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Calles casi sin gente... pero llenas de tensión

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David Aponte y Alejandro Suverza
El Universal
Domingo 29 de octubre de 2006

OAXACA, Oax.- Un viento helado se dejaba sentir la tarde del sábado en el centro histórico de la ciudad, zona de comercios y restaurantes con sus puertas cerradas, lugar de calles desérticas, llenas de miedo, que alberga a puñados de profesores y miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca sentados en el piso, maestras que bordaban para calmar las ansias. Tensión que se puede palpar, que se puede cortar con tijeras.

A unos 12 kilómetros de distancia del centro, en el hangar del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, elementos de la Policía Federal Preventiva y de la Policía Militar descendían de cuatro aviones, dos de la corporación y dos de la Fuerza Aérea Mexicana (un Hércules, entre ellos). Todos se acomodaban, tomaban posiciones en uno de los hangares del aeropuerto. A un costado, ocho helicópteros estaban preparados para el traslado de los federales, a la espera de los sobrevuelos.

-Tenemos todo listo y siguen llegando más elementos. Los retenes en la periferia fueron abandonados -comentaban dos elementos de la federal, en los accesos de llegada de la terminal comercial.

El camino al centro de la ciudad quedó franco.

Los simpatizantes del movimiento abandonaron las barricadas o simplemente se replegaron. En las avenidas hay camiones de cargas atravesados y autobuses de pasajeros que fueron quemados hace algunos días.

"Disculpe las molestias que le causa la revolución del siglo XXI", decía uno de los improvisados conductores de Radio Universidad.

Desde la frecuencia se transmitieron las palabras de uno de los voceros de la APPO: "No vamos a entregar la ciudad al gobierno federal". Ni se va a aceptar el ultimátum para devolver las calles, las plazas y los edificios. Mucho menos van a permitir la entrada de los agentes federales, que esperan en el aeropuerto".

Al mediodía, un hombre de la Asamblea Popular, de sombrero café y barba, arengaba en el zócalo: "¡Compañeros, no se trata de poner el pecho pero tampoco de dejarnos. Tenemos que dejar una herencia de la lucha del oaxaqueño!".

Los simpatizantes de la APPO rindieron un homenaje a los restos del profesor Emilio Alonso Fabián, uno de los 15 muertos en cinco meses de conflicto. El féretro fue expuesto en el zócalo, cerquita del quiosco. Sus deudos le pusieron una camisa azul con cuadros. La caja abierta mostraba el rostro del profesor, originario de la región de Loxichas, con raspones en la nariz.

-Cayó pa´l sur -decía la viuda Magdalena Hernández Ambrosio, de la comunidad de Santa María Colotepec, como si fuera una afrenta hacerlo para el norte.

Emilio, maestro de educación indígena, decían sus compañeros, "cayó porque nunca se rindió...".

-Y mañana puede haber más muertos-expresaba uno de los oradores en referencia a la anunciada incursión de las fuerzas federales en la capital oaxaqueña.

Flavio Sosa, de la APPO, acudió al zócalo a dar el pésame a la viuda de Emilio y a entregarle una cooperación para el entierro. La caja fue colocada a un costado de una manta con manos que empuñan palos y machetes, en tonos rojos, del serigrafista oaxaqueño Mario Guzmán.

Ahí nadie hizo mención de la muerte del periodista estadounidense Bradley Will, de la empresa Indymedios. Su cuerpo permanece en la morgue. Si acaso, algunos de los duros del movimiento dejaron de insultar a los reporteros con el consabido "prensa vendida", para aconsejarles que tuvieran "cuidado con las balas", con la gente del gobernador Ulises Ruiz.

Los deudos se llevaron el ataúd de Emilio por la calle que desemboca a la catedral. Lo subieron a una camioneta, seguida por la viuda que llevaba un ramo de claveles.

Por la tarde, unos 400 comercios ubicados en la zona del centro histórico comenzaron a cerrar sus puertas. Las calles se mostraban vacías, sólo acompañadas de miles de pintas, casi todas contra el mandatario estatal Ruiz Ortiz y otras que llaman a la revolución oaxaqueña, con rostros de Lucio Cabañas y Emiliano Zapata.

Puñados de profesores y maestras que bordan con sus manos nerviosas, se quedaron en la guardia del zócalo. Nadie cede y todos aguardan el desenlace de este conflicto que tiene ahogada a Oaxaca. En la capital del estado la tensión se puede palpar, se puede cortar con tijeras.



 

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