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"El país vive un proceso electoral apasionado”

La ciudadanía ha transitado de la ilusión del cambio, la madrugada de la sospecha o la intriga, a sentimientos contenidos de alegría, arrebato de triunfos, ansiedad e incertidumbre, señalan expertos
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ALBERTO MORALES
El Universal
Domingo 30 de julio de 2006

El proceso electoral se vive "de manera apasionada". Ciertamente esto es "inédito" en nuestra historia moderna. La ciudadanía ha transitado por la "ilusión del cambio", la "madrugada de la sospecha", la "intriga", a la "memoria del 88", a sentimientos contenidos "de alegría" por un lado y de "arrebato del triunfo" por otro, señala el investigador Manuel González Navarro, de la división de Sicología Política de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y presidente de la Sociedad Mexicana de Sicología Social, A.C.

Y hoy en día, "la ansiedad y la incertidumbre se han hecho patente" en nuestra sociedad, apunta a su vez Liz Ibáñez, directora de Integra, Centro Especializado para la Ansiedad y la Depresión, y agrega: "Las marchas son un desfogue. A final de cuentas son una buena válvula de escape, porque a los enojados que asisten les da un contexto ideal para poder gritar, mostrar señas, máscaras, que les ayudan a sacar su enojo y la frustración de la incertidumbre por no saber quién es el ganador de las elecciones".

Los simpatizantes de Felipe Calderón, opina, no muestran alegría "porque en momentos de incertidumbre la alegría pudiera ser una agresión". Y por el lado de los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, "la gente no se siente derrotada, piensan que pueden ganar de una u otra manera".

Desde la perspectiva del maestro González Navarro, el proceso electoral de 2006 se vive de una manera apasionada "porque se desarrolló bajo el eje de un conflicto entre el Presidente de la República y el candidato de mayor preferencia electoral, Andrés Manuel López Obrador, que surgió como un fenómeno de alta expectativa por el cambio social". Dentro de ese eje, el proceso de desafuero contra el entonces jefe de Gobierno, marcó "la puntilla central" de éste.

El 2 de julio, siguió el investigador, fue la culminación de un largo proceso que podría ser analizado desde tres niveles:

"El primero, de 2000 a 2006, que comprendería todo el proceso político y de gestión de Fox.

"El segundo, de 2003 a 2006, donde hubo un reacomodo de fuerzas y se vio la vulnerabilidad y la crítica que le hizo la población a la gestión del Presidente de la República.

"Y el tercer proceso, que es fundamental, remite a 1988 y a Cuauhtémoc Cárdenas con el Frente Democrático Nacional. Este proceso fue recogido o heredado por la población que esperaba el cambio no sólo en el 2000 y en el 2006, sino desde 1988".

La participación de la ciudadanía, asevera, no emergió con López Obrador, sino antes: "Tomó forma con la idea del cambio con Vicente Fox hace seis años... Pero hubo otro cariz, apareció la figura de un opositor fuerte, con imagen de honesto y valiente, que pudo confrontarse con la figura de Fox".

Las elecciones, pues, llegan con esta carga histórica: ilusión, esperanza de cambio, y con esa carga crítica de los actores políticos referenciadas en dos grandes figuras: Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador.

-¿Y Felipe Calderón?

-La figura de Calderón fue subiendo de manera artificial en términos de que su presencia en medios de comunicación abrumó a la población, en la idea de que llegó de manera audaz y limpia. Pero es artificial. Calderón no es carismático, no es una alternativa ni la continuidad de Fox. Sin embargo, en siete meses levantó la misma fuerza que AMLO.

-¿Y eso cómo se explica?

-Estamos frente a un fenómeno del carisma frente al marketing.

Dudas, sospechas

Llegamos entonces a la noche del 2 de julio y resulta que el presidente del IFE no da un ganador. "Es la noche de la duda". Y después de la noche de la duda viene "la madrugada de la sospecha" por la forma en que se presentan los datos electorales. El IFE permitió que la memoria del fraude se levantara la mañana del lunes 3 -sostiene González Navarro-. Y entonces "de la sospecha se pasó a la intriga".

Aunque no se pueda todavía demostrar si hubo fraude o no, se escuchan los corrillos. Las conversaciones de la gente tienen un posicionamiento. Los que votaron por la coalición dicen: "Parece fraude"; los priístas "guardan silencio", y los panistas "hicieron un festejo pírrico" que hace dudar más a los panistas sobre lo que ocurrió el 2 de julio.

Los efectos sicológicos de estos sucesos, resume el investigador de UAM, "no son sólo un reflejo momentáneo del proceso electoral, sino que tienen una elaboración más construida por la carga simbólica de que parecía haberse superado la idea del fraude" y hoy hay dudas al respecto.

Y por último advierte: el sentimiento de despojo, de engaño, que pudiera tener en un momento la población "podría despertar no al México bronco, pero sí al México cansado que pierde la esperanza y el sentimiento de militancia".

La terapeuta Liz Ibáñez subraya por su parte que "venimos arrastrando muchas expectativas" por un cambio. El cambio que prometió Fox. Y esta contienda electoral generó además "expectativas individuales de cumplir metas personales". Generó ansiedad e incertidumbre que, a como está la situación hoy, no sólo se han hecho patentes sino se han agravado.

 
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