OAXACA, Oax.- El gas lacrimógeno, las columnas de humo y las deformes siluetas de camiones que lanzan lengüeteadas de fuego devoraron el domingo las calles de la ciudad.La operación policiaca y la con- frontación con los simpatizantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) semejaba un juego de vencidas, de resistencia. Unos empujaban con sus equipos antimotines. Otros colocaban camiones, piedras troncos y llantas ardientes en el largo y peligroso camino al centro histórico de la colonial ciudad.
Oaxaca se convirtió en la urbe que llora con la picazón de gases, arrojados desde helicópteros y los rifles de la Policía Federal Preventiva. Oaxaca, la ciudad que penetra la nariz con el humo de llantas y camiones incendiados. Oaxaca, la ciudad cubierta de negras columnas. Oaxaca, la ciudad ocupada por los federales, con sus tanques antimotines y sus helicópteros que parecen no descansar nunca.
Violento amanecer
La jornada comenzó a las 5:30 de la mañana. Decenas de camiones y vehículos pesados que transportaron 15 camiones antimotines fueron apostados en el entronque de la ca rretera Oaxaca-México. (Son las tanquetas que compró el presidente Carlos Salinas de Gortari en 1994 y que ayer fueron estrenadas en Oaxaca). Varios cientos de elementos federales colocaron una primera línea en esa zona, conocida como Santiaguito Etla, a unos 10 kilómetros del centro de la ciudad.
Mujeres de las colonias aledañas al lugar llegaban al lugar para implorar a los federales, provistos de tolete y escudo (sólo las líneas traseras portaron rifles de asalto) que se retiraran, que se regresaran por donde habían llegado.
- ¡Oaxaca quiere paz!- gemía Juana María Jiménez y pasaba una improvisada bandera blanca sobre los cascos de los policías. Luego paseaba la imagen de la guadalupana frente a la indiferente mirada de los oficiales.
Poco a poco llegaron más mujeres, hombres y niños. Frente al contingente policiaco, entonaban la Internacional y el Himno Nacional, una y otra vez, como si las melodías pudieran frenar el camino de los uniformados federales.
Detrás de la primera línea, los co mandantes de la PFP ordenaban el abastecimiento de los antimotines, casi 6 mil litros de agua para cada unidad. "Solución, solución, no que remos represión", respondían del otro lado.
Un cielo lleno de helicópteros
El cielo de la ciudad de Oaxaca se llenaba de helicópteros de la PFP. Los vuelos de reconocimiento abrían la ruta para la incursión a la ciudad colonial. Mujeres, hombres y niños respondían con una consigna que re corría todo el lugar: "Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó".
Todos levantaban las manos, pintadas de blanco, e imploraban por la retirada de los federales. "Somos hermanos de la misma nación", repetían dos jóvenes con una cartulina que paseaban de un lado a otro de la primera línea.
No hubo retorno. La orden vino del puesto de mando, instalado en ese entronque. Los antimotines se abrieron paso a las 13:29 horas entre los hombres y mujeres. Algunos alcanzaron a tirarse en el piso, pero al primer rugido del motor y los chorros de agua, salieron corriendo sobre la carretera. Las piedras comenzaron a llover sobre las cabezas de los federales.
"Ya se soltaron los madrazos", ex clamaba un oficial, ubicado detrás de la primera línea. Decenas de cohetones retumbaron en el cielo. Oaxaca, la ciudad de la incursión, de la confrontación por los espacios.
Los federales pasaron la primera barricada en Cruces de Hacienda y tomaron una ruta que les permitió evadir los retenes más abundantes y complicados, los que estaban llenos de gente con palos, piedras y cócteles molotov.
Inició la avanzada policiaca
El convoy se abría paso por el crucero San Lorezo para luego seguir un lento andar por Riberas. Los simpatizantes de la APPO, muchos de ellos jóvenes embozados, atravesaron dos camiones de carga y lanzaron piedras a los PFP, que descendieron de los camiones para sacarlos del camino a punta de toletazos, gases lacrimógenos y chorros de agua. Al fondo se escuchaban disparos de arma de fuego.
Algunos vecinos aplaudían a los federales. Otros los repudiaban. Los federales siguieron a pie y tapizaron las calles de terracería. El juego de la resistencia continuó en las tres barricadas siguientes: San Jacinto Amilpas, un municipio perredista que prestó sus camiones y pipas para reforzar las líneas de contención, el puente del Tecnológico y las inmediaciones del Canal 9 de TV.
Varios hombres de la APPO detuvieron a un viejo, bajo el cargo de ser policía y de pasar información a los federales. Se lo llevaban para la plaza municipal de San Jacinto. "¡Es maestro, es maestro!", clamaron por él algunas mujeres, que lo salvaron del juicio público.
Los appos ubicados en el puente del Tecnológico resultaron ser los más aguerridos. Los helicópteros abrieron paso a punta de gases, lanzados desde las alturas y a discre ción. Los embozados respondieron con cócteles molotov, que explotaban lejos de la primera línea de las fuerzas federales.
Oaxaca, la ciudad que llora, que pica los rostros y los ojos. El convoy avanzó hacia el centro histórico entre chorros de agua, que apagan las llantas encendidas, entre algunos jóvenes armados con revolver, que no se atreven a sacar de la cintura, pero que lo asoman desafiantes.
Lenta victoria
"Pinches putos"- gritaban los appos a lo lejos, mientras corrían, mientras veían el helicóptero que vomitaba cápsulas con gas lacrimógeno. Y al fondo un cerro lleno de espejos, utilizados por sus pobla dores para expresar su repudio a los sobrevuelos (al menos esa fue la con signa de Radio Universidad, tomada por profesores, que por la tarde del domingo salió del aire).
Fueron más de seis horas de confrontación y lento, lentísimo avance del convoy que entró por la carretera México-Oaxaca. La primera línea de la PFP salió del entronque de la carretera a México a las 13:49 horas y recorrió lentamente su camino hasta el primer cuadro de la ciudad, para tomar por la noche los portales.
Los maestros y appos no ofrecieron resistencia; simplemente empren dieron la retirada.
Oaxaca, en manos de los federales, aquella que fue tomada por los profesores desde el 22 de mayo, la ciudad ocupada desde hace cinco meses y una semana.
Los policías federales durmieron en los portales.
La ciudad se fue a descansar entre el humo de las columnas y la picazón de los gases.