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La pelea por la minoría

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Fidel Samaniego R.
El Universal
Martes 25 de julio de 2006

Apenas terminó el conclave de quienes serán diputados por el PRI, sonó el celular de Héctor Hugo Olivares Ventura. "¿Ya supiste?", preguntó el que buscó ser coordinador de la representación de su partido en San Lázaro. Luego agregó: "Gamboa", y prometió a quien le hablaba: "Más tarde te platico todo".

Cuando cortó la comunicación, Olivares Ventura encendió un cigarrillo y dejó salir lentamente el humo. Entonces, el que fuera uno de los más cercanos a Roberto Madrazo en la reciente campaña, bromeó: "Este si es humo blanco, pero del bueno, porque contiene poca nicotina". La charla quedaría interrumpida para dejar lugar a los aplausos, los de él y todos los que estaban congregados en el salón, cuando Emilio Chuayffet anunciaba que el triunfador en la elección de coordinador era Emilio Gamboa Patrón.

Un conclave revolucionario e institucional. A puerta cerrada, los virtuales diputados se reunieron, discutieron y votaron. En una microversión de las prácticas vaticanas, el resultado, el número de sufragios para cada uno de los contendientes quedó en secreto, simplemente se dijo el nombre de uno de ellos.

Los priístas en su nueva condición. En sentido contrario a la frase de aquel viejo león inglés, en este caso, quedó claro que nunca tantos pelearon tanto por tan poco: coordinar al grupo parlamentario más raquítico en la historia de su partido: 103 diputados de los cuales apenas 61 lo serán por mayoría.

De hecho, en la sesión participaron 96 candidatos. Todos los que acudieron a la cita podían votar y ser votados. No hubo un registro formal de aspirantes y por lo mismo, tampoco declinaciones. Por tres votos de ventaja, la asamblea decidió que no hubiese participaciones de aquellos que buscaran la coordinación para exponer sus proyectos.

Y fue entonces cuando realmente se supo ya quién ganaría. "¡Ya me fregastes!", manifestó uno de los que aspiraban a Emilio Gamboa, quien simplemente sonrió, le dio una palmada y le invitó: "Vamos a trabajar juntos".

Casi 150 minutos antes Gamboa Patrón llegó a la sede priísta. Hablaba por teléfono. Comentaba con alguien que en el desayuno que había tenido más temprano, acudieron 38 futuros diputados. Luego confió al cronista de EL UNIVERSAL: "Creo que puedo ganar con 55 ó 60 votos". En el salón de usos múltiples ya estaba Héctor Hugo Olivares. Hablaba con compañeros suyos, del sector campesino. Luis Enrique Benítez, quien ganó la diputación por mayoría en Durango, continuaba con su labor proselitista. Repartió propaganda en la que exponía su trayectoria y sus propuestas. César Camacho y Mariano González dijeron al entrar que no participarían como candidatos. Carlos Armando Biebrich se envolvió en el silencio. José Murat y Samuel Palma manifestaron coincidentes: "Que sea lo que la mayoría decida".

Y se encerraron. Condujeron los trabajos Emilio Chuayffet, Humberto Lugo Gil y Beatriz Paredes. Ahí permanecieron, en un conclave de casi dos horas. En algún momento salió Ricardo Canavatti; expresó: "Las cosas van bien".

Desde una ventana indiscreta, se vería en los minutos siguientes a los que serán integrantes de esa disminuida fracción pasar al frente para depositar su voto en la urna.

Y al final, la proclamación. Y los gestos, los disfraces, a la altura de las circunstancias. Y el humo blanco del cigarro de quien perdió. Y los abrazos y las sonrisas para el que ganó. Y nunca antes tantos pelearon por tan poco...

 
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