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| Resistencia civil: de Gandhi a AMLO Los integrantes del ´Club de los Encuerados´ difieren sobre el sentido de las manifestaciones pacíficas de los perredistas. También diversas son las nuevas formas de seguir el llamado
FIDEL SAMANIEGO R. Son amigos desde hace más de 30 años. Forman el llamado "Club de los Encuerados". Temprano llegan al centro deportivo del que son socios. Algunos juegan frontón, otros bádminton. Después se meten al vapor; más tarde, cada quien a su regadera. Y mañana tras mañana, desnudos inician la charla. Poco a poco se visten mientras surgen las anécdotas, las bromas, los chistes y las discusiones. Posteriormente se van a la mesa de siempre a tomar café y a continuar con la tertulia. El jueves pasado, uno de ellos sacó de su locker una revista editada hace algunos años. En las páginas centrales, la fotografía de Andrés Manuel López Obrador, en su despacho, y detrás de él, la imagen de un grandioso personaje, uno de los que más admira y del que dice seguir sus enseñanzas. "¿Listos para ir el domingo al zócalo a apoyar a nuestro presidente Andrés Manuel?", expresó el anciano. Después bromeó: "¡Y hoy no comemos nada, nos declaramos en huelga de hambre por un día para apoyar la resistencia civil!". Otro de sus compañeros le respondió. Le dijo que le guste o no, López Obrador perdió, y que lo que quiere es presionar con sus movilizaciones de gente, para lograr que como en el caso del desafuero, se pueda salir con la suya, hacer lo que se le dé la gana. Se escucharon más voces. Parecía que la discusión sería como en otras ocasiones, con otros temas. Sin embargo, el hombre de la tercera edad, admirador de Andrés Manuel López Obrador, se enardeció. Aseguró que el 2 de julio hubo un fraude gigantesco. Puso como testigos de calidad a Carlos Monsiváis, Sergio Pitol y Elena Poniatowska. "¡Ellos exigen el voto por voto, y saben de qué hablan, son gente culta, no pendejos como ustedes!". Entonces sí, en los vestidores se cargó el ambiente. Hubo más gritos. El anciano parecía estar al borde del colapso, sudaba, apuntaba con el índice a sus compañeros; les decía fascistas, derechistas, neoliberales, hijos de Fox y de su... "¡Y hasta aquí llegamos, no quiero volver a hablar con ustedes!", exclamaba. Le respondía alguien con un recordatorio para su fallecida mamá. Otro más trató de controlarlos. Aquél se marchó furioso, tanto que en el banquillo dejó la revista abierta con la foto de Andrés Manuel López Obrador en su oficina, y tras él, la imagen de Mohandas Karamachand Gandhi, el Mahatma, Alma Grande. López Obrador y Gandhi. Efectivamente, el político tabasqueño ha manifestado varias veces su admiración por el enorme padre de la resistencia pacífica y la no violencia. El candidato de la alianza Por el Bien de Todos tiene otros héroes, Juárez, Villa. Pero para él, Gandhi tiene un lugar especial. Y conoce bien la biografía de Mahatma. Sabe bien que después de titularse como abogado, viviendo en Sudáfrica, Gandhi decidió no sólo ayudar a los pobres, sino vivir como ellos, y que de las 500 libras esterlinas que ganaba al mes, sólo se quedaba con una para cada día y el resto lo donaba para el Congreso Indio de Natil. Sin duda, López Obrador ha leído esa historia, la del movimiento pacífico al que llamó Gandhi y que consistía que si la policía detenía a los que lo seguían, éstos no oponían resistencia, y que si metían a la cárcel a decenas, cientos se presentaban para exigir que los apresaran. Y que ya en la India, cuando colaboradores suyos le preguntaron qué hacer ante un proyecto de ley de las autoridades británicas que proponía detener sin juicio a aquellos que consideraran rebeldes, el Mahatma respondió: "Vamos a aplicar la desobediencia civil pero en todo momento sin violencia". Y que cuando se aprobó tal iniciativa, convocó a un paro pacífico por 24 horas que paralizó al país entonces de 400 millones de habitantes. Una biografía apasionante. "Estoy dispuesto a rechazar todo lo que se consiga con mengua de la verdad; no hay más religión que la verdad", expresó alguna vez. Y en muchas ocasiones declaró que la no violencia es la mayor virtud y la cobardía el mayor vicio. Y que sentenció: "Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual estoy dispuesto a matar". Y que una de sus máximas era: "Ojo por ojo, hará que todo el mundo se quede ciego". Gandhi. El que un día a la semana permanecía en total silencio pues pensaba que eso le ayudaba a la paz interna, y que definía la resistencia como la postura que se opone o no cede al uso de la fuerza. El que encabezó una marcha de 400 kilómetros y con ella logró que se derogara un impuesto a la sal. El de las huelgas de hambre, de hasta 21 días. Andrés Manuel López Obrador, el que el pasado 16 de julio convocó a la resistencia civil. Desde entonces, en las diversas y muy peculiares formas de seguir ese llamado, se han utilizado desde pequeños pollos que soltaron en la explanada del IFE hasta una enorme urna construida en el zócalo de la ciudad de México. También hubo en esa plaza, el corazón del país, una función de lucha libre; el ganador fue el que traía la máscara de López Obrador. Y las manifestaciones con Jesusa Rodríguez y Regina Orozco al frente en un lujoso centro comercial, y con Elena Poniatowska en la toma simbólica de las oficinas de una institución bancaria. Y los ayunos de 24 horas frente al Tribunal Electoral, con María Rojo y Ernesto Gómez Cruz el primer día. Y la exposición bien montada, frases y pinturas en la avenida Juárez. Y el moño tricolor en la estatua de Benito Juárez. Y ese "Club de los Encuerados" ya no será el mismo, lamentan sus integrantes. Uno de ellos guardó la revista. Espera entregársela a su dueño y volver a estrechar sus manos. Pero...
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