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Retorno a calles de la ira

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Fidel Samaniego
El Universal
Miércoles 16 de agosto de 2006

Retornaron. Después del frustrado intento de instalarse en plantón ante el Palacio Legislativo de San Lázaro, y luego del enfrentamiento con elementos de la fuerza pública federal, otra vez ocuparon el que desde hace más de dos semanas es su territorio, tres cuadras, desde el zócalo a Motolinía, sobre la avenida Madero.

Y ahí estaban nuevamente. Algunos con actitudes de héroes caídos. Había quienes mostraban las huellas del combate. "¡De la represión!" corregían de inmediato. Nadie aceptaba que ellos también golpearon.

El ambiente estaba cargado. La tensión flotaba en el aire húmedo. Los rostros eran serios. Las miradas recelosas. No se escuchaban las expresiones festivas o irónicas de antes del lunes.

Así, ayer, al iniciar la tarde, eran esas las calles de la ira: "¡Ya estuvo bien! No podemos seguir así. ¡Tenemos que tomar medidas más radicales, nada de que ya se quieran largar a su casa. No podemos permitir que haya gente que diga que ya ni modo, que ya nos fregaron y Felipe será el presidente! Y quiero ver cómo le van a hacer para que pase su desfile o Fox dé su grito el 15 de septiembre" exclamaba una mujer. Gorda, enérgica, cada vez, palabra a palabra, más exaltada.

La escuchaba primero un hombre que vendía cartelones con imágenes que ridiculizan a Felipe Calderón, a Vicente Fox y a Luis Carlos Ugalde. Después, más personas formaban el corrillo. Entre ellas, una señora mayor, quien sorpresivamente la interrumpía:

-¿Y por qué no dice que lo que quieren ustedes es provocar un desorden mayor? ¡No se vale! ¿Quién les dio el derecho de apropiarse de Reforma, y del Centro? ¿Qué nosotros no somos pueblo o no estamos jodidos, y por qué a fuerza tenemos que pensar como ustedes?

-¿Por quién votó usted? ¡Diga la verdad, que usted está con esos de la derecha! -le respondía la robusta joven.

-¡La verdad es que todos ustedes son unos fanáticos arbitrarios y el que los manda está loco! -gritó la señora, dio la media vuelta, se marchó, empujó al cronista cuando éste se le acercó para hablar con ella. "¡Ustedes nunca dicen la verdad, hacen lo que les dice López Obrador!", dijo.

La ira en las calles. La rubicunda muchacha no paraba de hablar. Insistía: "¡Son una bola de agachones, a ver si después de la madriza de ayer no viene otra, y nos quedamos con los brazos cruzados!" Enojadísima se dirigía al reportero: "¡Y usted váyase mucho a la fregada, también la prensa está contra nosotros, le hacen el juego a Calderón, bola de espurios!".

Retornaron. Ahí estaban otra vez. Ahí la chica que enseñaba a unos niños a hacer figuras con papel crepé. Y platicaba: "A la compañera Dolores la golpearon, la arrastraron".

Y la que decía que un día va de guardia al plantón y otro a vender a su puesto en El Carmen.

Y Francisco Atayde, quien contaba que él fue de los que empujaron las rejas de metal contra los policías en San Lázaro y mostraba los dedos y los brazos hinchados por los golpes de tolete.

"Y eso que pasó no fue nada, falta el día primero, y el 15, y el 16... ¡y lo que venga, como venga!", agregaba.

Y el ambiente seguía cargado en esas, las calles de la ira...

 
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