Xicoténcatl era una fortaleza, como nunca. Una muralla antimotines bloqueó el paso a la beligerancia callejera, desde 100 metros a la redonda, desde la víspera.
Y fue tan efectiva que en su bóveda alfombrada los senadores no oyeron nada de lo que ocurrió en el exterior del recinto.
Allá afuera, en la calle, hasta la plaza Tolsá estallaron las pasiones en contra de la nueva Ley del ISSSTE, primera gran reforma que "pone fin a una década perdida en materia legislativa".
Sin embargo, otra muralla, de corte político, tampoco dejó que los grupos parlamentarios se escucharan. Llegaron con sus votos decididos a un debate de trámite, ocioso, que acabó en seco, sin parabienes.
La 60 Legislatura en Xicoténcatl se estrenó en el estilo de la llamada vía rápida legislativa. En menos de 24 horas aprobó en lo general la ley de las pensiones de los trabajadores del Estado.
Ya montados en ese tren bala parlamentario, durante los 45 minutos siguientes dieron trámite o votaron a las carreras infinidad de asuntos estancados desde febrero y a lo largo de marzo.
El fast-track legislativo, a la mexicana, quedó en un rapidín que el presidente en turno de la Mesa Directiva, Francisco Arroyo, apreció como un "ejercicio inédito" y "de raciocinio".
En la sucesión rápida de temas, la masa de senadores no supo qué votaba, para qué se ponía de pie ni por qué seguían allí, ¡a las 17:00 horas!, dos más tarde que su "buena costumbre" de las 15:00 horas.
Aburría a los senadores saber lo obvio: que se aprobaría la Ley del ISSSTE. Antes del mediodía, se enfadaban con el tedio.
El panista Rodolfo Dorador Pérez Gavilán decía que suspenderá la entrega de cuotas de militante al CEN del PAN mientras que Manuel Espino sea el líder nacional. Será su forma de romper lanzas en casa.
La sesión era conducida por Manlio Fabio Beltrones, satisfecho por el ingreso de su iniciativa que margina al grupo de Elba Esther Gordillo del control del Pensionissste y los miles de millones de pesos que habrá de administrar. La cajita feliz, como llamaría al organismo el perredista David Jiménez Rumbo, no será de ella.
Santiago Creel poco supo del tedio del salón de sesiones, ya que en su despacho recibía al próximo embajador de Felipe Calderón en París, Francia, Carlos de Icaza. El barbado diplomático, que hace poco dejó la misión en Washington, era el hombre más feliz, ayer, en Xicoténcatl. Quizá más que Beltrones.
También visitó a Creel, el próximo embajador en Guatemala, el ex cónsul en Houston, Eduardo Ibarrola Nicolín.
Allá en el salón de sesiones, literalmente "no pasaba nada". Se vivía un efecto de ojo de huracán. Todo estaba quieto. Y en las calles los vientos de inconformidad arreciaban. Así se abrió la discusión estelar.
Y cuando habían desfilado 17 oradores en pro y en contra del nuevo régimen de pensiones, ese diálogo de sordos desprovisto de tribuno alguno, plagado de tedio, perdió sus modales palaciegos.
Los dimes y diretes, para variar, los intercambiaron Ricardo Monreal (PRD) ahora con Felipe González y Federico Döring (PAN). La única coincidencia de los beligerantes fue cuando el zacatecano era acusado de fraude.
-Usted y yo nos retiramos del Senado, si yo tengo responsabilidad -retó a Döring.
Las carcajadas de todos las completó Arturo Núñez (PRD), cuando dijo: "Nos harían un bien".