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Matan el tiempo hasta que llegue la hora

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Jorge Octavio Ochoa
El Universal
Domingo 30 de julio de 2006

A 24 horas de la gran marcha, no hay nada que indique de dónde saldrán ese millón y medio o 2 millones de manifestantes anunciados para la concentración de hoy.

Nada parece alterar el ritmo de los capitalinos. No notan a esos que deambulan por los alrededores del Museo Nacional de Antropología, matando el tiempo, hasta que llegue la hora de la marcha y la concentración. Éstos no son ningunos improvisados en el terreno de las marchas y movilizaciones. Estuvieron en 1988, en las protestas por el fraude que culminó con la toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari.

En el rostro de ellos no hay encono ni odio. Una de "esos" es doña Blanca Espejel. Sólo muestra un leve dejo de tristeza porque "el ingeniero cada vez está más lejos", mientras que para Manuel Esteva Félix "¡como que a Cuauhtémoc nunca se le vio el ánimo que tiene éste!; siempre lo han convencido rápido, no se cómo ha sido líder moral del PRD", acota, irónico.

Vienen de Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca, y han desembolsado 16 mil pesos para la renta de dos autobuses en los que llegaron -esta mañana-, como lo hicieron también en las dos concentraciones pasadas. Dicen estar dispuestos a llegar "hasta donde Andrés Manuel ordene".

Don Manuel, al igual que Pedro Vázquez, Pedro Antonio Jiménez y la propia Blanca Espejel o Silvia López han participado ya desde hace años en otros movimientos como el de la Coordinadora Obrero Estudiantil del Istmo (Cocei), y han visto desaparecer organizaciones "por la traición" de dirigentes que "se han vendido".

Pero esta vez piensan que la lucha "va hasta el fondo", aunque "la prensa vendida" quiera hacer creer que Felipe Calderón ya ganó, dicen molestas ellas, mujeres sin tapujos. Más de 18 años de andanzas, desde antes de la fundación del PRD, y ahí están nuevamente, en una marcha más.

Ellos recuerdan la lucha de hace 30 años en el Istmo, son profesionales de los plantones y las marchas; reconocen que ahora "las cosas están medio difíciles porque el gobierno está haciendo lo del PRI: por medio de su poder está imponiendo a Calderón, pero la lucha la vamos a dar", advierten.

No dan resquicio para la duda ni para las suspicacias: "A nosotros no nos patrocina nadie. Sí somos perredistas, pero llegamos por nuestros propios medios. En dos autobuses. Cada autobús costó 8 mil pesos el viaje -con gasolina y casetas- y nos regresamos mañana en la noche". Son un pequeño grupo que deambula por la ciudad.

Hoy turistean por el Castillo de Chapultepec. Una joven que los acompaña porta una cámara de video y hace tomas a cuanto se cruza a su paso, mientras doña Blanca Espejel rememora aquel lejano 1988 e insiste en que Cuauhtémoc Cárdenas no es un verdadero luchador social; "ahora se le ve muy poca disposición".

 
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