![]() |
![]() |
![]() |
| |||||||||||
Lucio estaba asustado con su repentina fama
Francisco Gómez y Arturo Soriano Al son del Corrido de Nayarit, El Ausente, y el Corrido de Mazatlán, Lucio fue recibido en punto de las 13:41 horas en el aeropuerto de Tepic. Sus familiares, amigos y todos los demás fueron vestidos con sus mejores galas. Festejaron como se celebra en todo México, con una fiesta a morir. Todos querían tocarlo, pero él sólo miraba de un lado a otro sin dar crédito. Es su carácter, diría su madre, Noemí Becerra. Ni el sacerdote de San Blas, Pedro Fránquez Márquez, se escapó de festejar. Con voz de trueno, gritaba una y otra vez desde el púlpito: "Viva Lucio, viva San Blas", "viva el presidente municipal, viva la Biblia". Colmada hasta el último rincón, la iglesia de este puerto fue escenario de la lucha de periodistas nacionales y extranjeros por tener la mejor declaración de Lucio. Pero éste a todo respondía con monosílabos. Mientras el padre a gritos decía que "el altar es sagrado" y pedía su desalojo, las mujeres del coro entonaban un cántico ininteligible y cinco niños con largos candelabros, incienso y sosteniendo una Biblia en lo alto, se abrían paso entre la multitud. Lucio fue colocado en una silla, a la derecha del altar. Atrás de él estaban sus padres, Lucio Rendón y Noemí Becerra. Desde ese sitio escucharon la misa. Y por si alguien tenía dudas de la odisea de Lucio, el sacerdote Pedro Fránquez Márquez se encargó de disiparlas y aclarar todo. "Aunque muchos incrédulos, muchos hermanos tienen dudas de este suceso (el naufragio) hay que recordarles que para Dios todo es posible, porque él tiene poderes sobre la naturaleza y sobre la mar. La Divina Providencia los salvó". Pero ni aún así desapareció del rostro de Lucio la tensión que se advertía desde el momento en que abordó el camión en el que viajó de Tepic hasta San Blas y que proporcionó el gobernador Ney González. Al aeropuerto, lo mismo que a la fiesta, llegaron todos, nadie se la quería perder. Cientos de curiosos gritaron vivas y hubo de todo, como el que la abuelita de Lucio, doña Panchita, de la emoción casi enferma. Pero ella, como los más de 600 invitados, comieron los nueve chivos en barbacoa, la cerveza y bailaron con la banda. San Blas tiene desde hoy un héroe. Lucio, un pescador de 27 años que nunca se imaginó estar en esa categoría ni un recibimiento apoteósico.
|
|
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio © 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V. | ||