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Vicente Fox y la familia feliz

En 2001, empezaron una nueva etapa en sus vidas y aunque pretendían no modificar sus costumbres, algo o mucho cambió. Se terminaron las caminatas y las frecuentes reuniones con hijos, hermanos y sobrinos para ´echar taco´. Hoy el inquilino de Los Pinos hace maletas
Domingo 08 de octubre de 2006 FIDEL SAMANIEGO R. | El Universal

Una familia como hay muchas. Eso querían ser, o seguir siendo. Pretendían que no cambiaran sus costumbres, y seguir juntos, felices, como hasta entonces... Así, aquel domingo, a principios del 2001, temprano se fueron a misa a Polanco. Rezaron, se dieron la paz, comulgaron. Posteriormente se dirigieron a un restaurante de mariscos. La idea, la petición fue de Ana Cristina. Su hermana Paulina, sus hermanos Vicentillo y Rodrigo y desde luego Vicente, su papá, el Presidente de la República, aceptaron.

Imposible pasar desapercibidos. El jefe del Ejecutivo gozaba en aquellos momentos de su gran popularidad. En cuanto entraron escucharon aplausos. Apenas se sentaron a la mesa, acudió gente a saludarlos, a tomarse fotografías, a pedir el autógrafo. Sin embargo, a los pocos minutos los dejaron en paz. Algo en la actitud de esa familia, su sencillez, sus risas, el cariño con el que se trataban, algo pedía respeto a su conversación, a su convivencia.

La diversión continuó. El paseo se alargó. Después de comer se fueron al centro comercial Santa Fe. Caminaron, vieron aparadores, se metieron a una tienda, hicieron algunas compras. Sin embargo, no pudieron permanecer mucho tiempo ahí. En torno suyo se hizo el tumulto. Atendieron a cuantas personas se les acercaron, pero los integrantes de la escolta, elementos del Estado Mayor Presidencial, les pidieron que regresaran a Los Pinos.

En la residencia oficial vieron alguna película, cenaron y a descansar. Al día siguiente el jefe del Ejecutivo tenía que cumplir con una apretada agenda de trabajo.

Vicente Fox Quesada y su familia, o parte de ella. Una nueva etapa en sus vidas. En Los Pinos, él habitaba ya en una de las llamadas "cabañas", su hija en la otra.

Doña Mercedes Quesada, su mamá, le pidió que no trajera a la ciudad de México a los chicos, quiso que se quedaran con ella. Le preocupaba que la vida en la capital de la República, y el ambiente que rodea a un presidente de la República y algunas otras circunstancias más les afectaran.

Uno de ellos había dicho que sí se iría a la residencia oficial pero si llevaba a su caballo, y a alguna de sus vacas, quizá a algunos de los borregos. Imposible.

Vicente Fox y su familia. En el rancho San Cristóbal los domingos era especiales. Comían él, sus hijos, sus hermanos, sus sobrinos con doña Mercedes, "la abuela" le decían todos. Comidas en las que siempre se servían, además de otros platillos, infaltables, los frijoles con nopales.

El domingo 2 de julio del año 2000, después de votar, Vicente Fox invitó a sus acompañantes, a su familia, a los reporteros: "¡Vamos a echar taco!". Y lo hicieron, ahí mismo, junto al quiosco en la pequeña plazoleta. Luego recibió la bendición materna, y viajó a la ciudad de México con sus hijas, sus hijos y su ex esposa Lilián de la Concha. Doña Mercedes se quedó allá. Dijo que deseaba que su hijo ganara, y que nunca cambiara, que siguiera siendo tan sencillo y tan luchón como siempre, y que conservara a su lado a Felipe Zavala, su leal colaborador.

Una gran familia. Fox consideraba como parte de la misma a sus colaboradores y amigos, principalmente a Ramón Muñoz, Carlos Arce, Ramón Martín Huerta y de manera muy especial a Felipe Zavala, al que conoció cuando éste era reportero. Se hicieron amigos.

Zavala era de toda su confianza, el que le manejaba la chequera, el que le pagaba las colegiaturas. "¡Felipillo!" era un grito que sacaba constantemente el ya presidente de la República en sus giras. No quería que Zavala estuviera alejado.

