OAXACA, Oax.- La marcha del magisterio llegaba pasadas las 11:30 horas con los brazos entrelazados y directo a la tanqueta y la valla humana federal que custodiaba un punto de acceso al zócalo de esta ciudad.La maestra Juana decía que marchaban con la frente en alto y que iban a pasar. Los policías federales no dieron un paso atrás y el vehículo antimotín rezongó como preludio de que iba a embestir. La primera línea de la marcha se sentó y se puso de rodillas para cantar que vencerían. Algunos miembros de la PFP se hincaron también, pero para ponerse las cámaras antigas. Una anciana comenzó a escurrir vinagre en trapos, paliacates y cubrebocas.
La calle Independencia, a unos 50 metros de la Catedral, se tensó. Entonces, el líder Florentino López saltó de pronto al cofre de la tanqueta y se apoyó precisamente en el cañón de bronce que el domingo pasado lanzó chorros de agua contra el magisterio y los integrantes de la APPO, para tomar el zócalo de esta ciudad.
Usando como templete el propio vehículo oficial, Florentino López dijo que el primer mensaje lo dirigiría a la policía federal. "Ustedes los de la PFP forman parte de los hijos del pueblo, son hijos de obreros y campesinos pobres. Son hijos de madres indígenas igual que nosotros", decía con el cañón de agua a su espalda.
Se anunciaba que la guerra elegida para este día por la APPO y el magisterio en contra de la PFP -que se apostó en las calles para defender la plaza de Oaxaca- sería la sicológica verbal. La de las palabras como arma que irritan y hacen desesperar. Y de las que también apuntan directo a la conciencia de quienes están bajo el uniforme federal y deben permanecer muchas horas de pie.
Horas antes, el zócalo había amanecido como un campamento federal. Los fogones y los anafres ahora eran los de los elementos de la Policía Federal Preventiva. Las dos plazas principales se habían convertido en una especie de búnker en el que las tropas hacían formaciones para defender el territorio ocupado, o para desayunar.
Ya se veía venir el enfrentamiento verbal en esa zona de nadie -en ese metro o metros o una calle completa- en los que pocos se atreven a avanzar porque podría ocasionar una batalla campal. En esa franja invisible en la que entonces las palabras y los cantos reemplazan el lanzamiento de gases lacrimógenos o los disparos de arma de fuego. Por la calle de Bustamante, hombres y mujeres llegaban tomados de los brazos y desde lejos revivían a Emiliano Zapata y por eso la lucha sigue.
A dos calles de ahí, en Independencia, Florentino terminaba el discurso con una bandera de México en la mano, mientras las sombras de las hélices de un helicóptero pasaban de forma casi fugaz. Se preparaban para alejarse del lugar, no sin que antes doña Siria Juana, una mujer de reboso y pelo cano dijera que aquí era la tierra del indio, pero no de cualquiera, sino de Benito Juárez.
Un comandante de la PFP se quitaba la antigas para expresar a algunos marchistas que tampoco ellos querían pelear.
En las otras esquinas durante toda la tarde y noche de ayer las palabras eran disparos y los insultos provocaban. Hacían enfurecer a los de la PFP, que a cada rato sonaban los escudos y preparaban los lacrimógenos. Hacían correr a los del movimiento en resistencia. Las palabras que provenían de las maestras regularmente eran mucho más de conciliación, inteligentes. "Somos hermanos, no rieguen más sangre", decía una profesora de los valles centrales. "Oigan, no se vendan, tienen madre, tienen hijos, porqué no mejor agarran sus armas y vamos juntos a darle en la madre al pinche gobierno", dijo otra maestra. "Pobres muchachos, entre ustedes debe haber un oaxaqueño, así con esas misma tanquetas llévense a Fox y arrástrenlo, a nosotros no, porque somos igual que ustedes", les gritó la profesora Minerva.
Fue diferente con el ala radical de la APPO que les pedían aguantar hasta que llegaran refuerzos. "Los vamos a matar y los vamos a pasear como a nuestros muertos". En tres días vamos a quemar el Zócalo. Al fondo se escuchaba "¡Hoy voy a hacer una fogata con los de la PFP! Voy a la barricada de la higuera porque dicen que le están partiendo la madre a uno de ustedes y necesitan refuerzos", decía un joven.
En Hidalgo lanzaron un petardo contra las fuerzas del orden, un federal fue arrastrado por sus compañeros hacia lo que ahora es un búnker. En Macedonio Alcalá y Morelos los de la PFP no se aguantaron la rabia. Comieron frente a ellos. Se burlaron de que no podían ni ir al baño. Les mentaron la madre. Un comandante gritaba a sus compañeros como para mantenerlos firmes: "No vamos permitir más humillaciones. ¿Oyeron? Aquellos, aquel, están delinquiendo, si fueran maestros. son vándalos. Ahí están sus maestros, escúchenlos". Lo que ayer se vivió era sólo una forma de hacer la guerra. De hacerles ver que no pueden durar muchos días en Oaxaca, y que cada día que estén sería igual.