FRONTERA EL CARMEN, Guatemala.- "Viene la María Félix", susurra una larga cadena de voces de pequeños negociantes de monedas, para alertar que un autobús con 36 guatemaltecos deportados por México ya está cerca del puesto fronterizo de El Carmen, en Guatemala. "Nos humillaron los mexicanos", grita -y reclama- la deportada guatemalteca Susana Jovel, poco después de descender del vehículo de la Secretaría de Gobernación de México."Los mexicanos nos hacen pasar una noche amarga allá. Aquello es una humillación porque no nos dan derecho a nada, ni siquiera de estar en un lugar aseado. Y ahora ustedes vienen a tomarnos fotografías, para seguirnos humillando y sacarnos en los periódicos de México", reprocha la mujer de 36 años que intentaba vender ropa en poblados mexicanos del sector limítrofe con Guatemala. "¡No queremos que nos tomen fotos!".
La voz de indignación de Susana es la misma que la de Candelaria Méndez, de 22, y que la de "Elsa", de 55- "no ponga mi nombre. me da miedo que me identifiquen", y que la de "Nayeli" y que la de gran número de guatemaltecos y guatemaltecas expulsados de México.
Cerca de la línea divisoria entre los dos países, un enorme rótulo en verde y blanco ofrece un "Bienvenidos a Chiapas -Tierra con sabor a café", cuando se entra a suelo mexicano, y un "Feliz viaje y pronto retorno", cuando se sale. Pero el panorama real es distinto: los migrantes acusan a autoridades mexicanas de abusos y de humillación.
Muchos entran a México con un pase local extendido por autoridades migratorias mexicanas en el puesto de Talismán, frente a El Carmen, pero sólo a guatemaltecos residentes en regiones aledañas. El pase -que les autoriza a llegar sólo a la cercana ciudad de Tapachula, Chiapas, y permanecer máximo de 72 horas- no se otorga a guatemaltecos de otras zonas, por la presunción de que planean seguir hacia Estados Unidos.
Funcionarios del Instituto Nacional de Migración en Tapachula dijeron a EL UNIVERSAL que las consultas sobre estos temas deben tramitarse "en la ciudad de México". Y en la oficina de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en Tapachula, la respuesta fue idéntica: "No podemos hablar, vaya al Distrito Federal".
Pero en terreno fronterizo, Susana y sus compañeras -que el viernes pasado en la tarde entraban deportadas a El Carmen- coinciden en que son víctimas de los coyotes o traficantes de seres humanos.
Con la política de endurecer controles en la frontera sur lanzada en las últimas semanas por el gobierno de México, "hay un encarecimiento del costo del viaje del migrante ilegal", dice Omar Lemus, jefe del puesto guatemalteco de Migración en este sitio del extremo sur del límite entre las dos naciones.