![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
Claman justicia en Oaxaca, no venganza
Jorge Octavio Ochoa Nadie ahora recordó a Ricardo Pérez Hernández, muerto en un movimiento similar. Bajo los arcos del viejo palacio de gobierno reposa también, como hace 29 años, el féretro de Alejandro García Hernández, frente al zócalo. Figuras anónimas de una historia que se repite de tiempo en tiempo. Centenares de personas entonan el himno "Venceremos", con el puño izquierdo levantado. El domingo, el párroco José González pide a sus feligreses no buscar venganzas. "No queremos decirte que tu sangre será vengada porque seríamos iguales a los que te mataron. Queremos creer en la fuerza de la paz, del amor y no dejar salir en nuestro dolor, ese pequeño tirano que todos tenemos en germen en el corazón". En la homilía dominical se dan la paz, pero en una sociedad dividida, ni la Iglesia puede convencer con ese rito. El día y la noche se juntan, las horas se empalman, desde el asesinato en la barricada, la madrugada del sábado (2:30 horas) hasta la noche de ese mismo día, en que Carmen Marín García -esposa de la víctima- tiene que repasar los hechos para levantar el acta de defunción: dos disparos penetraron en su cabeza, uno por la frente y otro por la región occipital, detrás de la oreja derecha. El cuerpo yace en el Semefo. Mientras avanzan las horas, ni la Procuraduría del estado y ni la Fiscalía Especializada sobre Delitos contra el Magisterio pueden aclarar cuál será el destino del militar Jonathan Ríos Vázquez, detenido el sábado, luego de hallar en el lugar de los hechos su documentación. De hecho, se niegan a informar dónde se encuentra recluido. Es domingo. Bajo la bóveda de la iglesia de La Compañía, descansa el féretro de Alejandro García. Carmen Marín llora. Dice que ha quedado viuda y con dos hijos. De un lado a otro, la caja mortuoria va y viene, de un hombre que la madrugada de ese sábado sólo había ido a repartir café a la barricada de la avenida Símbolos Patrios y que tuvo que abrirle paso a la ambulancia, cuando de pronto a su espalda sonaron los tiros y al darse vuelta vio que venían sobre él. Sólo pudo dar unos pasos hacia atrás, con la vista fija en sus agresores. Fue lo último que vio. Son las 11 del domingo, el párroco también lanza críticas "a los ricos y poderosos", en una homilía triste. Luego toda la feligresía, puesta de pie, rinde un último aplauso de cuerpo presente. En el zócalo, la actriz Ana Colchero pronuncia un discurso; con lágrimas acusa a los funcionarios del Hospital de Especialidades de negligencia médica. "Durante un lapso de siete horas no pudieron llamar a un cirujano", dijo. Luego, confirma la versión de que uno de los médicos que hicieron la autopsia, no era médico forense sino dentista. Ella, enardecida, igual que las decenas de mujeres ahí reunidas, advierte que el conflicto de Oaxaca no es un problema del centro de la ciudad. Es de todo Oaxaca. Mujeres inconsolables piden la salida de los medios de comunicación. "¿Por qué no informan? ¡Sólo dicen lo que les conviene!", "¡No sólo la lucha provoca violencia, la violencia también viene de los medios de comunicación, nada más distorsionan todo!". "¡Prensa maldita!", gritan al oído de los reporteros, "¡Pero no fueran ustedes, porque entonces sí les encabronaría!". Así, una procesión de más de mil personas baja de todos los pueblos. A las 13:50 horas sale del zócalo el féretro de Alejandro García Hernández, a la barricada de la avenida Símbolos Patrios. Finalmente, la columna avanza al Panteón General de Prolongación de Independencia. Ahí, los familiares piden: "¡Ya no más gritos ni consignas! Ni siquiera nos dejaron velarlo en la casa. Por favor, vamos a rezar una oración y a terminar con esto". Lejos de ahí, en un reclusorio de Valles Centrales, el militar Jonathan Ríos Vázquez rinde declaración. Intenta sembrar la versión de que actuó solo y bajo los efectos del alcohol.
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V. | ||