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El Místico, el camino a ser leyenda

El secreto, ´dar 110 por ciento´ en el cuadrilátero y ser diferente al resto de los luchadores. Criticaron su menuda estatura, pero siempre se ha enfrentado al ´tú por tú´. El mejor consejo: ser humilde y que no se le suba la fama
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ABRAHAM GUERRERO G.
El Universal
Domingo 26 de noviembre de 2006

Considerada como la catedral de la lucha libre en nuestro país, la Arena México ha sido el hogar de miles de ilusiones y muy pocas realidades. Por su encordado han pasado un gran número de luchadores que se quedan en promesas. Muy pocos llegan a las estelares, y menos aún, han logrado acercarse a las grandes leyendas del pancracio.

En tiempos en los que el destino de la lucha parece encaminarse a la aparición de gladiadores de gran tamaño y musculatura, la menuda figura de El Místico se ha hecho más grande. Cuando inició su camino como El Príncipe de Oro y Plata fue seriamente criticado por su tamaño. No le auguraban mucho éxito.

Lucía como un luchador frágil, fácil de romper.

Pero el carácter fuerte de este joven guerrero lo ha llevado a la cima.

Heredero de la bravura de aquellos grandes peleadores (entre boxeadores y luchadores) del barrio de Tepito, un inconsumible fuego corre por sus venas.

Con la misma decisión que lo llevó a escaparse de su casa -a los 10 años-, en busca de un lugar en el hogar de Fray Tormenta, su maestro, se ha abierto camino hasta ser, hoy día, la máxima figura del Consejo Mundial de Lucha Libre.

Con solamente dos años de presentarse en la México, la gente lo ha convertido en un ídolo. Atesora las réplicas de su máscara y en cada presentación lo lleva hasta el cielo, donde ha creado fantásticas evoluciones que enloquecen al público. Así, lo que comenzó siendo la inquietud de un chiquillo peleonero está muy cerca de convertirse en una leyenda.

Para llegar más arriba siempre tienes que dar un 110 por ciento. Cuando me enfrentaba a luchadores con mucha experiencia me les ponía al tú por tú. No me dejaba pegar como otros novatos que les tienen miedo. Les tengo respeto, pero miedo jamás. Cuando llegué a la Arena México me veían chiquito y delgadito, pero nunca me dejé de los demás y la gente siempre me apoyó por eso. Siempre he querido serel mejor y aunque ahora estoy en un buen lugar, nunca lo voy a lograr porque en la lucha libre jamás terminas de aprender.

Siempre tengo presente uno de Fray Tormenta. Me ha pedido que no se me suba la fama como la que tengo ahorita y lo he logrado hasta el momento. Ser humilde me ha llevado al éxito.

Es una persona maravillosa, que hace cinco papeles muy importantes en sus casas. Ser padre y madre de 20 niños, ser sacerdote, profesor de lucha libre y una persona maravillosa que quiere a toda la gente. Es una de esas personas difíciles de encontrar, a mí se me cruzó en el camino y fue una bendición.

Cuando debuté en la Arena México la afición me recibió como uno más, por eso tenía que convencerlos. La gente que viene a estas funciones sabe mucho de lucha libre y es muy difícil ganársela. Es muy exigente.

Me gusta hacer cosas diferentes a todos los luchadores, no ser repetitivo. Me gusta andar inventando para la gente, para responderles y que me apoyen. Ellos son el mejor juez y por ellos soy lo que soy. La gente nos hace ídolos.

Siempre, desde que inicié en esto. Nuestro trabajo es muy arriesgado. Luego andas dando de giros y alcanzas alturas de cuatro metros, así que caer en el suelo es difícil. Solamente he dejado de luchar por lesión una vez. En esa ocasión me hospitalizaron 15 días, pero luego de ese tiempo estaba de regreso. La gente se merece eso y más.

Porque siempre fui muy peleonero, desde niño. Cuando tenía unos ocho o diez años me salí de mi casa porque me gustaba andar de vago, en la calle, con los amigos y llegué a la casa hogar de Fray Tormenta donde había muchos chavos como yo, y porque sabía que ahí daban clases de lucha libre, que era lo que a mí me gustaba. Así que me salgo de mi casa y me voy a vivir para allá.

Entré a la selección Sub-20 de futbol rápido, pero no me gustó tanto como para dejar la lucha. Pensé que ya había muchos futbolistas como para ser uno más del montón, sabiendo que en la lucha libre podía dar más de qué hablar.

Fue complicado porque tenía que obedecer y soy una persona a la que no le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Eso lo hizo difícil porque los niños me decían algo y me les iba a los trancazos. Al principio Fray Tormenta no me quería entrenar porque no estudiaba, hasta que comencé a estudiar como quería y se fue dando poco a poco.

Como a los 14 años, primero tuve que terminar la primaria y la secundaria. Ya cuando me tocaba ir a la preparatoria decidí dedicarme de lleno a la lucha porque ya sabía más, venía a entrenar a la Arena México a escondidas de Fray Tormenta. Así que cuando comencé a practicar con él ya sabía de lucha libre.

Fueron como cinco años de preparación. Estuve todo ese tiempo entrenando y aprendiendo.

En unas pláticas con gente de la Arena México y el padre Fray Tormenta se llegó al acuerdo de que se me iba a dar la oportunidad de debutar ahí. Se buscaba un nombre y ellos me querían poner Río Místico, pero nunca me gustó. Entonces, Francisco Alonso -dirigente de lucha libre- sugirió El Místico y nada más. Después, me enseñaron dibujos para la máscara, pero tampoco me agradaron; les di un dibujo que había trabajado y se quedó.

Todo nace porque vengo de una iglesia que es una casa hogar. Hay un cáliz con el que se le da la bendición a la gente y es el logotipo de enfrente de la máscara. También lo relaciono con el misterio, como la persona que está debajo de la máscara.

Hace poco gané la máscara de Black Warrior, una de las más cotizadas. Decían que no lo lograría, pero demostré que estoy preparado para eso y más. He tenido campeonatos también. El 1 de diciembre tengo una lucha importante de máscara contra máscara con el Hijo del Diablo, quien tiene más de 25 años luchando, y será muy difícil.

Darle la espalda al rival, porque fue cuando me lastimé gravemente, se me desprendió la cadera y me querían operar. Fue el Último Guerrero quien me aventó. Dicen que fue por novatez, pero no, fue para agradecer al público que me aplaudía. Ahora he aprendido y nunca más le daré la espalda al rival. Tengo un ojo al gato y otro al garabato.

Todo. Aunque lo que más valoro es el cariño del público.

Hasta donde la gente quiera. Siempre he dicho que ellos mandan y si desean que me convierta en una nueva leyenda de este deporte, como se ha dicho en tantos medios, solamente la afición me colocará ahí.



 

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