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Desconcierto en la ciudadela amarilla

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Fidel Samaniego
El Universal
Martes 15 de agosto de 2006

Entraron a la ciudadela amarilla sin permiso, sin que nadie les detuviera. Eran el desconcierto, el nerviosismo, la incertidumbre. Se metieron en las tiendas y casas de campaña instaladas en la gran plancha. Y de inmediato provocaron diversas reacciones:

"¿Qué, ya va a haber retirada? ¿Qué está pasando? ¡Que pasa chingao, todos se fueron!", expresaba un joven. Sudaba. Soltaba una pregunta tras otra al hombre mayor que lo escuchaba en la esquina de Francisco I. Madero e Isabel la Católica.

"¡Dicen que va a entrar el Ejército a desalojarnos del zócalo!", gritaba el muchacho, que unos minutos antes salió corriendo de una de las carpas en la plaza de la Constitución y recorrió las tres cuadras sobre Madero sin encontrar a nadie. Quienes habían permanecido en plantón ahí desde 15 días atrás, se habían marchado.

En esos momentos, tres minutos antes de la una de la tarde, dos soldados, uniformados, caminaban dentro del campamento principal, en el zócalo. Iban uno al lado del otro. A su paso levantaban expresiones de preocupación de los seguidores de López Obrador. "¿Cómo se metieron? ¿Quién los dejó entrar? ¿A qué vienen?". Las interrogantes volaban. Los militares no se detenían. No respondían. Un tipo se les acercaba peligrosamente por la espalda, parecía tener intenciones de agredirlos. Alguien de sus compañeros lo detuvo.

Los soldados continuaron su marcha. Pasaron cerca del templete desde el cual dirige sus mensajes López Obrador. Dieron vuelta a la derecha, salieron de esa ciudadela, atravesaron la calle y se metieron a Palacio Nacional por una puerta lateral.

"¿Qué va a pasar? ¿Ya hay retirada?", insistía el joven lopezobradorista hasta que el tipo que loescuchaba le respondía: "Nos vamos a San Lázaro a instalar otro plantón".

Tres cuadras. Ninguna casa de campaña en ellas. Tampoco estaban las casas en las cuales durante los días anteriores, colaboradoras de la diputada Dolores Padierna recogían firmas y números de teléfonos de quienes quisieran unirse a la causa, y vendían a cinco pesos listones tricolores. La desaparición de losmanifestantes preocupaba también a una mujer policía que llegó allí en su motocicleta de cuatro ruedas. "¿No sabe a dónde se fueron los compañeros?", preguntaba al cronista. Agregaba: "Nadie sabe nada de ellos". Se acercaba otra señora de la misma corporación policiaca, le decía a su compañera: "Se marcharon desde las nueve de la mañana a la Cámara de Diputados".

Tres cuadras. En unos minutos se llenaron de gente. Hombres, mujeres y niños que ayer acudieron al Centro de compras. Algunos ambulantes intentaron instalarse en los espacios vacíos. De inmediato fueron retirados por uniformados.

Después del cruce de Madero con Motolinía, sobre la primera calle continuaba la actividad de la llamada resistencia pacífica. Una cultora de belleza cortaba el cabello a un niño, le ponía gel de la coronilla para que le quedaran los cabellos parados. Esperaban varios clientes más. La oferta era, según anunciaba un cartelón: "Gratis look a la Andrés Manuel".

En avenida Juárez se mantenía el plantón. Había quienes, integrantes de la Asamblea de Barrios, jugaban dominó, ajedrez, barajas. Otros veían películas en DVD en el interior de sus tiendas de campaña.

Mientras tanto, en otra carpa, atrás del templete principal en el Zócalo, Andrés Manuel López Obrador se reunía con Jesús Ortega. Cuando salió del encuentro, Ortega dijo al reportero en referencia a su líder: "Está muy bien, tranquilo, seguro, decidido".

Posteriormente, Ortega se retiró del campamento. Iba muy serio. Recibía un reporte por teléfono de lo que ocurría en San Lázaro. En la ciudadela amarilla permanecían aún los visitantes incómodos, intranquilidad, nerviosismo, incertidumbre.

 
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