Ya. Ocurrió. Estallaron las pasiones. Ya la oscuridad se metió a la fortaleza de San Lázaro.La sinrazón se convirtió en un puño cerrado que golpeó un rostro, un pie que se estrelló contra una pierna, en manos que jalaron sacos y corbatas, en palabras que manifestaron ofensas, en bocas que escupieron odio, en miradas que fulminaron.
Ya se inició el largo, muy largo día. Ya los relojes en los muros del salón de sesiones marcan sólo ceros. El tiempo parece agotado. Y las palabras "diálogo" y "negociaciones" y "acuerdos" parecen no tener ningún sentido entre los combatientes.
Es la batalla por el territorio, la tribuna, el presídium y algo más. Ahí están, dueños de la mayor parte del proscenio los diputados panistas; los perredistas continúan en el área que pudieron recuperar; en dos ocasiones trataron de avanzar, no pudieron.
Ya. En el sótano, por un lado, las voces de integrantes de la fracción del PAN sentencian: "No nos retiraremos, aquí nos quedamos hasta el viernes, hasta que Felipe proteste como Presidente". De la otra parte, los legisladores del PRD se sostienen: "Ni un paso atrás, el espurio no podrá venir". En los pasillos, en la plazoleta, caminan por grupos los circunspectos, inflexibles integrantes del Estado Mayor Presidencial.
Ya ocurrió, eran las 13:28 horas, cuando legisladores de la Revolución Democrática, Víctor Varela, Valentina Batres y Cuauhtémoc Sandoval, subieron al presídium. En unos cuantos segundos, una gran parte de los representantes de Acción Nacional llegaron al estrado. Luego, los empujones, los jaloneos. Los guardias vestidos de civiles formaron una muralla, uno de ellos la tomó a empellones contra Javier González Garza. Jorge Zermeño, el presidente de la Cámara, llamó al orden, pidió a sus compañeros que retornaran a sus lugares, nervioso demandó a los elementos de seguridad que intervinieran. Y un puño se estrelló contra una nariz. Alguien cayó al suelo. Más golpes entre otros representantes populares.
Y ahí estaban los combatientes. "¡Felipe presidente!", proclamaban unos. "¡Felipe ya cayó!", amenazaban los otros.
Se conocía la amenaza de los lopezobradoristas de tomar la tribuna, de instalar desde ayer ahí mismo, un campamento. Las escenas para la historia, para la histeria. A lo largo de la tarde y hasta llegar la noche, tres momentos de enfrentamientos. Unos y otros se dijeron víctimas.
"Felipe Calderón rendirá protesta aquí, pase lo que pase", dijo Santiago Creel. En tanto ya los relojes marcan sólo ceros.