´Extraños en la ciudad´

Vicente Fox. Al que tanto le gustaba estar en su rancho. El que cuando fue invitado a participar en la actividad política y llegar al Congreso de la Unión en 1988, preguntó: "¿Qué hace un diputado?". El dicharachero. El de la mirada expresiva entonces. El que tanto se enternecía con los niños, el que en su campaña por la Presidencia tantas aclamaciones, tantos abrazos, tantos apretones de manos recibió. El que de pronto subía al camión en el que viajaban los reporteros, y platicaba relajado, escuchaba consejos, contaba chistes, soltaba varias palabrotas, y bebía una cerveza, y convidaba: "¡Vamos a echar taco!".

Él y su familia. Apenas habían llegado a Los Pinos, Ana Cristina Fox declaró en alguna entrevista que su papá le había dicho que no tenía pensado casarse. Ella lo acompañaba en la primeras giras. También viajaba Rodrigo, entonces un niño regordete, tímido, al que en tiendas del extranjero, colaboradoras de Marta Sahagún insistían en comprarle juguetes, juegos de computadora.

Los que llegaron de Guanajuato. "Todos somos como una gran familia", expresó alguna vez en su oficina de la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia de la República la entonces vocera Marta Sahagún. En el secreter trás ella, una foto de Vicente Fox a caballo, con sombrero. "¿A poco no se ve muy guapo?", preguntó en una ocasión. Después exclamó: "Nosotros somos de pueblo, de rancho, somos extraños en la ciudad".

Semanas más tarde, el lunes 2 de julio del año 2001, en una de las cabañas hubo boda. Desde la Presidencia salieron las imágenes, las fotos con el beso, primero en público, de la que posteriormente sería llamada por ella y él "la pareja presidencial".

Al fin de semana siguiente se fueron al rancho San Cristóbal. En su programa de radio Fox contigo, el Presidente dijo a Germán Dehesa cuando éste le preguntó qué sentía estar casado: "¡Es muy padre!". Luego, aseguró que hasta entonces, en su nuevo estado civil, podía saber lo que era el ahorro, la buena administración del gasto familiar, todo ello gracias a su esposa. Hasta antes de la boda se había dicho que Ana Cristina era la encargada de lo que tenía que ver con el arreglo y los dineros del hogar familiar.

Sombras y ecos

Fox en familia. Al paso de los días, cada vez se le vio menos en esas comidas o esos paseos dominicales con sus hijas, En ocasiones ya no iba al rancho, las cámaras de televisión lo captaban con su esposa en misa, en algún restaurante, o en caminatas por las calles del centro de la ciudad.

Casi seis años ya. Y algo o mucho ha cambiado. El leal Felipe Zavala fue separado de él. Entre una serie de rumores y contradictorias versiones, dejó de trabajar Zavala con su jefe y amigo. Se fue primero a España y posteriormente retornó a colaborar con Javier Usabiaga. Ramón Martín Huerta, con el que Fox hablaba todos los días varias veces, el que en cualquier momento acudía a la residencia oficial, falleció en un trágico accidente. Paulina se casó. Ya con anterioridad se había ido a vivir a Roma, regresó a México pero ahora se encuentra en Australia.

Se terminaron también las comidas con la abuela. Y las cenas de Navidad también con ella. Doña Mercedes Quesada murió. Evidente el dolor de su hijo. Ella, la enérgica, la cariñosa, la que nunca dejó de ver al ser humano, la que tanto se preocupaba por que no cambiara.

Vicente Fox y su familia. Fue feliz con la llegada de un nuevo integrante, su nieto. El 1 de septiembre de 2005, la última vez que pudo estar en la tribuna más alta de la nación para expresar su mensaje después de entregar su informe, en el atril, junto al texto, estaba una fotografía del chiquillo.

Casi mil 900 días. Con sus noches. Con las ausencias. Y las sombras, y los ecos. Y una mirada que ya no es la de antes. Tan lejos ya de aquella mañana, en la que una familia que se sentía feliz, que intentaba ser como todas, salió a dar un paseo dominical.



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