OAXACA, Oax.- El operativo entró en forma de antimotín por la avenida de los Símbolos Patrios. Más de 20 camiones suburbanos por tierra, guiados por dos helicópteros desde el aire. Hombres con paliacate o encapuchados conducían los autobuses cargados de policías federales.Una línea federal de hombres de gris y negro que, a pie, avanzan para abrir paso al convoy. Golpean sus toletes en el escudo y marchan. Una melodía apocalíptica que extrae el miedo y la adrenalina. Esto es sólo la avanzada del lado sur de la ciudad, el que va a la costa y el aeropuerto.
Fuerzas federales que bajan de otro autobús para formar otra línea de contención. Integrantes de la resistencia oaxaqueña que se les paran enfrente. Oaxaca comienza a arder, en una tarde soleada. Son casi las 14:00 horas. Integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, jóvenes en su mayoría, que con rabia lanzan rocas que hacen hoyos en las cristales de los autobuses.
Entre las dos líneas federales, un hueco para introducir dos palas mecánicas. Una resistencia que calma los ánimos y pide no agredir. Imposible. Por momentos, empujones, enfrentamientos corporales.
Los habitantes miran desde las azoteas. La música del tolete sobre el escudo de la línea que va al frente avanza. Se detiene frente a otra línea de oaxaqueños que decide toparlos. Caen algunas piedras. Un hombre les avienta una rata muerta. Una mujer intenta entregar un ramillo de flores a un policía preventivo que lo rechaza. La primera línea avanza, repliega al movimiento de la APPO y magisterial.
Otra incursión, tras San Salvador Atenco y contra mineros en Lázaro Cárdenas. Hoy Oaxaca después de 15 muertos y un operativo de desalojo fallido de las policías estatales vuelve a sentir el pie de la represión federal.
Más de cinco meses en un conflicto magisterial que se convirtió en popular. Los policías federales se enfilan hacia el centro histórico, con las dos palas mecánicas que dramatizan el escenario.
Comienzan a rodear la ciudad. Un hombre que los mira entra al centro de la ciudad y aplaude. Marchan a ritmo de tolete y escudo, caminan toda la calle, hasta llegar a la esquina de Morelos y García Vigil, en la zona norte del centro oaxaqueño.
Forman su barricada, frente a la de los appos, protegida con una camioneta blanca y un pedazo de lámina. La incursión es repelida por el magisterio y appistas con el Himno Nacional casi pecho con escudo.
A sólo dos calles del zócalo están los elementos federales a los que se les dio la orden de entrar. Un grupo con fachas de anárquicos mantiene en sus manos bombas molotov. La gente corre de un lado a otro para reforzar la barricada en resistencia.
Después de 15 minutos, inexplicablemente se retiran los pefepeños. La razón se explica después cuando se apoderan del palacio municipal. Los vecinos miran desde sus azoteas al Oaxaca del peligro que después se convertiría en un estado de sitio.
Los helicópteros sobrevuelan. Cohetones que lanza la APPO revientan en el cielo. Ningún comercio está abierto.
Oaxaca se llena de humo de neumático quemados, y de la sensación de que el movimiento está siendo cercado. Los federales de avanzada no van armados, los de las segundas líneas sí. Se sabe que una marcha a la que convocó la APPO se aproxima.
Muchas de las guerras se inician por territorios. Esta vez, es la disputa por el control de zócalo. La marcha entra por la parte noreste de la plaza central, detrás de la catedral.
Decenas de banderas de México navegan en un mar de cabezas. El del altavoz, en camioneta negra, llama a la resistencia civil pacífica y a que la población se sume al movimiento.
En el ala sureste del zócalo, en la calle Carlos María Bustamante comenzaba la bulla, las miradas apuntan en esa dirección.
La música del tolete y el escudo hacía su aparición. Vaya escenario fatídico. Los adversarios se miraron de frente. Los gases lacrimógenos comienzan a caer. La gente en el zócalo corre.
La marcha se dispersa, aprieta el paso y da la vuelta en dirección a la universidad.
Nadie puede contener a los elementos de la PFP, que sin embargo se quedan como atorados en la esquina. Por minutos, el zócalo queda como zona franca.
Después el magisterio y los appos se acercan a las líneas de represión. Ellos con máscaras antigás. Los otros preparados con cocacolas y vinagre, con paliacates, vendas o playeras enrolladas en la cabeza. Unos con toletes y una pala mecánica detrás. Otros con palos y uno que otro machete. Flores y claveles les comienzan a caer a las fuerzas del orden. ¡Hijos de la chingada, váyanse de aquí!, se escuchó.
A las 15:35 horas. La esquina de Valerio Trujano se convierte en el foco de atención. Otro tanto de federales avanzan. Las campanas no cesan. Chocan con los cuerpos del movimiento popular, que apresurados improvisan una barricada con huacales y tablas de madera que servían para vender. A tolete les desaparecen su línea de contención.
Una hora después la marcha entra. Gritan que el zócalo es suyo. El escenario se antoja retador. Flavio Sosa, el líder de la APPO, se mostraba en el quiosco de la plaza central y exige el repliegue de la fuerza federal. Parece negociar en pleno escenario de tensión.
El dirigente Florentino dice después que existe el compromiso de no agresión de los integrantes de la PFP. En una de las esquinas del zócalo, el senador Salomón Jara dice que Ulises Ruiz tiene que renunciar. Más tarde otro dirigente informa que la directiva popular tomó la decisión de resistir. El escenario es que el movimiento popular se reagrupará mañana para tomar el zócalo del Oaxaca que ayer ardió.