Fue el único golpe en la madrugada. Se lo dio Javier González Garza, coordinador de la fracción del PRD al legislador panista Héctor Larios. Un golpe, naturalmente, con la izquierda. Después, los dos se rieron abiertamente y continuaron con su charla en pleno salón de sesiones, ante las miradas sorprendidas o curiosas de quienes mantenían la ocupación de la tribuna.En realidad, un golpe leve, hasta cariñoso. El miércoles tenía 14 minutos de haber nacido. Continuaba el día más largo en la vida del Palacio Legislativo de San Lázaro.
La presencia de los dos coordinadores en el salón era significativa. Indicaba que no había ruptura entre ellos.
Pero al mismo tiempo, era claro que no habían seguido adelante las negociaciones entre los representantes de todos los partidos y de la Mesa Directiva para encontrar una solución al conflicto.
Uno al lado de otro, casi hombro con hombro. Casi 12 horas antes, cuando en el estrado se encontraban puños y rostros, se desataba el encono, Larios llegó hasta los lugares de la bancada perredista, parecía que le faltaba el aire, preguntó: “¿Adónde está el Güero?”. Luego habló, discutió con González Garza. Eran dos rostros en alto contraste, uno enrojecido, el otro pálido.
Una intensa madrugada. Los dos grupos en pugna se pusieron de acuerdo y ya no disputaron centímetro a centímetro las áreas conquistadas. Una invisible línea los separaba. Y un acuerdo no escrito los comprometió a ya no enfrentarse violentamente.
Una madrugada en la que algunos durmieron, otros platicaron y hasta se convidaron de entre los combatientes de la comida que les llevaron. Los panistas cantaron. El presidente de la Cámara, Jorge Zermeño, platicó cerca de las tres de la mañana con Emilio Gamboa. Una hora más tarde discutieron el panista Cristian Castaño y Layda Sansores.
Y así los encontró el amanecer. Unos y otros de los que habían permanecido ahí fueron relevados. Apareció en el templete Andrés Bermúdez con su traje y sombrero negros. El Rey del Tomate que parecía estar en su trono, sentado en una curul en la parte más alta. Él y sus compañeros del PAN recibirían mensajes en sus celulares de parte de sus dirigentes: que se prepararan para pasar las dos siguientes noches en el recinto. Líneas que ya no llegaban a San Lázaro desde Los Pinos o de Bucareli, sino desde la llamada casa de transición.
Y se cumplieron 24 horas desde el momento en el que se desató la disputa por la tribuna. Ahí continuaban, cual personajes de un Big Brother parlamentario.
Las Cámaras del Canal del Congreso no dejaban de captarlos desde el día anterior.
Y ahí seguían, al nacer la tarde surgieron versiones de un posible arreglo a partir de un cambio de sede y de la inasistencia de Vicente Fox a la ceremonia del viernes. Activo, Emilio Gamboa mantenía comunicación con las dos partes enfrentadas.
Confiaba el priísta que ayer mismo, después de las seis de la tarde, se pudiese anunciar un acuerdo.
Sin embargo, a las 17 horas Leonel Cota dirigente del PRD, anunció que no negociaría nada.
El serio Carlos Navarrete explicaba al cronista: “Si ellos dicen que se metieron a un callejón sin salida, pues que apliquen la reversa y se salgan”. Entonces, aquel único golpe de la madrugada, y las risas ya eran recuerdo. Seguía adelante el juego de las varias estrategias. Quedaban por tomarse decisiones cruciales. El día más largo en San Lázaro continuaba.