A las 11:10 de la mañana suena la campana que anuncia el recreo y comienzan los murmullos en la cafetería de doña Leonor. "Ahí vienen los niños de secundaria", dice. Acelera el paso, se acomoda el babero, apaga la freidora de papas, retira del fuego el suadero para los tacos y acerca la salsa verde para las gorditas de chicharrón.
El festín calórico de hoy: dos cazuelas de suadero, cinco kilogramos de tortillas, tres kilogramos de papas fritas con queso amarillo, un canasto de quesadillas de chicharrón, un refrigerador con refrescos, una caja de jugos, 20 sincronizadas, 10 pizzas, 30 hot dogs, una caja de sopas instantáneas y un anaquel de galletas y chocolates.
Todo desaparecerá en 20 minutos. "Me da dos de suadero y una Maruchan". "Quiero una Coca, una pizza y un chocolate". "Dos tacos con doble tortilla y una quesadilla de chicharrón"; frases que doña Leonor escucha todos los días a la misma hora.
"Aquí vienen a desquitarse de todo lo que no comen en su casa". Leonor sabe que a las 11 de la mañana desayunan y que a la una de la tarde sólo comen papas y toman refresco, aunque hace una gran diferencia entre niños y niñas.
"Las niñas se cuidan un poco más. Comen barras de granola, sándwiches y beben agua, mientras que los niños le entran a todo lo demás", asegura.
Leonor no se siente responsable por la alimentación de los adolescentes de la escuela para la que trabaja, pues en ocasiones ha tratado de cambiar el menú. "Comencé vendiendo quesadillas de hongos o flor de calabaza, pero siempre el chicharrón triunfó y nunca se me vendieron", dice.
Después intentó vender fruta, "pero sólo una que otra niña la compraba y se me quedaba toda". Hasta que se rindió. Hoy sabe que a los adolescentes les gustan las tortas, los tacos, las pizzas, las gorditas y los hot dogs. Ya para las 11 de la mañana, Toño se comió dos tacos de suadero, un sándwich y una botella de agua. Laura, en cambio, sólo se come su sándwich y apenas le da unos tragos a su jugo, a ella, dice, le asquea la grasa y ni se acerca porque engorda con el olor, dice. Aunque a veces roba una que otra papita frita de su compañera.