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Oaxaca, la reconstrucción trás sismo social

El conflicto social y político que vive la entidad ha dejado una estela que, por sólo mencionar algunas de sus consecuencias, permite compararlo con un terremoto; pero a diferencia de los telúricos
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ALEJANDRO TORRES Y JORGE OCTAVIO OCHOA
El Universal
Domingo 03 de diciembre de 2006

OAXACA, Oax.- El conflicto social y político que vive la entidad ha dejado una estela que, por sólo mencionar algunas de sus consecuencias, permite compararlo con un terremoto; pero a diferencia de los telúricos, este movimiento social ha durado ya más de seis meses y aún no termina. Y lo más grave es que la reconstrucción de fondo, la que tiene que reparar la convivencia social, apenas empieza y es muy limitada.

En este terremoto social y político ha habido muertos, heridos, daños a la infraestructura urbana. No hay colonia en la ciudad que no muestre algún tipo de afectación. Ni siquiera los monumentos históricos se salvaron de la ira de quienes dañaron todo lo que encontraron a su paso, de uno y otro bando.

Rubén Vasconcelos Beltrán, cronista de la ciudad, comenta: hay un patrimonio que está seriamente dañado, y es tanto o más valioso que los edificios y monumentos que han atraído a un mercado turístico, sobre todo europeo, como motor de la economía local. Se trata del "patrimonio intangible", según le llama el cronista de Oaxaca, y es la convivencia social, las relaciones humanas incluso son fomentadas por la arquitectura colonial de esta ciudad que, al ser trazada hace varios siglos, se optó por un modelo que condujera al zócalo desde sus principales accesos, avenidas y calles, en vez de una ciudad amurallada para defenderse y atacar en caso de guerra.

Las pérdidas

La ciudad se preparó desde mediados del siglo pasado para recibir una oferta turística específica: la que gusta de ciudades coloniales, y el gobernador Eduardo Vasconcelos (de 1947 a 1950) fomentó la construcción de sitios abiertos, de gran atractivo arquitectónico, como la plaza de la Danza, rodeada del templo de la Soledad y del palacio municipal que antes fue un convento de monjas agustinas.

A todo lo largo y ancho de esa amplia y hermosa explanada quedaron las marcas de una pulidora eléctrica con la que dos trabajadores rasparon la leyenda que inscribieron con pintura de aceite la APPO y los maestros: "Fuera Ulises asesino y rata".

A cuatro cuadras de ahí se encuentra la alameda de León, donde se ubica la catedral, y donde ya se prueban diversas técnicas para limpiar la cantera verde que caracteriza a un gran número de construcciones históricas de esta ciudad. Probarán con láser, con químicos y con otras herramientas como compresores para quitar las pintas.

Los daños cuantificables por los destrozos e incendios a edificios y automóviles causados el sábado 25 de noviembre, según un reporte preliminar del gobierno estatal, ascienden a 60 millones de pesos, que se sumarían a los 25 millones de pesos por los daños en la zona de monumentos durante los seis meses de conflicto.

Los 25 millones de pesos para cubrir esos daños aún no se tienen, pero la directora del centro histórico, Thelma Neri Caballero, dice que los "jalará" de aportaciones federales, estatales y municipales.

Para reparar los destrozos en otras áreas del centro se necesitarán otros 9 millones de pesos, que ya fueron ofrecidos verbalmente por la Fundación Harp, cuyo presidente, Alfredo Harp, hace gestiones con empresas para obtener descuentos en la pintura, según explicó Neri.

En su oficina, la funcionaria está entusiasmada porque el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Consejo Consultivo del Centro Histórico de Oaxaca le aprobaron un plan de rescate que se realizará en seis etapas.

Pero mientras se deciden entre usar láser, químicos o compresoras para monumentos históricos, las esculturas de las fuentes del zócalo recuperaron su aspecto original bajo el cincel dentado de Abraham y Beto, dos jóvenes artesanos contratados por el municipio para retirar el salitre de esas piezas traídas de su pueblo Magdalena de Apasco Etla, donde se trabaja la cantera. Y con el salitre se fueron por la coladera de la fuente las pintas que decían "Fuera URO" (abreviatura de Ulises Ruiz Ortiz).

