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Ya sólo son anécdota

Ni un día duró el silencio en el cabaret; es más, ni para peritajes o algún tipo de investigación alcanzó.La música regresó ya. Las ficheras , padrotes , los hombres alcoholizados, guardias, meseros y taxistas están de nuevo en el lugar
Lunes 11 de septiembre de 2006 Francisco Gómez | El Universal

URUAPAN, Mich.- Hace apenas unas horas cinco cabezas humanas reposaban macabramente sobre la pista de baile del cabaret Sol y Sombra de esta localidad. Se creyó que nadie volvería ahí, por lo menos en un buen tiempo. Pero ni un día duró el silencio, es más, ni para peritajes o algún tipo de investigación alcanzó. La música regresó ya. Las ficheras, padrotes , los hombres alcoholizados, guardias, meseros y taxistas están de nuevo en sus puestos.

Aquí, en el Sol y Sombra ya sólo es anécdota la irrupción del comando armado que decapitó a esos hombres y paró momentáneamente, el miércoles pasado, la música, la ficha y el consumo de ríos de cerveza. Nadie habla de lo insólito de la violencia, aunque nadie tampoco conocía de esa furia del narcotráfico. Más bien se sorprenden de la osadía que tuvo el grupo criminal para ir hasta ese sitio, tirar las cabezas de sus víctimas y desafiante mostrarse en público en una de las ciudades más importantes del estado de Michoacán.

Salieron despavoridos

"Todos nos quedamos congelados, se veían bien cabrones", asegura uno de los meseros que en su anaranjada y descolorida playera con el logo del cabaret lleva bordado un nombre, el de Antonio. La puerta era chica, recuerda casi sonriendo, para toda la raza que salió despavorida. Hasta chocaron varios coches al salir del estacionamiento, muchos en la corredera dejaron gorras, sombreros y suéteres tirados.

Aunque en esta ocasión la noche es mala, pues el cabaret se encuentra a una cuarta parte de su capacidad, los músicos no paran. Colocados al nivel de la pista, en una especie de corral con alfombra roja, los dos grupos que tocan desafinadamente pasan con una versatilidad que atemoriza de canciones románticas a corridos en honor de narcos o de ejecutados. Por entre las mesas de plástico, va un hombre con las listas de las canciones y haciendo hasta bromas: "Cuántos tacos de cabeza", dice carcajeando y enseguida corrige: "No es cierto, jefe, cuál le tocamos".

Cualquiera que pretenda cumplir aquí con sus gustos musicales deberá pagar 25 pesos por pieza y el grupo tocará la melodía seleccionada y la dedicará al amigo o la mujer con la que uno se hace acompañar en la mesa o en la pista de baile. Hay en la lista además de salsas, cumbias y baladas, corridos que hablan de las andanzas de capos del narcotráfico de los cárteles del Golfo y del Milenio, que aquí en Michoacán se encuentran en guerra y han provocado casos como el de las decapitaciones de hombres y mujeres.

-Esto es así, si este lugar no trabajano comemos muchos que aquí estamos -justifica sin miramientos Maricela, una mujer acapulqueña de vientre abultado, quien junto con las casi 20 mujeres fichan -bailan- con cualquier hombre a cambio de 10 pesos la pieza y por 25 más consumen una cerveza en la mesa de los clientes. Ella, presume, lleva ya 22 cervezas consumidas esta noche, y cree que con el paso de los días todo quedará en el olvido. "Así es siempre", pronostica.

Al fondo del cabaret hay un mural que retrata una escena idílica: mujeres bailando en un paraíso tropical al son de los bongós, pero Maricela y sus compañeras se encargan de situar a cualquiera en la realidad michoacana. A todas ellas, revela, se les avisó que deberían ir a trabajar al día siguiente de que aparecieron en periódicos, televisoras y agencias noticiosas nacionales y extranjeras, las fotos con las cabezas humanas sobre la pista de baile de este ya famoso lugar.

Junto con Ingrid, su amiga y comadre, Maricela adopta un aire de desconfianza cuando se le pregunta si ella estuvo el día que dejaron las cinco cabezas humanas en la pista del Sol y Sombra. No, asegura, nosotras descansamos. Y después se para y desaparece, se pierde. Mientras, un hombre y una mujer entran a la pista de baile haciendo eses y tan abrazados bailan quebradita que parecen un solo cuerpo.

Lejos, muy lejos de este mundo nocturno, queda la visión de uno de los primeros policías que llegaron al cabaret al recibir la alerta de que un comando armado dejó las cinco cabezas humanas sobre la pista de baile del cabaret Sol y Sombra. A él no se le olvidan los cuatro disparos -aún permanecen en el techo del centro nocturno- que hizo el grupo criminal ni la impresión que se llevó al observar la escena.

-Cuando llegamos, serían apenas unos tres o cuatro minutos después de que nos avisaron por radio, todavía iban corriendo algunos por la avenida Benito Juárez, algunas de las muchachas del lugar iban con sus minifaldas -dice el policía Roberto Estrada, quien con su pareja fueron los primeros oficiales en entrar y observar las cabezas humanas tiradas sobre la pista. "Primero no vimos nada, no sabíamos que se trataba de cabezas humanas, porque nos reportaron que había una balacera", agrega.

Situado sobre una pendiente, el cabaret Sol y Sombra tiene desniveles que hacen que al entrar uno tenga que subir al menos unos seis escalones para llegar a las mesas y la pista de baile. Así, luego de trepar los escalones, los policías ministeriales pudieron contemplar frente a sí las cinco cabezas de los decapitados. Ya no había una sola persona en el lugar, sólo ellos dos. Y el silencio. El impacto les secó la boca y de una cubeta con cervezas tomaron dos, las destaparon y bebieron.

Al principio ni se acercaron. Pero los minutos pasaban y su gente no llegaba. Decidieron observar de cerca y se percataron que los restos fueron llevados en una bolsa negra de plástico, que abrieron y de la que salieron una a una las cabezas de los cinco hombres decapitados. Después, miraron el recado dejado por el comando armado: "La familia no mata por paga. No mata mujeres, no mata inocentes, se muere quien debe morir, sépanlo toda la gente, esto es justicia divina", líneas en las que se debe encontrar, dicen los policías ministeriales, la explicación de la decapitación múltiple que estremeció e hizo parar, aunque sea por unas horas, la música en el cabaret Sol y Sombra.



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