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Salida de gobernador resolvió sin un tiro crisis en Oaxaca en 77

La solución que llegó fue militar y política... En esa mañana de jueves, los líderes del movimiento oían las condiciones que les dictaban en Bucareli. Acataron y cumplieron su palabra
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JUAN ARVIZU
El Universal
Martes 17 de octubre de 2006

La ciudad de Oaxaca amaneció patrullada por el Ejército que tomó el control de calles y plazas sin soltar ni un tiro, ni enfrentar a ningún grupo opositor al gobernador. Mientras, en la Secretaría de Gobernación, el mandatario estatal y sus oponentes acataban los llamados federales al orden: uno salió de escena por la puerta de la licencia, los otros se replegaron. Y la pesadilla, en la que ya había una lista de muertos, acabó.

Ocurrió el 3 de marzo de 1977, cuando José López Portillo llevaba 93 días en el poder, y contaba en la Secretaría de Gobernación con Jesús Reyes Heroles, y con Fernando Gutiérrez Barrios, como subsecretario de Seguridad Nacional.

Era la época en la que no se movía la hoja de un árbol sin la voluntad del Presidente, quien escogió al relevo en la gubernatura, por su perfil para el escenario de ingobernabilidad: el general y senador Eliseo Jiménez Ruiz, un "militar macizo".

Al actuar, López Portillo dejó a medio camino a una comisión de senadores que investigó los hechos el 28 de febrero y primero de marzo. El líder senatorial, Joaquín Gamboa Pascoe, aguardó paciente la acción directa del Ejecutivo.

El líder de izquierda, Heberto Castillo, reprochaba desde las páginas de EL UNIVERSAL, "la grave irresponsabilidad del gobierno federal al esperar para intervenir a que a la matanza de estudiantes siguiera la de campesinos".

Días antes, la comisión del Senado atendió a grupos populares que repudiaban al gobernador Manuel Zárate Aquino y a representantes empresariales que exigían sostenerlo, porque lo contrario significaría que "el comunismo se ha apropiado del estado".

Zárate Aquino colmó el vaso del sarcasmo con el que usó el poder, cuando los periodistas le solicitaban un saldo de muertos, hasta el 1 de marzo. Dijo: "Pongan 80 o 100. A estas alturas es como si estuviera un partido de futbol. Me da igual perder uno a cero, que cinco a cero".

Volvió a declarar, la noche del 3 de marzo, al irse y nunca más volver, "para contribuir a la paz de mi estado", y señalar que "sería perjudicial para su progreso y desarrollo invocar la soberanía de Oaxaca".

La solución que llegó fue militar y política.

El general Joaquín Solano Chagoya, comandante de la 28 Zona Militar, al ocupar la capital pintó su raya:

"Oaxaca ha llegado al desorden y hay que restablecer la tranquilidad. Trataremos de evitar la violencia, los hechos de sangre; pero si no se entiende, para eso estamos: para cuidar el orden, no el desorden."

En esa mañana de jueves, los líderes del movimiento oían las condiciones que les dictaban en Bucareli. Acataron y, a través de los días, cumplieron su palabra.

El Congreso local cumplió las formas: recibió la solicitud de licencia y la terna de los candidatos del gobernador caído. El cuerpo legislativo tuvo el tino de elegir al prospecto del Presidente, que rindió protesta a las 22:55 horas.

Era el fin de un conflicto que se gestó a fines de 1975, en la disputa por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, y que en enero de 1977 se extendió a los grupos de la sociedad civil.

La policía estatal atacó a fuego abierto manifestaciones inermes en la capital, la zona Mixe, la ciudad istmeña de Juchitán, y otros lugares, lo que avivó el rechazo popular.

En febrero, Oaxaca se tiñó de sangre y luto. El 22 y el 28 la metralla de Zárate Aquino dejó muertos en Juchitán. Fueron incontables los heridos, reportaron los enviados de El Gran Diario de México.

Pasó a segundo orden la causa original de las movilizaciones (el conflicto universitario), y los problemas añadidos (agrarios en Tuxtepec, una huelga en Oaxaca, liberación de campesinos presos).

Hace casi 30 años, actuó un Frente Popular contra la Represión. En sus trincheras participaban los estudiantes Heliodoro Díaz (hoy secretario de Gobierno) y Miguel Ángel Schultz (líder en la APPO, con base en la cordillera Norte).

El arzobispo Bartolomé Carrasco Briseño decía que el problema que empezó por un conflicto universitario, "está rebasado por otros intereses que tratan de manipular la situación".

José López Portillo, en sus memorias escribe el 5 de marzo: "Anteayer resolvimos la primera crisis política que se me presenta con todas sus características de enredo, la de Oaxaca".

Once días después da por resuelta la crisis. Responsabiliza a Zárate Aquino: "Desencadenó la violencia en forma tal que era imposible considerarlo en cualquier arreglo". El Senado no existe en sus memorias.

Diagnostica: el problema se originó en la Universidad. Derecha e izquierda designaron rector; disputaban el subisido, y extremaron la crisis, que trascendió a la ciudad. "Las universidades son el bastión desde el cual la izquierda está luchando con mayor eficiencia".

Revela por qué escogió al general Eliseo Jiménez Ruiz como gobernador interino de Oaxaca: "Fue el que terminó con la guerrilla de Lucio Cabañas".

 
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