El involucramiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el narcotráfico es de tal magnitud que en muchas de las zonas que controlan obligan a campesinos e indígenas a cultivar la planta de coca, señaló la directora legal de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), Astrid Puentes.La representante del organismo no gubernamental que ha dado seguimiento y analizado el impacto social y económico de la erradicación de cultivos de coca en Colombia en los últimos años, destacó que no sólo las FARC realizan esta práctica, también los paramilitares incurren en los mismo.
"Incluso hay zonas que primero eran controladas por la guerrilla y después por los paramilitares, pero unos y otros han obligado a campesinos a seguir cultivando la planta de coca", aseguró Puentes.
Pero esto no es el final de la historia, agregó, puesto que hay una problemática mucho más compleja para poder dar solución al problema de los cultivos ilícitos ya sea porque los campesinos son obligados o porque éstos lo hacen voluntariamente.
Se deben tomar medidas alternativas porque el problema tiene su origen en la economía colapsada de los campesinos e indígenas, en el alto nivel de impunidad y en gobiernos sin fuerza.
Al participar en la UNAM como ponente en la cátedra de la UNESCO "Transformaciones Económicas y Sociales Relacionada con el Problema Internacional de las Drogas", Astrid Puentes hizo un resumen del problema de cultivos ilícitos en Colombia y dio su opinión sobre lo que sucede en México.
Al respecto, comentó que en Colombia la erradicación de cultivos ilícitos se hace principalmente por medio de fumigación, lo cual causa graves impactos sociales y ecológicos porque las sustancias para destruir los plantíos contaminan los ríos y tierras gravemente.
Indicó que este método de erradicación de sembradíos ilícitos es perjudicial e inclusive ya en otros países se ha prohibido, debido a que daña las actividades productivas del campo y no hay en realidad una reducción significativa en la producción de droga.
En términos reales, la destrucción de plantíos a través de fumigación, sólo representa un 12%, aunque paralelamente hay un aumento en la productividad de sembradíos por hectárea. Es decir, añadió, se ha mejorado la planta y ahora, una hectárea produce hasta más de 7.3 kilogramos de coca, cuando antes, era de cuatro.
La representante del organismo no gubernamental, señaló que deben adoptarse alternativas de erradicación con los campesinos, a la par que también debe brindárseles un programa de apoyo productivo a las comunidades para sustituir el cultivo de la coca por otros.