aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




?Tacha?, la droga de la falsa felicidad

Se cree que no hace daño, pero es un estupefaciente altamente adictivo que va ganando terreno entre los jóvenes de manera preocupante; con cinco sesiones se vuelve imprescindible
Domingo 20 de agosto de 2006 CINTHYA SÁNCHEZ | El Universal

La música sale del tornamesas del DJ. Es la una de la mañana y el mejor DJ del cartel tocará a las cuatro; mientras, es hora de bailar y brincar. Lo propio es levantar el brazo, cerrar el puño y moverlo hacia delante y hacia atrás, mover la cabeza de un lado a otro, mirar las luces, sonreírle a los amigos, tomar agua y esperar a que te explote. ¿Cómo vas? ¿Cómo andas? ¿Ya te pegó? Comenzarán a apretar los dientes, a sonreír de más; son los intérpretes de una felicidad desbordante, desencajan la mandíbula y bailan y bailan y bailan. Abrazan a sus amigos y hacen pausas interminables cuando lo hacen. Durante la noche les salen de manera natural los ?te quiero?, pero no de borracho mal entonado. Se trata de los bien tacha, apodo que distingue a quienes gustan de consumir MDMA, una metanfetamina conocida como droga de diseño. Los tachas siempre estarán tomando agua y sudando aunque el rave sea en el Desierto de los Leones. Cuando les preguntas qué se siente, la mayoría contestará: felicidad; como Paco de 24 años, que lo define así: ?Se siente éxtasis?. ¿Y cuando se pasa el efecto? ?Unas ganas incontenibles de llorar y dolor muscular por haber bailado toda la noche?, dice. El cuadro de felicidad, la percepción de colores nítidos, el placer de sentirse sin dolor, sin hambre, sin frío y sin problemas, la sensibilidad en el tacto y la energía provocados por la liberación de dopamina y noradrenalina desaparecen a las cuatro horas de haber ingerido la pastilla. Después viene el síntoma postacha: una depresión profunda y una tristeza inexplicable. De la felicidad a la depresión Quienes la consumen aseguran que el sentimiento es normal pues ?nadie puede no extrañar o desear volver al paraíso que ha experimentado temporalmente. No es fácil dejar la gloria, la paz o el éxtasis conseguido?, pero la realidad es que la tristeza se explica porque las tachas son altamente adictivas. Bastan cinco sesiones de tacha para que quien las consume genere adicción por la sustancia, asegura el doctor Víctor Manuel Guisa, director general de los Centros de Integración Juvenil de la Secretaría de Salud. ?Las tachas dejan secuelas dentro de las células del sistema central nervioso que obliga a quienes la consumen a volver a usar la droga. Cuando se va el efecto éxtasis, sucede todo lo contrario, pues experimentan un malestar general y una necesidad de obtener de nuevo el placer experimentado; es ahí donde comienza la adicción?. El grave problema, dice, es que el cuerpo genera una resistencia a la sustancia y los efectos de la segunda, tercera, cuarta y más tachas nunca serán los experimentados en la primera, por lo que consumir más tachas para lograr el éxtasis será inútil pues se gasta dinero, expectativas y se daña gravemente la salud. Teoría que apoya Karina Malpica, investigadora y autora de la página web Las Drogas tal Cual visitada por más de medio millón de personas, quien advierte que dosis mayores pueden activar la neurotoxicidad. Lo explica así: ?Si después de dos horas de consumir una dosis, se experimenta el impulso de consumir una segunda pastilla. Esto significa que los efectos que esta sustancia provoca en el organismo están ya disminuidos y pronto serán nulos, por lo que ni la segunda, tercera, sexta, séptima o décima dosis servirán; serán simplemente un peligroso desperdicio pues el cerebro desarrolla una alta tolerancia y hacen que los efectos de una dosis en tu cuerpo sean más ligeros que una taza de café?. La transformación Se cree que es la droga del amor, de la amistad y del recreo. Hay una falsa idea de que no hace daño e incluso ignorancia pues algunos hasta aseguran que hay que combinarla con cerveza o mariguana para obtener un mejor efecto, a pesar de que estas dos