OAXACA, Oax.- Oaxaca fue bombardeada con gas lacrimógeno. En el quinto día del ingreso de la PFP, tres helicópteros descargaron cientos de cilindros de gas contra los manifestantes de la APPO en la avenida Universidad.
Casi un kilómetro de miedo, de desesperación, de llanto y ardor en la piel de los rostros. De hélices que suenan y dispersan a la muchedumbre enardecida. Los integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca los esquivaban, se replegaban en las banquetas e inútilmente disparaban cohetones contra los helicópteros como si fueran bazucas.
Abajo, el enfrentamiento era contra los elementos de a pie. Las piedras de río del bulevar principal de la avenida fueron desprendidas para atacar a las fuerzas federales. Los carritos de supermercado fueron cargados de "parque".
La PFP cambió de estrategia en tierra. "Tírenle, si ellos se las avientan, ustedes también", decía un comandante. El enfrentamiento fue a pedradas, con cocteles molotov y petardos con clavos. Había intercambio de gases. Radio Universidad convocaba a la gente a acudir a la zona de conflicto y llevar botellas de vidrio para hacer las molotov. "Ahí tengo unos costales con botellas", decía un hombre que pasó en una camioneta. Los heridos, de uno y otro lado, eran cargados por los propios compañeros.
Casi cinco horas de resistencia y dos de ataque aéreo. En los que los appos y la población impidieron que las fuerzas federales realizaran limpieza. Otro comandante así lo había argumentado por la mañana, que sólo despejarían la zona como en otros puntos.
La acción con tanquetas y cientos de federales provocó la guerra, porque en el campus universitario se encuentra el que ahora es el único bastión de la APPO. En varios puntos se roquearon. Por la mañana, la liga se estiraba demasiado. En una de las líneas estaban el frente a frente. Los appos les instalaron barricadas ante sus ojos. Cargaban carrocerías quemadas, colocaban postes de concreto, de esos que sirven para repartir la energía eléctrica. Incendiaron vehículos. Les voltearon automóviles. Las fuerzas del orden junto con sus tanquetas decidieron la avanzada. Comenzaba la trifulca.
Mujeres y hombres corrían de un lado a otro con cubetas para sofocar las bombas. Los jóvenes las relanzaban. Las bombas del lacrimógeno llovían. Los helicópteros hacían vuelos rasos y donde detectaban concentración soltaban hasta más de 15.
En la glorieta de los Cinco Señores se resistían. En la avenida Universidad se miraba a gente que les salpicaban Coca-Cola y vinagre. A los que se tragaban el gas le daban de beber leche. Oaxaca era irrespirable. La impotencia salía por las bocas. ¡Hijos de su puta madre!", gritaban a las naves del miedo. Cientos de personas saltaban, brincaban, golpeaban cortinas y postes públicos.
Las fuerzas del orden se retiraban pasadas las tres de la tarde. Flavio Sosa, el dirigente de la APPO, corría por la calle, vestido de negro, con gorro y un paliacate. Detrás, le seguía un grupo. En la glorieta de Cinco Señores, la APPO anunciaba la ofensiva general y la reinstalación de barricadas en toda la ciudad. Y se adjudicaba la victoria. Ramas de árboles, sillas escolares, un sube y baja, de esos de los columpios, servían de barricadas. Jóvenes vestidos de negro, conducían tráileres y camiones y volvían a bloquear los accesos principales a la Universidad.
"¡No aguantaron. Sí se pudo. No aguantaron, tenían que ir al baño! Un minuto de aplausos por la resistencia. Miles de piedras quedaban en ese pedazo de la avenida Universidad. Esa parte de la cuidad se moría. Los comercios y las calles se miraban desolados.