Si el plan de Neri se cumple, Oaxaca dejará gradualmente en las siguientes semanas y meses el aspecto lúgubre y desolador que le han impregnado en todas sus calles las pintas y grafitis hechas por la APPO y los maestros, cubiertas luego de manera burda por los priístas y el gobierno con manchas de pintura, y sobre las cuales la APPO volvió a hacer nuevas pintas.

Además, se repondrán 500 luminarias, 200 papeleras y 24 semáforos, y se repararán 670 metros de banquetas.

Tan sólo la zona de monumentos abarca 244 manzanas y la zona de transición, 240 manzanas. Ambas zonas conforman el centro de la ciudad de Oaxaca. Pero esta área y el zócalo en particular son mucho más que una simple área geográfica para los oaxaqueños, por más que el gobernador Ulises Ruiz haya delimitado el problema a "una cuadra" en una declaración que hoy los habitantes recuerdan con molestia.

El zócalo, explica don Rubén Vasconcelos Beltrán, cronista de la ciudad y miembro de la Coordinadora Ciudadana Oaxaqueña (CCO), es el punto de convivencia de los oaxaqueños, es ahí donde comparten y conversan el rico con el pobre, el ama de casa con el profesionista, el universitario con el lustrador de calzado, el comerciante con el vendedor ambulante.

Y el zócalo y en general el centro histórico, agrega, son "el corazón de Oaxaca, de su gente", y por ello es que a los habitantes les ha pegado en lo más hondo el destrozo.

Esa área donde convivían de manera natural los oaxaqueños ha sido devastada como en otros momentos los terremotos han acabado con otras construcciones, y el cronista de la ciudad y Rebeca Cervantes, entre muchos otros ciudadanos, quieren que cada uno se haga responsable y Oaxaca pueda ser otra vez una ciudad donde sus habitantes convivan.

Se esparce el odio

Pero el daño mayor está en la convivencia social, pues este conflicto ha esparcido el odio entre oaxaqueños, sin importar si son del gobierno, maestros, appos, pefepos, priístas, padres de familia, universitarios o comerciantes. Todos parecen estar contra todos. En cualquier momento, por el menor motivo, son capaces hoy de agredirse entre sí, y por eso Oaxaca es una ciudad donde todos se miran con recelo y la mayoría tiene miedo.

Tras el repliegue de la APPO frente al reposicionamiento del gobierno de Ulises Ruiz, apoyado por la Policía Federal Preventiva (PFP), un nuevo frente de preocupaciones se ha sumado a la estela de destrucción social y física: las violaciones a los derechos humanos de decenas de personas que, responsables o no de los destrozos, fueron detenidas y sometidas a proceso penal sin respetar sus garantías constitucionales.

Incluso la preocupación sobre la violación a los derechos humanos es a tal grado preocupante que Rupert Knox, representante de Amnistía Internacional, anticipó hace unos días en esta capital la alerta sobre diversas violaciones que se están cometiendo en la entidad por parte de autoridades.

Las organizaciones civiles como la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (Limeddh), la Red Oaxaqueña de Derechos Humanos, la Asociación Mexicana de Asesores en Derechos Humanos y la Comisión Pastoral de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Oaxaca han documentado y revelado decenas de casos de personas detenidas injustificadamente y se les ha encarcelado sin cumplirse la ley desde la noche del 25 de noviembre, cuando la PFP y la APPO volvieron a enfrentarse.

Y para colmo, hay un amplio sector social molesto, que no comulga con la APPO ni con los maestros ni con partidos políticos ni con el gobierno, pero que no tienen cómo expresarse y su voz no se escucha ni se expresa en los medios de comunicación.

La molestia de ese pueblo se sintetizó en un gesto de Víctor Pacheco, joyero, y su sobrino de cinco años, Roberto, quienes conmovieron a los paseantes de la alameda de León la tarde del domingo que leían las cartulinas que portaban: "Se regalan abrazos por la paz de Oaxaca". En media hora regalaron muchos abrazos a familias enteras.

Otras iniciativas han surgido estos días para hacerse escuchar. Rebeca Cervantes explicó que la CCO, de la cual es presidenta, fue creada para exigir a autoridades que cumplan y hagan cumplir las leyes; a los partidos, que dejen de manipular el conflicto y se hagan corresponsables de lo ocurrido; y a motivar a la sociedad para que sea participativa y supere la crisis a la que fue arrastrada por otros.



 

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