero.
"Se está haciendo más común ver cubanos por todas partes", dice Carlos Gómez, vigilante del hotel Dreams en Cancún, donde hace unas semanas aparecieron "perdidos" por los pasillos del hotel 11 "balseros" que horas antes habían encallado en la playa. Días después a la altura de plaza Forum, en plena zona hotelera, encalló otra lancha con 12 cubanos.
Para el delegado de migración, de existir una red de tráfico de isleños ya habrían actuado. Lo que no se ha hecho, reconoce, es dar con el paradero de los tres cubanos que en mayo pasado "escaparon" de la estación migratoria de Chetumal y uno más que lo hizo en julio, en circunstancias poco claras, en la sala de resguardo del aeropuerto de Cancún.