OAXACA, Oax.- En el único conato de enfrentamiento entre la Policía Federal Preventiva y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, los manifestantes lanzaron piedras y quemaron un contenedor de basura. En una actitud insólita, las fuerzas federales lanzaron canicas con resortera. Casi al final de la jornada de ayer, un elemento de la policía federal preventivo que asomaba por la azotea de un edificio histórico, enrollaba la liga en la "Y" griega de plástico y después presumió a los fotógrafos nacionales y extranjeros la señal de la victoria.En días pasados, la doctora Bertha Muñoz, la voz de Radio Universidad, había informado que un ciudadano había comprado todas las canicas de una tienda del centro de Oaxaca y reflexionaba sobre la razón de la compra de las esferas de vidrio. La respuesta la tuvo hoy. La PFP las utilizó y mantuvo a raya a los appos. Aunque era raro, antes la APPO era la que se replegaba detrás de las barricadas, hoy los hombres de gris y negro fueron los que se atrincheraron detrás de telarañas y espirales con puas. "No que no querían barricadas. Ya están adentro, ahora la pregunta es cómo van a salir", advirtió un habitante.
Ayer se sabía de una megamarcha anunciada por la APPO en la que participarían habitantes y maestros de varios municipios de Oaxaca y se valoraba el riesgo de un enfrentamiento mayor. Por la noche se observó a un comisario de la PFP que realizaba un recorrido para dar instrucciones a sus bases, mientras vecinos oaxaqueños que se acercaron al centro en vehículos ofrecían pan de muerto a los federales. Poco después de la medianoche clavaban en los postes de madera. Por la mañana ya habían terminado de reforzar el que ahora es su búnker. El zócalo de Oaxaca amaneció cercado con puas, parecía campos de entrenamiento.
Dentro de la barricada federal, había más de 40 vehículos -camiones y pick-up- con capacidad para transportar a más de mil elementos y dos ambulancias. Efectivos se agrupaban. Otros subían a las azoteas de los edificios. Altos mandos daban instrucciones por altavoz. La tropa cargaba gas lacrimógeno. Portaban chalecos blindados de color verde militar. Dos restaurantes permanecían abiertos.
Ayer, en la tensión de unos que marcharon y otros que se atrincheraron para repeler un posible enfrentamiento, el ambiente era raro en la ciudad, de repente absurdo. Un appista había sido herido de bala por la mañana. Decenas de reporteros gráficos, equipados con cascos hasta de ciclistas y chalecos antibala, compartían en un restaurante con un grupo de habitantes que reservó mesas para festejar un cumpleaños. En el patio de una casa de Alcalá una madre arrullaba a su hijo con el "Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó", como canción de cuna.
En la marcha, que inició pasadas las 10 de la mañana, que había salido de Viguera, en la salida al DF, el contingente que estaba en la cola era el del Frente Nacional de la Lucha Socialista. Se les había unido la caravana motorizada que salió desde el sábado de la capital del país en apoyo a la solución del conflicto oaxaqueño. Encabezaba la caminata el Comité de Familiares y Amigos de los Desaparecidos, Asesinados y Presos Político de Oaxaca (Codappo.)
Más de un kilómetro de marcha. Eran miles, cuatro puentes peatonales quedaban arriba de ellos. Retratos de desaparecidos y detenidos, 12 banderas con mástiles de bronce que fueron traídos de las agencias municipales de la Sierra Juárez, bastones de mando que mostraban orgullos los de la CIOAC.
Los mixes, los de Ocotlán, las triquis con su vestimenta tradicional se movían también rumbo al centro de la ciudad para llegar a Santo Domingo. Marchaban precisamente de norte a sur como dicen en sus consignas. No que no, sí que sí, volvían a salir, para demandar la salida del gobernador Ulises Ruiz. "Sería tan sencillo desarmar esta manifestación con la renuncia de Ulises. Esto ha sido un terrible desgaste para un pueblo. La gente se quedó sin trabajo, no hay actividad económica. Ninguno como él nos ha unido, pero en su contra", decía el economista Rubén Múgica. "Es la satisfacción más grande de un pueblo, el apoyo de la gente en contra de Ulises, con estos estamos demostrando que ya no tiene cabida", dijo el profesor Lucio Gómez.
Los oradores aseguraban que se trataba de una marcha pacífica. Un ciclista de 68 años, que llevaba el uniforme de México, dijo "Yo estoy a favor del pueblo, y quiero que haya paz. Yo he participado en competencias y he dejado en alto el nombre de mi tierra". En el último puente peatonal, que señalaba la entrada a la ciudad, un hombre ondeaba una bandera de México. En el trayecto los habitantes se juntaban en la plaza Morelos para aplaudir. Evangelio Mendoza, liberado hace unos días y ex líder de la sección 22 del magisterio marchaba. También el gobernador Ulises Ruiz, con la cabeza caída y disfrazado de policía preventivo federal adentro de una tanqueta. "Abajo Enrique Rueda", el actual dirigente, se escuchaba. En el monumento a los Niños Héroes una mujer regalaba bolsa con agua de horchata y jamaica.
La calle Independencia acercaba la ciudad y los riesgos de enfrentamientos. Un pequeño grupo se desprendió hacia la barricada de puas. Agresiones verbales y algunas naranjas cayeron del lado federal. El resto de la marcha siguió hacia Santo Domingo. Ahí hablaban los representantes de la APPO, del magisterio, el recién liberado de prisión. A dos calles de ahí, comenzaba a arder un contenedor de basura. Alcalá y García Vigil eran los riesgos. La doctora Bertha, a bordo de una ambulancia, les convencía para que no cayeran en la provocación, pero un pequeño conato ponía al descubierto la utilización de resorteras y después un elemento de la PFP desde una azotea mostraba la señal de la victoria. Entraron, ahora cuándo podrán salir, preguntaba un habitante.