OAXACA, Oax.- El letrero pintado con spray blanco en una llanta de camión dice: "Quemen a (Enrique) Rueda". Es el nombre del dirigente de la sección 22 del sindicato magisterial, que prácticamente abandonó la lucha de sus compañeros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. La leyenda removida de la barricada más importante de la organización, en la carretera internacional Oaxaca-México, es el retrato de los primeros saldos sociales y políticos del conflicto en la entidad.
La sociedad oaxaqueña, al menos la de la capital del estado, se encuentra divida entre los simpatizantes de la APPO y quienes apoyan la permanencia del gobernador Ulises Ruiz. El desgarramiento del tejido social evidencia también la brecha entre quienes nada tienen y los que tienen todo: las desigualdades sociales.
Dos escenas dibujan el panorama: habitantes de un fraccionamiento de clase media alta, Arboleda Brenamiel, aplauden el ingreso de los elementos de la Policía Federal Preventiva a la ciudad, con el pulgar en alto y frases de "gracias, hacía mucho tiempo que no salíamos con libertad a las calles". Colonos de un barrio marginal cercano al cerro del Fortín repudian la presencia de los federales con la tan utilizada frase "¡Oaxaca no es cuartel, fuera Ejército de él!".
Pero también hay una parte de la sociedad oaxaqueña que quedó en medio del conflicto. No son simpatizantes de la APPO ni del movimiento magisterial y tampoco apoyan al gobernador Ruiz. Esta franja de la población es la que ha pagado una parte grande del tributo en el conflicto. ¿Por qué? Simplemente porque ha tenido que cargar con los costos del cierre de las calles y el desgobierno del mandatario estatal.
Tatuaje
"Las dos partes (appos y gobierno estatal) tienen la culpa y agarran a Oaxaca como campo de batalla. En el fondo es una disputa entre priístas, como Diódoro (Carrasco), (José) Murat y Ulises (Ruiz), y tiene que ver con el manejo del dinero, del presupuesto. Nos dejan en medio de este campo de batalla por la falta de tacto político del gobernador. Pero también del otro lado, de las organizaciones sociales y políticas que se han aprovechado del movimiento, como el PRD, que ganó posiciones muy importantes en las elecciones federales", dice Arturo Soriano, contratista que reside en la zona del Tecnológico, donde la PFP y los appos libraron una fuerte batalla el pasado domingo, durante el ingreso de los federales a la ciudad colonial.
Irma Pascual tiene un local comercial en Gigante en la colonia Reforma. Ella participa en una marcha de apoyo a Ruiz. Va en la retaguardia con su blusa color blanco. "Hace meses que no vendo y eso no es posible. Tengo que pagar renta", expresa compungida.
-Nos da miedo que nos quiten al gobernador y nos dejen en manos de esos (los appos). No soy priísta, pero no puedo aceptar que quienes tomaron la ciudad y nos cobraban dinero por el paso en las barricadas se apoderen del gobierno", secunda Nancy Aguilar, médico, que porta un pegote con la fotografía de Ruiz y un corazón. Ella salió de su consultorio para participar en una marcha de apoyo al gobernador.
Del otro lado de la trinchera, Claudia visita el centro histórico, ocupado desde el domingo pasado por la PFP. A unos metros del cinturón de seguridad, en la calle Independencia, grita a los federales a plena luz del día. "¡Oaxaca no es Atenco! ¡Perros!". La joven se despide de los policías con el dedo medio en alto.
Los agravios entre la población han quedado tatuados entre los oaxaqueños. Los amarrados en los postes de la ciudad quedarán para siempre en la memoria de los habitantes de la capital. La reconciliación se ve lejana en el horizonte. Los simpatizantes del gobernador Ruiz parecen dispuestos a cobrar facturas o al menos no permitir que los appos sigan avanzando en el terreno político.
El horizonte
La noche del miércoles 1 de noviembre, los jerarcas católicos se reúnen con los dirigentes de la APPO para hablar de una eventual intermediación en pláticas que conduzcan a la paz y la estabilidad de Oaxaca.
-Necesitamos oxígeno para saber a dónde llevar a Oaxaca y decidir por la reconciliación -comenta el arzobispo de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez Botello. Lo secunda su obispo auxiliar, Óscar Armando Campos Contreras: "La reconciliación del tejido social es indispensable para avanzar en el desarrollo del pueblo oaxaqueño".
Sin embargo, ese camino no se ve claro en el horizonte. Florentino López, vocero de la APPO, no ve fácil la reconciliación de los oaxaqueños, mientras no cambien las condiciones de desigualdad social y no haya cambios políticos y legales, como modificaciones electorales y al marco legal de transparencia para conocer el manejo de recursos públicos.
"Nuestra visión es que el movimiento que hemos llevado está permitiendo iniciar un proceso que llevará al cambio social. Esto ha permitido que el gobierno federal voltee los ojos a Oaxaca. Ese es un gran logro del movimiento social", opina.
-¿Reconciliación cuando la sociedad está dividida entre appos y priístas?
-Se tienen que resolver los problemas de fondo, principalmente la polarización económica. Un pequeño grupo del estado ejecuta la obra y se enriquece con el dinero público y otra parte de la sociedad se abate entre enfermedades curables. Si no se resuelve esa polarización, es difícil restaurar el tejido social -responde López en una de las bóvedas del arzobispado oaxaqueño.
PRI contra PRI
Algunos empresarios están de acuerdo con la revisión del pacto social y la lejanía de la reconciliación. Juan José Rodríguez, hotelero del centro histórico, da la bienvenida a los policías federales que desmantelaron la tarde del miércoles la barricada de la APPO en Brenamiel.
"Se va a necesitar mucha ayuda social e infraestructura. Creo que todo esto es parte de la pelea política entre priístas, PRI contra PRI. Todos fueron priístas. Es la pelea del poder por el poder y no les importaron las consecuencias sociales ni económicas. ¿La APPO? Creo que la gente de la APPO tiene que ser castigada por lo ocurrido. Todos tienen parte de la culpa", expresa.
Otros actores comparten la posición de que tendrán que pasar muchos años para resarcir el daño, para encontrar la medicina que permita recomponer las relaciones sociales en la entidad, dañadas desde hace muchos años.
El doctor Felipe Martínez Soriano, viejo participante de movimientos sociales y encarcelado más de ocho años bajo el cargo de asesinato y de participar en la fundación de movimientos guerrilleros, expone que la ruptura social es responsabilidad de los políticos, que no se han comprometido con las necesidades de la población.
"La sociedad está descompuesta por un régimen basado en la mentira, en la corrupción y la falta de valores", comenta el médico en su consultorio.
Con una mirada hacia atrás, antes de que estallara el conflicto, el analista político Mario Arturo Mendoza explica que el tejido social se reventó desde el sexenio de José Murat, porque no hubo relación con los sectores productivos. "Fue un gobierno empresarial dedicado a hacer negocios y la pobreza se incrementó. Se hizo obra social para justificar un supuesto gasto. La sociedad arrojó entonces ciudadanos de primera, segunda y tercera y uno de los segmentos fue utilizado para el voto".
El problema fundamental de Oaxaca es que no existe una clase política identificada con los oaxaqueños, afirma.
La llanta con la frase "Quemen a (Enrique) Rueda" fue retirada de la barricada, pero las llamas no han sido apagadas en Oaxaca.
La pira tiene aún mucha leña. Algunos políticos se han encargado de acarrearla.