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Constitución: ¿nueva o "remendada"?

Las dos posturas han generado debates, pero especialistas coinciden en que antes de crear otra se debe conocer el alcance de la actual. El único consenso: no existen las condiciones para, en el corto plazo, instituir otra Carta Magna
 Constitución: ¿nueva o  Constitución: ¿nueva o
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CARLOS AVILÉS ALLENDE
El Universal
Lunes 05 de febrero de 2007

Las propuestas de crear una nueva Constitución, que se han reproducido cada vez con más insistencia en los últimos años, dividen las opiniones de políticos e integrantes de la Corte, y desatan acaloradas y apasionadas discusiones entre los abogados, pero hay un punto que parece generar consenso:

Siendo realistas, al cumplirse este 5 de febrero 90 años la Constitución de 1917, no existen las condiciones para crear una nueva Carta Magna, por lo menos no en el corto plazo.

En todo caso, la opción más viable, que se avizora más cercana, es la que plantean las voces que coinciden en reformar de manera parcial y no total a la Constitución. Pero aun así, ni esto se estima posible en lo inmediato, por todo el cúmulo de acuerdos y consensos que se requerirían.

Carta abierta

La Constitución es una carta abierta al cambio. "Por un lado, todavía hace falta delinear de forma completa el significado y alcance del texto constitucional; una parte significativa de su contenido aún no ha sido analizado y explorado del todo (por ejemplo en materia de derechos fundamentales)".

Por este motivo, aseguran los investigadores del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés y Miguel Carbonell, antes que pensar en una nueva Constitución, en el futuro inmediato lo que se debe hacer es desentrañar el alcance de la Carta Magna, en los puntos en los que ha sido muy poco explorada.

"Por otro lado -agregan en la presentación del libro titulado El proceso constituyente mexicano, editado con motivo del 90 aniversario de la Constitución de 1917 y de los 150 de la de 1857- es probable que tengamos que realizar profundos cambios en nuestro diseño constitucional.

"Algunos autores -explican Carbonell y Valadés- sugieren que dichos cambios deberían realizarse a través de la convocatoria a un nuevo Congreso Constituyente; para otros las modificaciones necesarias pueden ser realizadas a través de la vía delas reformas constitucionales previsto en nuestro artículo 135 vigente.

"Como quiera que sea, no es difícil avizorar en el futuro constitucional mexicano un debate de forma y de fondo: cómo hacemos las reformas necesarias (a través de qué mecanismos, siguiendo qué procedimientos) y qué contenido deben tener las mismas (qué le quitamos, qué le ponemos, qué modificamos en nuestra Constitución)".

Las últimas propuestas

En febrero de 2006, el entonces coordinador del grupo parlamentario del Partido Convergencia en la Cámara de Diputados, Jesús Martínez Álvarez, presentó una iniciativa con proyecto de nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, bajo la premisa de que el viejo y entrañable consenso de los Constituyentes revolucionarios ya no representa el consenso de los mexicanos vivos.

Pero su propuesta no prosperó en lo más mínimo.

Cuatro meses después, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano colocó el tema en el centro de la discusión, cuando, al asumir la coordinación general de la comisión que se encargaría de los festejos por el bicentenario y centenario del inicio de la Independencia y la Revolución -puesto que dejaría más adelante-, se pronunció por replantear el Pacto Federal y la construcción de una nueva Constitución para enfrentar los retos del siglo XXI.

Meses más tarde, tras las elecciones presidenciales, en octubre de ese mismo año, el Frente Amplio Progresista -que aglutina a los partidos de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia- también planteó crear una nueva Constitución y para hacerlo propusieron tres opciones:

"Crear una comisión con la más alta representación, que tenga por objetivo presentar el proyecto de nueva constitucionalidad o el establecimiento de un consejo constitucional con participación de legisladores federales y locales, representantes de partidos, de los municipios y estados, expertos y sociedad civil, o la convocatoria a un congreso constituyente".

El tema sigue en el aire. Pero no hay nada concreto.

La visión del intérprete

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) es el máximo intérprete de la Carta Magna y en opinión de la ministra de este alto tribunal, Olga Sánchez Cordero, "si bien es cierto (que) nuestro texto constitucional no refleja ya, en mucho, la realidad política, económica y social que vivimos actualmente, nuestra Constitución ha dado respuesta incluso a los cambios actuales; pero no se puede descartar un nuevo texto que dé respuestas a la realidad del México de hoy".

"Una realidad muy diferente a la Constitución de 1917. Hay retos que enfrentar en materia constitucional que pueden, desde ahora, ser discutidos con propuestas. El federalismo, el municipio, la división de poderes, el sistema de gobierno, pero sobre todo una mayor protección de los derechos fundamentales, me parecen realidades que requieren una mejor regulación constitucional. El mayor desafío ético e intelectual de nuestros días debe ser la crítica democrática a la democracia que tenemos".

-¿Es posible que en los tiempos actuales prospere una propuesta de este tipo?

-Me parece que nuestra democracia está en proceso de reafirmación. Las fuerzas políticas, parlamentarias y sociales, han mostrado, hasta el momento, disposición al diálogo democrático, a la crítica sana; sin embargo, esto ha sido insuficiente.

"Se requiere una mayor participación, una discusión más profunda de los problemas sociales, aunque el ambiente social no sea quizá el más propicio para generar los acuerdos que se requieren en un congreso constituyente".

En cambio para el presidente de la Barra Mexicana Colegio de Abogados, Fabián Aguinaco, y para algunos de los integrantes de esta agrupación, no es necesario que se cree una nueva Constitución, en especial, porque la mayoría de la población no conoce ni el contenido de la actual ni los beneficios que le ofrece.

"No estamos viviendo nuestra Constitución, es un instrumento que se ha vuelto lejano a la población", asegura Aguinaco; por eso, destaca, hoy es una buena fecha para reflexionar en la necesidad de llevar la Constitución a toda la gente, para que todo mundo sepa cuáles son sus derechos.

"La Constitución está aplicándose, -por eso pide- dejemos que se siga aplicando, dejemos que funcione y no pensemos en reformar. Creo que tenemos un buen documento, perfectible, pero en esencia es bueno".

Irresponsabilidad e ignorancia

Con motivo de la consulta que realizó la Corte para recabar propuestas de reforma hace un año, el constitucionalista Elisur Arteaga hizo una en el sentido de establecer candados para no crear una nueva Constitución y sólo permitir cambios parciales en casos extremos.

Lo hizo, porque -según expuso en su propuesta- "de un tiempo acá se viene hablando de la necesidad de emitir una nueva Constitución; cosa curiosa, lo hacen quienes no son juristas o, en el mejor de los casos, quienes no saben de derecho constitucional. Se trata de gente irresponsable e ignorante".

"La Constitución actual -destaca- no se ha aplicado; no se respeta su texto; un gobierno antidemocrático, corrupto y de partido oficial, lo ha impedido y lo seguirá impidiendo; él no la cumple y no tiene autoridad para exigir a los particulares su cumplimiento.

"Ella, como ley, ha perdido su obligatoriedad, su aplicación se ha convertido en algo discrecional y de oportunidad política.

"Pero de esto a que sea necesaria una nueva Constitución, hay mucha distancia. Todo apunta que el problema está en otra parte, y la solución no es la expedición de una nueva carta.

"Mientras el actual estado de cosas no cambie, no tiene objeto pensar en dar una Constitución; se cambiaría algo que ha llegado a tener una general aceptación, para que todo siga igual".



 

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