sustancias son depresoras y al combinarlas con un acelerador como lo es la tacha pueden provocar fenómenos de alta tensión arterial, taquicardia y delirio de persecución, explica el especialista. Una vez que una tacha entra al cuerpo tarda 30 minutos en concentrarse en el sistema central nervioso. Una vez ahí comienza a estimular el circuito del placer, de recompensa, del sueño, del hambre. ?Todo el cuerpo empieza a estar sobreestimulado y los sentidos que más se agudizan son el tacto y el oído?. Provoca una temperatura corporal de hasta 40 grados, aunque los consumidores no lo notan, pues se trata de la popularizada temperatura por dentro (hipertemia). Se manifiesta una euforia desmedida y alteración en la frecuenta cardiaca; puede producir ideas de persecución e incluso bajar el apetito. Un pequeño porcentaje de personas presentan turbación, ansiedad o tensión. Algunas más pueden experimentar náuseas, contracción en las mandíbulas o dolor de cabeza. En el mercado negro se comercializan en cápsulas y pastillas que pueden ser de cualquier forma, tamaño y color, y pueden tener distintos grabados. Se dice que son drogas ?recreativas? porque se usan en los antros o fiestas raves. Se han vuelto atractivas pues aunque no se combinan con alcohol, es el plus que los jóvenes han encontrado para así no levantar sospechas con los padres, además de que se transportan fácilmente. Víctor Guisa explica que anualmente en los Centros de Integración Juvenil se atienden 70 mil personas entre adictos y familiares. ?En nuestra experiencia sabemos que los adictos a las drogas nunca le son fieles a una sola; prueba de ello es que 70% de los que usan tachas han fumado mariguana?. Esta droga que se había considerado como la que daba entrada a otras sustancias, aunque hoy se sabe que el tabaco es la droga que permite que una persona sea susceptible de consumir otras, tanto que un adolescente que fuma tiene 13 veces más posibilidades de usar una droga ilegal que el que no fuma. ?Hasta hace unos cinco años teníamos 11 hombres por una mujer en drogas ilegales, y actualmente, una mujer por cada cuatro hombres?. Iridia es una de ellas; tiene 17 años, se considera experta en todas las drogas y traduce su adicción como costumbre. Ella ya no es drogadicta de fin de semana, ya tiene en su clóset una buena dotación de dulces, como los llama, que utiliza para desarrollar sus actividades diarias. Para ir a la escuela y lograr concentrarse se fuma un cigarro de mariguana. En las tardes para que no le entre la angustia se toma un chocho ?así apoda al Rohypnol (metanfetamina), y los fines de semana para sentirse aceptada y disfrutar la fiesta le entra a las tachas. Ha sido adicta seis años, de los cuales ha estado en su juicio dos días. Cada ocho días hace su súper en Tepito; su lista siempre contiene lo mismo: tachas, mariguana y Rohypnol. Gasta 250 pesos en la compra y asegura ser una experta de los mejores laboratorios. ?Ya sé cuándo no me están vendiendo tachas sino otra madre porque no me pone igual?. Asiste a terapia en el Centro de Integración Juvenil de Iztapalapa desde hace dos meses. Antes de esta intervención estuvo internada en una casa cristiana por una sobredosis de floripondio. Sus médicos aseguran que está en una adicción profunda de metanfetaminas, como 15% de los jóvenes que llega a pedir ayuda a estos centros. Las tachas las ocupa como mera recreación. Sin ellas es incapaz de sonreír o sentirse feliz pues también sufre de depresión severa. ?No me siento aceptada y las tachas me hacen sentir que quiero a toda la gente con la que estoy y que ellos me quieren?. No son un alcaloide que se pueda aislar directamente de una planta; todos se obtienen a través de procesos químicos de mayor o menor complejidad. Están vinculadas con la llamada ?escena rave? de los 90 y su consumo tiende a crecer día con día. Es una droga de bajo consumo pero con tendencias altas de crecimiento, por lo que en los últimos cinco años ha ido ganando terreno frente a la cocaína, sobre todo en jóvenes entre los 16 y los 24 años.



 

PUBLICIDAD