CHILPANCINGO, Gro.- El Operativo Conjunto Guerrero abrió una nueva perspectiva a la policía del estado: su reorganización y replanteamiento estratégico. Lo reconoce el propio secretario de Seguridad Pública en la entidad, Juan Heriberto Salinas Altés, quien afirma que con este operativo del gobierno federal no sólo cayó el índice de delincuencia organizada, sino que ahora permite también dedicarse al combate de la delincuencia común.En Guerrero, explica el funcionario, era inevitable la intervención de las fuerzas federales, ante la ola de violencia desatada por el crimen organizado. En entrevista, señala que la nueva tarea es reorganizarse, adoptar tácticas e inteligencia policial -"ya que existe un gran atraso en esos rubros en la entidad"-, para abatir los robos, asaltos, y toda clase de delincuencia que afecte a la población.
La delincuencia organizada comenzó a afectarnos con mayor impacto a partir de 2005 -precisa Salinas Altés-, "pero en 2006, la narcoviolencia creció a niveles nunca antes vistos", destaca. "El narcomenudeo fue el detonante de esta ola delictiva que nunca se había visto en Acapulco y que alarmó a todos".
Si bien este tipo de eventos ya ocurrían en otras partes del país, principalmente en la frontera, aquí la gente jamás había visto una situación tan alarmante, especialmente en Acapulco, como los llamados levantones, el estallido de granadas, las decapitaciones y otros actos impactantes por el empleo de una gran dosis de violencia.
Conocedor de la situación de Guerrero, donde alguna vez fue comandante de región militar, el también general dijo que ante el aumento de la narcoviolencia y el empleo de un armamento superior al que usan las policías estatales y municipales, estas corporaciones se vieron desbordadas o superadas, debido a que no están capacitadas o preparadas para hacer frente al crimen organizado.
Fue la región de la Costa Grande -los ocho municipios comprendidos entre Acapulco y Zihuatanejo-, en la que la lucha entre dos cárteles de la droga provocó que se "dispararan" los hechos de violencia en los dos últimos años, pero de manera radical, en 2006, comenta Salinas Altés. Añade que la ola de violencia se extendió, aunque con menos intensidad hacia Chilpancingo y la región de Tierra Caliente.
Y si a todo lo anterior le agregamos que hasta hace poco existía un gran atraso en equipamiento, en organización, en procedimientos operativos, en sistemas de comunicación, por lo tanto todo ello pasó a ser una prioridad ante la embestida de la violencia. Al inicio de la actual administración estatal, 70% del armamento era obsoleto, incluso inservible o tan antiguo que ya no se fabrican municiones para esas armas", revela.
Los Centros de Control de mando conocidos como C-4 sólo recibían llamados de auxilio y era todo lo que hacían, faltaba un sistema de enlace y de comunicación entre las policías estatales y municipales, se queja el funcionario, e inmediatamente aclara que esa tendencia ya se está revirtiendo.
Precisa que ahora, en poco más de un año, se tiene que 70% del armamento se renovó, unificó, y está debidamente registrado y ahora hasta los C-4 ya operan como centros de coordinación, además integran el Sistema de Información Estatal Policial, que será la base para que se pueda trabajar con sistemas operacionales modernos e inteligentes, con el fin de determinar blancos de trabajo específicos, y que el policía deje sólo de andar en la calle a ver qué encuentra.
Incluso, ahora con la nueva Ley de Seguridad Pública del estado, en la que se establece la creación del sistema profesional de carrera, se contará con las bases para desarrollar un modelo de policía profesional, por lo que se debe aprovechar la oportunidad que abre el Operativo Conjunto Guerrero, para realizar nuestras acciones propias, nuestra reorganización y dedicarnos a lo que nos corresponde, que es el combate a la delincuencia común.