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Un polvorín a punto de estallar

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Francisco Reséndiz
El Universal
Lunes 07 de agosto de 2006

Al borde de la crispación miles responden las arengas de Dante Delgado, Guadalupe Acosta y Alberto Anaya con un "voto por voto, casilla por casilla". Andrés Manuel López Obrador los ve, sumergido en sus pensamientos.

"Contigo hasta la muerte", le gritan y él reacciona con el puño izquierdo en alto. Cerca están Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Arturo Núñez, Alberto Anaya, Dante Delgado, Amalia García, Elena Poniatowska, Bernardo Bátiz, Martí Batres, Jesús Ortega, Graco Ramírez, algunos con cara de fastidio.

Ayer, en medio de la cuarta asamblea informativa masiva de la coalición Por el Bien de Todos, se vivieron contrastes. Mientras miles esperaron horas a su candidato, rodeados de guaruras gobernantes electos llegaban al zócalo, se daban agresiones a periodistas y se contenía a cientos que querían apoyar.

Así pues, aunque amaneció soleado, la negativa del tribunal electoral al recuento total de la elección presidencial mermó el ánimo de unos y exasperó el de otros que cualquier provocación desataba la ira.

A las 11:45 López Obrador salió de su tienda. Con pantalón y camisa caqui y chamarra café caminó solo. Apresurados en un instante lo alcanzaron Ricardo Monreal, Alberto Anaya, Dante Delgado y Marcelo Ebrard. Abandonaron el campamento y fueron a levantar el ánimo... pasaron entre mantas y carteles con que denostaban a sus oponentes.

El reportero Heliodoro Cárdenas corrió tras el candidato y fue sometido y registado por el cuerpo de seguridad. El equipo de comunicación de la coalición se acercó a matizar el incidente. Minutos antes la reportera Verónica Rangel había recibido golpes e insultos de simpatizantes.

Para ese momento, cuando el candidato caminaba entre sus seguidores, la tensión en el zócalo era absoluta. El lugar se había convertido en un polvorín y una excusa era suficiente para reventar en insultos y golpes.

Y no dejaban que todos se acercaran a López Obrador. La logística detuvo a muchos que querían verlo cerca y luego, con tres cordones de seguridad, a decenas que pretendieron entrar al zócalo. Al final nadie pudo acercarse a menos de 30 metros del perredista.

En tanto Bernardo Bátiz había llegado... Martí Batres y Agustín Guerrero se rezagaron repartiendo besos y abrazos. César Yáñez, el vocero del candidato presidencial, se veía nervioso y caminaba de un lado a otro... nadie sabía de Leonel Cota o Porfirio Muñoz Ledo.

Contrastes: cientos llegaron al zócalo desde la madrugada, aguardaron horas e hicieron filas que no los llevaron a ninguna parte... se quedaron sobre la primera valla; en cambio, Ebrard y su esposa Mariagna pasaron sin problemas a bordo de dos motocicletas con chofer y escolta.

López Obrador y su "cuarto de guerra" regresaron 40 minutos después a su campamento y subieron al templete. Ya arriba del templete el tabasqueño sacaba de la bolsa de su pantalón algo que llevaba a la boca. Mientras seguía un apoyo incontenible de la gente se veía el rostro adusto de Amalia García, los bostezos y el fastidio de Gerardo Fernández y Jesús Ortega y el entusiasmo de Rosario Ibarra y Elena Poniatowska.

Pero la gente seguía entregada. Se decía lista para "atender" lo que su candidato diga y con imágenes estilizadas del Papa, de Hitler, de Fox, Ugalde y Calderón tronaban contra los adversarios.

Sólo unos pocos se plantaron frente al templete, llegaron la noche anterior y tuvieron que compartir el pequeño espacio de 70 por 120 metros con los perredistas, petistas y convergentes que llegaron de provincia y ahí duermen desde hace ocho días.

Por las calles de Madero, 5 de Mayo, 16 de Septiembre, Tacuba, Pino Suárez y 20 de Noviembre se veía una ola amarilla que llegaba al zócalo entre puestos ambulantes que venden viandas, banderines y muñecos de su candidato presidencial.

Al paso por el campamento de Madero se ve a una solitaria Dolores Padierna. Pocos se le acercan. Muchos notan su presencia pero sólo la señalan con la mirada, con el dedo. Ella está de pie, lista para invitar a quien se acerque a sumarse al rechazo "al fraude electoral".

Por Pino Suárez aparece frente a Palacio un grupo de Tlane encabezado por un hombre con capucha, botas y capa doradas; en un instante advierten "Si no hay solución habrá revolución". Otros se suman: "Somos 600 de la primera oleada, estamos listos, usted manda señor Presidente"... Terminó la asamblea y hoy irán a Santa Ana y Eje 3. Al Tribunal.

 
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