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Reportaje... Las mujeres del narco

JUAN VELEDÍAZ| El Universal
Lunes 04 de septiembre de 2006
Algunas no sólo son compañeras sentimentales de ´capos´; también controlan el tráfico de drogas. La creciente participación femenina, por la "independencia de la mujer", declara una de ellas, aunque la mayoría lo hace por necesidad

CULIACÁN, Sin.- Su leyenda comenzó aquel miércoles 21 de septiembre de 2005. Ese día Renata Loaiza Espinoza, una mujer sinaloense de 30 años de edad, cabello rizado, morena y un rostro con facciones delicadas, iba al frente de un comando de cinco sicarios a bordo de dos vehículos, con quienes se apostó sobre la avenida Insurgentes en el centro de esta ciudad. Estaban a la espera del paso de un convoy de agentes de la Dirección General de Reclusorios quienes trasladaban un reo para una audiencia en el Juzgado Tercero de Distrito.

Se trataba de Israel Flores Pasos, apodado El Gringo, jefe de la principal banda de narcomenudistas que controlaba el mercado en la capital del estado y poblados cercanos, quien había sido detenido en mayo de ese año acusado de tráfico y venta de droga y por la ejecución de al menos siete personas. Cuando los vehículos pasaron frente a las dos camionetas en las que Renata aguardaba junto a los sicarios, los interceptaron e intentaron someterlos. No hubo pauta: los disparos y el nivel de reacción en número favorecieron a los agentes de seguridad, quienes los controlaron en poco tiempo. La sorpresa fue mayor para los guardias cuando vieron que quien iba al frente era la mujer de El Gringo, ese individuo de quien se decía que era uno de los pistoleros a los que comenzaban a ver con buenos ojos los hombres de más confianza de Ismael El Mayo Zambada; su personalidad -arrojada y sanguinaria- había hecho que se le encomendaran otras tareas para quizá convertirlo en uno de los jefes del cártel de Sinaloa en la zona centro de la entidad.

Renata había contado a su amiga María del Refugio Zamudio, quien la acompañaba ese día y quedó detenida, que eran cuatro meses los que Israel vivía en constante peligro dentro del penal. A su marido, decía, se la tenían sentenciada. La operación era por la "luz verde" que había recibido para rescatarlo: tenían los datos de la ruta que seguirían, el número de custodios, el tipo de vehículo y todo era cuestión de suerte. Pero la estrategia falló.

Este episodio no habría trascendido más allá de la que un grupo de narcomenudistas protagonizó en calles de Culiacán si no hubiera sido porque a los pocos días se demostró que Renata tenía "protección en las altas esferas". Los cargos que le fincaron -tentativa de evasión de reos y portación de arma- no eran considerados graves, no hubo orden de aprehensión y se desvaneció el auto de prisión; en pocos días un juez la dejó en libertad.

Pero sus temores se materializaron a principios de noviembre cuando El Gringo fue asesinado a puñaladas por una turba de 20 reos en el interior del penal al regresar del área de locutorios. A partir de ese momento, Renata comenzó a tejer su propia historia. En febrero la detuvieron con 40 gramos de cocaína en el estacionamiento de un centro comercial y a los pocos días fue puesta en libertad pues Gabriela Cháidez, quien iba con ella, asumió la propiedad de la droga. En marzo hizo su última aparición pública cuando presuntamente fue utilizada como anzuelo para recapturar a Eduardo Granados Palma, un reo fugado del penal de la ciudad, quien estaba enamorada de ella. Desde entonces Renata salió de escena.

Antes de ella la mujer que había acaparado la atención de los medios fue Sandra Ávila Beltrán, bautizada por la prensa en 2002 como La Reina del Pacífico. Esta mujer -al igual que Renata, de una belleza física excepcional- fue identificada por la DEA y la PGR como miembro de una de las familias más añejas dedicadas al narco: su madre, María Luisa Beltrán Félix, es prima del capo Miguel Ángel Félix Gallardo.

A Sandra, de 42 años y oriunda de Baja California, se le relacionó sentimentalmente con Gonzalo Chano Araujo, quien controla Nayarit para el grupo de El Mayo Zambada. En su lista de conquistas, las autoridades informaron que tuvo relaciones con el propio Zambada, con Ignacio Nacho Coronel, el colombiano Juan Diego Espinosa Ramírez El Tigre, y en los últimos meses con José Gil, lugarteniente de los Carrillo Fuentes. Es parte de la llamada Federación y cuenta con el apoyo de sus integrantes: El Mayo, Joaquín El Chapo Guzmán, Juan José Esparragoza El Azul y los Beltrán Leyva.

Sin glamur

Había conocido esposas de algunos capos pero no mujeres que controlaran el tráfico. Cuando Sandra Luz Moreno cuenta su paso como traficante en Sinaloa, dice que sólo fue una vez cuando la contactaron para que de Guadalajara a Tijuana transportara en un auto poco más de 32 kilos de coca. Fue hace siete años; la detuvieron en un puesto de revisión en Mazatlán y ya con eso tuvo.

Ahora, recluida en el penal de Culiacán, jefa de internas por su autoridad y buen comportamiento, esta mujer de 44 años dice que la presencia femenina en el narco ha crecido -cada semana el número de ingresos en este lugar es mayoría por venta y tráfico- y eso se debe, dice, "más que nada la independencia de la mujer, el trato que le da muchas veces el hombre, entonces la mujer quiere independizarse quiere ser igual o mas que el hombre".

Pero hay un factor que Sandra reconoce y en el cual se incluye: las mujeres detenidas por estos delitos lo hacen sobre todo por necesidad.

Quien le da la razón a sus palabras es una mujer de 73 años, de tez blanca y de ojos azules, se llama Pascuala Carrillo y fue detenida en Los Mochis cuando llevaba de Culiacán a Tijuana poco menos de medio kilo de heroína. "Una perillita", dice cuando cierra sus dedos para ilustrar la cantidad.

"Pascualita", como la llaman las internas, es la mujer de mayor edad en el penal. No es la primera vez que está recluida; hace unos años la detuvieron cuando transportaba varios kilos de mariguana. En esa ocasión, como en esta -asegura-, lo hizo por necesidad. "No tenía yo para vivir, no tengo esposo y todos mis hijos están casados, me ofrecían una feriecilla para que me fuera, y yo pues se me hizo fácil y pues aquí estoy todavía; me sentenciaron a 10 años".

La historia de "Pascualita" no es única. Según informes de la Unidad de Fuerzas Especiales (UFE) de la Procuraduría del estado, 50% de los 205 detenidos hasta julio de 2006 por narcomenudeo son mayores de 50 años, de ellos 18% son mujeres. Y hay de todo, como el caso de María de la Luz Rodríguez, de 60 años, detenida hace un mes con 18 dosis de cristal en un operativo en la colonia Lázaro Cárdenas de esta ciudad.

El fenómeno de la mayor participación de la mujer en el narco es algo que no queda muy claro todavía, considera María del Rosario Flores, titular del Cepavi (Centro Estatal para la Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar). Esto al menos en lo que respecta a los homicidios violentos, 22 en lo que va de este año por 44 del pasado, "no hay un factor; son diversos, las edades son desde muy jovencitas hasta viudas. Muchas de ellas se les ha involucrado o se les ha querido involucrar pero tampoco en muchos casos queda claro", dice.

Lo que es evidente es que la mujer tiene un temple más fuerte, no se inhiben, muestran más seguridad y cuesta mucho trabajo saber cuándo son las que están al frente, concluye "Apolo", como se conoce e identifica el comandante de la UFE.



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