"Yo no quiero salir en esta foto", dijo franca y apenada la diputada Ruth Zavaleta al presidente del Senado, el priísta Manlio Fabio Beltrones, cuando éste tuvo que subir a tribuna para la sesión del Congreso de la sucesión presidencial.
Después de tres días de que la perredista nunca cedió su posición privilegiada en la toma de la tribuna, como vicepresidenta de la Mesa Directiva, y sólo se separó de ese lugar en contadas ocasiones, Zavaleta reveló que Beltrones le propuso, en medio del caos del 1 de diciembre, quedarse en ese lugar y él quedarse de pie junto a Jorge Zermeño, presidente de la Cámara de Diputados.
"Quédate aquí, por mí no hay ningún problema", propuso el senador. Pero ella se sinceró y declinó la invitación para no avalar la toma de posesión de Calderón. La perredista bajó de la tribuna.
En esa misma Mesa Directiva, Layda Sansores, de Convergencia, de plano le recordó a Beltrones que llevaba tres días sentada en el brazo de la silla de Zavaleta, y le pidió permiso para seguir ahí.
"No tengo ningún problema", dice que respondió Beltrones. Y ahí, sentada a su lado, vivió el momento en que Calderón fue reconocido como Presidente.
Más tarde, Sansores admitió que se quedó con las ganas de arrancarle la banda a Calderón, pero en algún momento sintió temor al verse rodeada de todos los panistas, a quienes calificó de "cínicos" al gritar "paz" y generar violencia en las campañas electorales.
Otras diputadas de varias bancadas vivieron de forma distinta el suceso. Como la panista María Eugenia Campos quien aguantó estoica tres días de plantón, pero que a la hora del caos y las provocaciones del PRD, no aguantó la presión.
"Su" pelea era con la perredista Valentina Batres, hermana de Martí Batres, líder del PRD capitalino, quien desde una de las curules la miraba amenazante.
"Ahí viene, ahí viene, échenle agua para que se vaya", gritaba asustada a sus compañeros del PAN, mientras cuidaba la parte frontal de la tribuna. La diputada Batres movía las manos y le dejaba ver que después se verían las caras. Campos la veía de lejos, y trataba de sonreír para no mostrar miedo.
Ambas diputadas protagonizaron varios enfrentamientos verbales cuando se dio la toma de la tribuna por parte del PAN y del PRD.
"Sólo le dije que después nos veíamos para tomarnos un vinito", dijo después divertida la diputada Batres, quien afirmó que había hecho buena amistad con las diputadas del PAN.
Otra panista que lloró fue la ex asambleísta Gabriela González, quien al fondo del salón de sesiones, junto al corral que alberga a la prensa, no soportó ver el conflicto que se vivía en San Lázaro.